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Crisis de legitimidad y educación

La educación ha sido uno de los campos que sin duda alguna se ha transformado durante los últimos 25 años. Pareciera ser que todos los países se alinean en búsqueda de una formación de calidad que significa el desarrollo de destrezas funcionales de comunicación, particularmente de la lectura y las capacidades matemáticas. A esto se agrega la adquisición de habilidades para el uso de las nuevas tecnologías y el desarrollo de comportamientos que garanticen el trabajo en equipo. El propósito primordial de la educación es la preparación para el mundo laboral y productivo.

En el pasado la formación en lectura y matemáticas fue esencial. Sin embargo, estaban supeditadas a la generación de condiciones para la construcción de Estados y sociedades democráticas y con perspectivas para el desarrollo, sobre la base de una formación integral en ciencias y humanidades. En la actualidad, las dinámicas en la mayoría de países están destinadas a recibir instrucción orientada al trabajo y sin la posibilidad de repensar, recrear y participar en sociedades cada vez más justas. Los centros de formación para la generación del conocimiento y la creación de las nuevas tecnologías son limitadas a una elite al servicio del mercado.

Por tanto, la formación ciudadana se ha vaciado de contenido y se ha formalizado el aprendizaje en estándares equivalentes alrededor del mundo. Las necesidades específicas del guatemalteco, particularmente con relación a las diferencias culturales son irrelevantes en el mundo del mercado, salvo si se materializan en productos con éxito comercial. El derecho a la educación en realidad se ha constituido en la formación de individuos ajenos a sí mismos y a su entorno.

Aspectos tales como la autonomía, solidaridad, compasión, arte y humanidad están fuera de las prioridades en un mundo globalizado que solo privilegia el bienestar individual sin articular comunidades. La reflexión se convierte en un ejercicio que no sirve para nada. Al final de cuentas no hay posibilidad de articular proyectos alternativos. Lo que importa es alcanzar metas de crecimiento económico aunque con ello se destruya la comunidad y la propia naturaleza.

Quizás lo anterior explica el por qué somos indiferentes a la aspiración de plantear un proyecto autentico de educación pública, que busque la legitimidad en su articulación por la vía de la participación. Nuestras discusiones se centran en cómo debemos ser eficientes en una educación limitada para un grupo reducido de individuos fragmentados que tienen una formación carente de sentido social y político. Los efectos han sido una población al margen de la solución de los problemas nacionales y elites desinteresadas del bien común.

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