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La colisión nuclear en La Plaza

Masa crítica, en ciencias sociales se explica como la cantidad mínima de personas necesarias para que un fenómeno concreto tenga lugar. Así, el fenómeno adquiere una dinámica propia que le permite sostenerse y crecer. Esta teoría es un paralelismo con el mismo concepto en física en referencia al núcleo que desarrolla la reacción en cadena de la energía nuclear.

Pues una peligrosa masa crítica de la delincuencia organizada, del más alto nivel, se aglutina en el Mariscal Zavala, centro de detención que se ha convertido en el cuartel general de los impunes, desde donde planifican y ordenan a sus serviles aún libres, una ofensiva contra el Ministerio Público y la Cicig, y, en general, contra la sociedad guatemalteca.

En este caso específico se reúnen en un mismo lugar más de 200 delincuentes, entre quienes hay militares, políticos, banqueros, empresarios, operadores, intermediarios, y otros implicados que llegarán pronto: periodistas y dueños de medios de comunicación, con lo cual la ecuación del mal completa su estado mayor. Ellos cuentan con sus propias redes que aún están impunes, que andan en las calles y tienen contactos, poder e influencia. Todos, acompañados de un pelotón de abogados expertos en el litigio malicioso. A su disposición, un volcán de dinero producto del botín incalculable que robaron y defraudaron al Estado.

De esa cuenta, observamos cómo la contraofensiva del crimen organizado empieza a tener resultados en diferentes casos judiciales, como test de su influencia y poder. El caso de Creompaz tuvo un retroceso significativo, gracias a una jueza que brindó protección a criminales de guerra, basada en sus propias interpretaciones ideológicas, alejándose del cabal cumplimiento de la ley. En otro caso, el juez otorga medidas sustitutivas a los implicados en el caso Bufete de la Impunidad. Con estas medidas podríamos estar asistiendo al retorno del protagonismo de los jueces corrompidos. Ambos casos tienen una misma raíz: la corrupción histórica instaurada desde la dictadura militar contrainsurgente que pervive incrustada en la cultura política.

Otra masa crítica se encuentra en formación. Organizaciones de la sociedad que buscan y luchan porque la justicia prevalezca, apoyando las acciones del Ministerio Público y de la Cicig, las organizaciones del movimiento social que buscan las reformas del Estado, periodistas independientes y algunos de la comunidad internacional. Esta masa crítica, en proceso de formación y todavía sin una dinámica autónoma, tiene como centro La Plaza. Debe fortalecer la demanda en las calles por la justicia y las reformas, apoyar al MP, la Cicig y jueces, mantener viva La Plaza articulando a todos los actores sociales que buscan un Estado para el bien de todos los miembros de la sociedad.

El paralelismo con los “blancos” de Cuba, Venezuela, Brasil y otros, no es lo correcto cuando La Plaza, aquí, puede ser la masa crítica que ponga fin al poder de la contrainsurgencia.


Vamos la delincuencia organizada, del más alto nivel, se aglutina en el Mariscal Zavala,

centro de detención que se ha convertido en el cuartel general de los impunes.

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