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El tiempo del empresario

Hace tiempo nosotros creíamos que los emprendedores exitosos suelen vivir una incesante presión por mejorar el manejo de su tiempo. Suponíamos que el crecimiento intenso y la falta de un equipo ejecutivo adecuado les impone exigencias que superan con creces sus capacidades de gestión.

El reto del emprendedor de saber enfocarse cuando su compañía se hace cada día más grande y compleja solo se resuelve concentrándose en sus mejores oportunidades, como negocio y como líder. Evitar la dispersión competitiva en demasiados productos, tecnologías o mercados es crucial en estos primeros años de una nueva empresa.

Los emprendedores tienden a dispersarse, y sus energías y las de su organización se diluyen si se pierde el control de ese proceso. Solo con un esfuerzo de concentración de parte de los máximos líderes de la organización puede sortearse esta natural tendencia de las jóvenes empresas en crecimiento.

Ahora, años después, hemos podido acompañar en el ejercicio de la Dueñez® a líderes de un creciente número de empresas grandes y añejas. Su situación es muy diferente: tienen una o varias fórmulas de negocio líderes, su organización es más madura, su complejidad es enorme, su equipo directivo es de mayor estatura, etcétera.

Por años hemos asesorado a estos líderes y también vemos en ellos serias dificultades para administrar su tiempo. La mayoría de ellos se sienten agobiados y desbordados por el vasto número de asuntos a manejar y por la interminable lista de pendientes que resolver.

El empresario sostiene una lucha contra el tiempo. Su agenda está plagada de temas urgentes de operación cotidiana y de inquietudes profundas sobre el futuro a enfrentar. El balance entre el presente y el futuro es su disyuntiva perenne. Su agobio parece no tener descanso.

Esta disyuntiva, que es de tiempo, de exceso de asuntos, de agenda recargada, de necesidad de priorizar y enfocarse, de la relevancia de abandonar, es connatural al quehacer del líder de la Dueñez.

Acompañando esa presión de tiempo y de asuntos por atender, el líder de la Dueñez enfrenta una situación aun más dura. Ante esa presión, el empresario casi siempre se siente solo. Su soledad es, por un lado, un asunto de falta de delegación, de incapacidad de compartir el poder, de carencia de complementariedad. Pero por otro es un tema de cómo se siente. En los últimos años han aparecido remedios para estas dos facetas de soledad: coaching profesional, asesores personales, tecnología para administrar el tiempo, apoyos para balancear trabajo y vida, y muchos más.

Nosotros, que trabajamos con muchos empresarios líderes, percibimos que nuestros clientes se sienten solos. Hemos llegado a la conclusión de que los empresarios que tienen genuinas ambiciones de crecimiento y altas miras en sus objetivos de negocio experimentarán en mayor o menor grado este sentimiento.

Más aún, creemos que los empresarios exitosos que logran ir venciendo tanto la presión como la sensación de soledad, lo hacen porque deciden que quieren cambiar su forma de vivir. Darle prioridad a ambos retos se vuelve un camino indispensable para librarse de ellos.

Encontrar herramientas para enfrentar la presión es cuestión de búsqueda y disciplina. Quizá la principal solución para sobrellevar su soledad, aunque parezca una verdad de Perogrullo, es la compañía.

La soledad del empresario tiene en común que debe ser resuelta por ella misma, y que siempre se resuelve gracias a alguna forma de compañía; compañía que el solitario ha de aceptar o de buscar.

Y en este caso concreto, es cuestión de compañía de calidad: quien sepa escucharnos, entendernos, retroalimentarnos, regañarnos. De modo que nosotros sintamos que nos acompañan, nos alientan, nos hacen fuertes, nos motivan, nos comprometen. Esos son los criterios del acompañante que puede aliviar el sentimiento de soledad del empresario.

Aceptemos que nos sentimos solos. Reconozcamos que necesitamos compañía de calidad. Busquémosla con ahínco y no nos rindamos. Esa es mi reflexión de hoy. ¡Suerte a todos!


Muchos hombres de empresa se cuestionan si su tiempo se aprovecha óptimamente. Pocos saben cómo hacerlo.

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