Home > Columnas > El ABC de nuestros males

La población guatemalteca está viviendo una época complicada. La pobreza, la inseguridad física, la falta de empleos y la mala calidad de los servicios en general, tipifican una realidad para muchos decepcionante. Pero todo este acontecer es el efecto de causas diversas las cuales jamás atendimos, producto de una secuencia trágica de gobiernos corruptos, incapaces e irresponsables.

Creo que una agenda de Estado eficiente no implica gran complejidad. Considero que la misma debe estar constituida por tres elementos básicos y fundamentales: 1. Un modelo educativo nacional integral, permanente, ascendente y funcional. 2. Un sistema de justicia implacable que garantice la aplicación de la misma en forma universal e inmediata. 3. Un modelo económico que favorezca el crecimiento sustentable de las pequeñas y medianas empresas por medio de una iniciativa social frecuente y activa.

Si hubiésemos implementado un modelo educativo nacional integral y funcional, hoy los efectos de la educación estarían generando extraordinarios beneficios: en el marco de la salud reproductiva no tendríamos ese crecimiento poblacional como el que actualmente tenemos (nacen casi 1,500 niños por día). Una población más educada implicaría el respeto al medioambiente y la preservación de los recursos naturales. Una población educada comprendería la necesidad de la organización social y la participación activa en la resolución de todos los problemas, dando énfasis a la responsabilidad política, especialmente en momentos de elecciones generales, lo que habría de incidir para elegir a los candidatos más idóneos.

Si hubiésemos tenido un sistema de justicia implacable y funcional, las normas y las leyes habrían sido respetadas, lo que en general nos hubiese generado un mejor país, con mucho menos corrupción, delincuencia común y crimen organizado. Se hubiese respetado el cumplimiento fiscal, lo que le habría generado al Estado recursos necesarios para implementar políticas públicas efectivas especialmente en materias como la educación, la salud, la seguridad, la infraestructura y el funcionamiento efectivo del sistema legal.

Si hubiésemos apuntalado un  modelo económico orientado a favorecer el crecimiento sustentable de las pequeñas y medianas empresas por medio de una iniciativa social frecuente y activa, hoy tendríamos una clase trabajadora mucho mejor calificada, la cual gozaría de empleos fijos y bien remunerados. Las grandes inversiones privadas, tanto internas como externas, hubiesen preferido invertir en nuestro país.

Pero no lo hicimos, y hoy pagamos el alto costo por tan gravísima falta. Hay indicios de que en el área judicial vamos avanzando, pero falta mucho. Pero convencidos estamos de que en el área de la educación y en el marco de la vigencia de las PYMES, nuestras deficiencias son inmensas. No es difícil de entender lo anterior; no obstante, lo obviamos. Y mientras no impulsemos el avance en esas tres instancias, seguiremos potenciando la conflictividad social, la anarquía y la ausencia de autoridad hasta llegar a la ingobernabilidad plena. Y de ello, todos somos responsables.

Mientras no impulsemos el avance en esas tres instancias, seguiremos potenciando la conflictividad social, la anarquía y la ausencia de autoridad hasta llegar a la ingobernabilidad plena.

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