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Plan para la prosperidad: ¿oportunidad?

Como cooperación estadounidense, el Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte (PAPTN) levanta expectativas altas. Pero, ¿cuál es su potencial real?

El foro organizado por la URL-UVG-Flacso, realizado la semana pasada, contribuye a aterrizar esas expectativas. Quizá el primer desengaño que este evento logró es que, si bien el plan incluye cooperación estadounidense, en su diseño la posibilidad de alcanzar sus metas depende mayoritariamente de recursos nacionales. Es decir, alcanzar sus objetivos depende más de los guatemaltecos que de la ayuda norteamericana. Esto obliga a plantear una pregunta muy natural: si el plan de todas formas depende de las posibilidades y capacidades de cada país, ¿cuál es la diferencia con plan o sin él?

Esto lleva a otro punto que resulta muy esclarecedor: la cooperación estadounidense no incrementará el presupuesto nacional. Pero, según la presentación realizada por el Ministerio de Finanzas, en el presupuesto de 2016 están contempladas asignaciones vinculadas al PAPTN por Q5,474.4 millones, de los cuales la cartera de Finanzas reporta ejecutados al 31 de marzo de 2016 un total de Q343.2 millones, el 6.1%. A primera vista es impresionante y esperanzador ver que la ejecución del PAPTN ya empezó, pero un examen cuidadoso del reporte de Finanzas revela que estos rubros de gasto son los usuales de cualquier año; no es financiamiento ni gasto nuevo o adicional al usual. Es decir, lo que se reporta básicamente es el presupuesto usual, pero con etiquetas en programas que podrían ajustarse a los objetivos del PAPTN.

Y, bueno, ¿cómo esperar avances o cambios, si el único cambio en el presupuesto que se está ejecutando es uno de forma, una etiqueta que dice «plan de prosperidad», y nada nuevo o mejora de fondo? ¿Cuál es el impacto real que tendrá una etiqueta colocada a lo que se hace siempre?

Entonces, si el presupuesto nacional no recibirá recursos adicionales, ¿los hay en el plan? La respuesta es sí, pero los recursos adicionales que aportará la cooperación estadounidense los ejecutarán Usaid y sus empresas contratistas, no el Gobierno guatemalteco. Es decir, los criterios y prioridades de los destinos para esos recursos los decide Washington DC, no Guatemala. Y con esto, surge otra pregunta inquietante: ¿Cuál es la sostenibilidad del plan en el tiempo? Por ejemplo, si Donald Trump ganara las elecciones estadounidenses, ¿el plan mantendría su diseño y prioridades de la misma forma en que está siendo diseñado y ejecutado por la administración Obama?

Y que el plan obedece a las prioridades de Washington queda evidente en los sesgos que el evento organizado por la URL-UVG-Flacso reveló. Por un lado, el plan tiene un marcado sesgo por el tema de seguridad, ya que en el planteamiento original del presidente Obama, el tema de seguridad tenía destinado el 30%, en tanto que la versión en ejecución los temas de seguridad y defensa absorben el 58% de los escasos recursos disponibles. Por otro lado, los ejes estratégicos del plan tienen un marcado sesgo pro empresarial, con el cual el plan terminaría beneficiando a los que menos necesitan, y ya veremos a los de siempre exigiendo sus «derechos» adquiridos, al mejor estilo de las maquilas y las zonas francas llorando por privilegios fiscales.

Sin duda, este plan puede ofrecer oportunidades que vale la pena aprovechar, pero es imperativo, primero, evaluarlo en su justa dimensión, y segundo, advertir sus debilidades y sesgos, que sin acuerdos sociales y fiscales que lo complementen, hacen difícil creer que alcanzará sus objetivos, por nobles que sean y bonitos que suenen.

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