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Siguen los botones de muestra en Gobernación

El descubrimiento de nuevos rastros de la corrupción gubernamental se está volviendo algo parecido a la rutina. Sería interesante hacer la contabilidad de en cuántas semanas, después del destape de La Línea el 16 de abril de 2015, el Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala han dejado de presentar públicamente algún nuevo hallazgo o algún nuevo caso.

Es probable que en las 56 semanas transcurridas desde aquella fecha, no haya una sola en la que no se presentase algún nuevo descubrimiento, allanamiento, captura o inicio de algún proceso relevante. Cierto es que ha habido unos de gran impacto mediático, mientras otros son casos “pequeños”, que, precisamente por esa suerte de rutina, de la cual hablamos al principio, despiertan pocas emociones.

Tal podría ser el caso de las capturas efectuadas ayer por la Policía Nacional Civil y el MP, en relación con la defraudación hecha a la primera de esas instituciones a través de la simulación de estudios de prefactibilidad para la remodelación de edificios de la PNC en Petén.

Si nos guiáramos por el monto de la apropiación ilícita atribuida a las y los capturados ayer, podríamos caer en el equívoco de suponer que estamos ante un caso menor. Pero no es así: este es solo un nuevo botón de muestra de lo que ocurría en el Ministerio de Gobernación, otro “piquito” de un iceberg que no se ha podido, o no se ha querido descubrir.

Cuando se considera cómo operó el grupo de sindicados y capturados de ayer, cuando se toma nota de sus torpezas y de la evidencia de la crasa ignorancia con que, aparentemente, quisieron esconder la sustracción de un millón 857 mil quetzales, no se puede dejar de concluir que aquí la certeza de la impunidad fue determinante para que dejaran huellas tan evidentes.

Dicho de otro modo, no fue la confianza de no ser descubiertos, sino la certeza de que serían encubiertos, lo decisivo en su descuidado proceder. Ya lo hemos visto en muchos de los otros casos descubiertos por el MP-Cicig: su talón de Aquiles no estuvo en la torpeza administrativa (más que evidente en este caso) sino en la certeza de la impunidad.

Seamos explícitos: la certeza de que había alguien “más arriba”, que garantizaba la falta de persecución a cambio de que se compartiese una porción (¿la mayor?) de lo defraudado.

¿Hasta dónde llega el hilo ascendente de este ovillo? ¿De qué tamaño es? Preguntas que no se llegaron a formular durante el gobierno interino de Alejandro Maldonado Aguirre, y que, aparentemente, no se han hecho el presidente Jimmy Morales ni su ministro de Gobernación, Francisco Rivas.

Pero ya hay muchos botones de muestra, como para que la ciudadanía contenga la impaciencia de saber cuántos esqueletos se guardan todavía en la sexta aveni-
da y 14 calle.

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