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Cuando un sistema es generador de corrupción lo que hay que combatir es el sistema, más que su efecto. Combatir la corrupción y no el sistema es como el toro que le tira al capote y no al torero, que es quien en definitiva lo mata.

Lo que está ocurriendo es el reacomodo del sistema. Las reformas son solo aspirinas intentando combatir el cáncer. La oligarquía desea recomponer las cosas para seguir gobernando, para seguir dueños de su finca, que es Guatemala. Algunos quieren remiendo nuevo en pantalón viejo. Nosotros queremos cambiarlo todo. No importa cómo se le denomine. Las diferentes interpretaciones del quehacer futuro no deben ser fuente de contradicciones y enfrentamientos. Lo importante es estar unidos todos por el cambio.

Debemos conocer qué modificar y si tenemos fuerza para hacerlo. Lo demás es hablar pendejadas, como las hablan demasiados en las redes sociales. No es cierto que por medio de ellas se modificó algún sistema en el mundo. Mucho menos que un grupo de jóvenes, químicamente puros, modificaron el rumbo en nuestro país al lado de una computadora o de un teléfono inteligente y, luego, con solo ir a manifestaciones de fin de semana todo se arregla. Eso es una vulgarización de los procesos sociales que solo un arrogante ingenuo ignorante puede creer.

Los cambios solo pueden medirse en mejoras en los indicadores sociales de pobreza, educación, salud, y el resto de beneficios para la mayoría de la población. Nada de esos indicadores ha cambiado ni cambiará con oleadas de corruptos privados de libertad. Nosotros no luchamos solo por mejorar esos indicadores, sino también para cuestionar la forma de medirlos, en relación con lo que es verdaderamente desarrollo, el combate al hambre, la pobreza y, sobre todo, la salud y educación, no solo la seguridad ciudadana.

No basta un gobierno honesto y bienintencionado. No se agotan nuestras expectativas en la modernización capitalista más inclusiva. Buscamos amplias alianzas para cambiar la correlación de fuerzas, democratizar el capital, los créditos, sus intereses, plazos y formas de pago. Pero sobre todo, nuevas relaciones sociales de producir y generar riqueza que luego retorne a quienes producen la riqueza: los que trabajan y no solo los empleadores.

Si fuera el caso de solo reformas que permitan luego administrar ese estado, no nos interesa. Como dijo Pepe Mujica: “Para simplemente administrar esto, la derecha tiene más oficio” que nosotros.

Alguien nos acusó de que “pretendemos el poder”. Claro que sí. Desde 1962 es mi lucha. No luchamos por migajas que caen de la mesa de la oligarquía o solo por meter en la cárcel a los administradores corruptos. Eso han sido todos los gobiernos anteriores. Quien se suba al carro del actual sistema terminará aceptando la corrupción o siendo parte de ella.

Debido a los resultados del sistema putrefacto y caduco es que no tenemos soberanía; somos un país tutelado. Nosotros no saludamos el hecho de tener buenos resultados contra la corrupción a costa de la soberanía nacional. Es un costo demasiado alto para nuestra dignidad.

El triunfo de los pueblos estaría cerca si tan solo se unieran el CUC, Codeca, Conic, CPO, CCDA, Cnoc y quienes desde las ciudades aporten a la unidad de la lucha.


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