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Niño con metas de adulto

En la actualidad cuenta con 15 años, pero desde cuando tenía 8 comenzó su caminar por el mundo de los carros de carrera. Al inicio su papá, Carlos Rodríguez, quien participaba en las competencias automovilísticas junto al desaparecido Pedro Cofiño, llevaba al pequeño Ian a esas jornadas, en las que le fue naciendo la pasión por los autos.

El padre de Ian lo incursionó en la modalidad Gokarts, en la que desde sus primeros pasos barría con la mayoría de competencias hasta llegar a posicionarse en el primer lugar en el Centroamericano de Easykart en la categoría 60 c.c. Ese triunfo le otorgó el boleto para el mundial que se disputó en Italia y donde culminó en el lugar 14 de más de 130 participantes.

“Le doy gracias a Dios, en primer lugar, y luego a mi padre, quien es mi principal patrocinador; a mis técnicos, a quienes les debo mucho de lo que hoy soy”, confiesa Ian.

Con la beca obtenida con el cetro centroamericano se fue a Italia en 2011, cuando apenas tenía 11 años, en Belluno, Véneto, fue campeón mundial, siempre en Karts 60 c.c. con récord histórico incluido, porque nunca se había dado que un piloto saliendo de último ganara el título.

Luego participó en la categoría de los 100 c.c., en la que terminó en tercer lugar; también disputó la división 125 c.c., en la que finalizó en segundo lugar, a un punto del primero.

Dos años después tomó parte en el Kart Grand Prix, evento que consistía de nueve fechas y en el que al final estuvo a poco de adjudicarse el primer lugar.

En 2015 se inscribió en la Fórmula Renault. En su transformación, dio el salto a la Fórmula 4 en Italia, donde ya colocó ambos pies en lo más alto del podio.

“En mis primeros días de estar en Italia lloré muchas veces. Haber dejado a mi familia, amigos y muchas cosas más me hacía por momentos desesperarme, pero con mucha fortaleza mental logré superar las adversidades y ahora solo pienso en mi futuro”, comenta.

“Creo que cuando uno hace un enorme sacrificio por lograr lo que quiere, con el esfuerzo las cosas se te dan, y para mí es un privilegio participar a este nivel. En lo personal me quedo con los momentos difíciles, porque de ellos el ser humano debe aprender a superarlos si desea triunfar”, refiere.

“Como humano, también tengo cambios. Cuando ingreso al carro me olvido de todo mi entorno y solo pienso en divertirme, porque estoy haciendo lo que me gusta. Fuera de la pista soy una persona tranquila, no me gusta salir de noche”, cuenta.

“Mi gran anhelo es convertirme en el primer guatemalteco en ser piloto de Fórmula 1. No tengo preferencia o simpatía por alguien en particular; veo las competencias pero me sirven para observar cómo superan sus adversidades” dice.

Durante el presente año, el joven piloto nacional ocupa la séptima casilla en las posiciones de la categoría novatos y 14 a nivel general, aunque su sueño es terminar el año en el top ten.

A grandes rasgos, esa es parte de la vida de un niño que tiene metas como adulto. Por soñar no se paga, pero con esfuerzo, entrega, entrenos y ayuda de quienes le rodean, Guatemala, de acá a 5 años, podría tener en Ian Rodríguez Wright al primer piloto a bordo de un carro en la Fórmula Uno.


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