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Guatemala: ¿el fin de la mafia?

Los guatemaltecos estamos experimentando un complejo sentimiento. Por una parte nos satisface observar cómo uno a uno, van cayendo en las redes del sistema de justicia, políticos, empresarios, militares y ahora, líderes religiosos. Caracterizados todos por  su miserable condición humana: deshonestos, mentirosos y corruptos. Pero por otra parte, ese fenómeno nos genera una profunda decepción, nunca imaginamos que esa podredumbre se hubiese expandido tanto, contaminando y destruyendo nuestro caro anhelo de tener un país modesto, pero honorable. Estos personajes, engendros del mal que jamás podrán sustentar la categoría de seres humanos, nos recuerdan que debemos ser mucho más cuidadosos y exigentes: todas, absolutamente todas las instituciones del país, públicas y privadas, no pueden ser dejadas sin fiscalización en manos de cualquiera.

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Qué sentido tiene para un pueblo pobre pagar impuestos con el sacrificio que implica, para que el político corrupto dilapide esos fondos a su favor. Qué sentido tiene depositar la credibilidad religiosa en un supuesto pastor que no es más que un rufián estafador de la fe y manipulador de incautos. Qué sentido tiene apoyar con el trabajo o el consumo, empresas que evaden impuestos, roban los escuálidos recursos fiscales y estafan al pueblo con productos de mala calidad. Una sociedad así, como la nuestra, no tiene futuro y se dirige hacia el colapso, a menos que actuemos con heroica energía social y organización ciudadana y que establezcamos un comportamiento cívico valiente, decidido e implacable en contra de todo tipo de delincuente.

¿Cómo pudo Guatemala engendrar tanto criminal? ¿Qué fue lo que motivó ese impresionante ascenso de la desvergüenza y la corrupción? Encuentro tres motivos: el primero se refiere a la ausencia de Estado, a un Estado con un sistema de justicia eficiente e implacable, que garantizara el castigo inmisericorde contra cualquier delincuente. Al no existir ese sistema de justicia, producto de un Estado secuestrado por las mismas mafias, la corrupción se expandió como fatal infección. El segundo motivo se refiere, a la ausencia de un verdadero sistema educativo nacional, en donde se fomentase el amor y el respeto a la patria que nos acoge. Y el tercero, se refiere al descuido familiar respecto a la moral y la ética. Si en cada familia, hubiésemos dedicado mayor tiempo a formarnos dentro de los más altos valores -quizá ahora ya conservadores pero siempre vigentes- como el respeto a los demás, el compromiso con la palabra manifestada y el valoramiento del trabajo como único medio digno de acumular riqueza, hoy tendríamos un mejor país.

El desafío ahora es desmontar o demoler ese edificio institucional deforme y contaminado que hemos construido, por acción u omisión. Esfuerzo que implica una revolución social descomunal dándole paso a la esperanza, a la confianza y al compromiso compartido. Al deseo irrenunciable de tener una Guatemala distinta, en donde los enfermos se curen, en donde los niños coman, estudien y canten, en donde los viejos puedan recurrir a su derecho de vivir y morir en paz.

¿Cómo pudo Guatemala engendrar tanto criminal? ¿Qué fue lo que motivó ese impresionante ascenso de la desvergüenza y la corrupción?

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