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Las conversaciones iniciadas en Oslo y continuadas en La Habana marcan un hito en la historia de Colombia. Lo que se creía imposible es actualmente una realidad: se firma el cese bilateral del fuego y se abren las puertas para el desarme de la FARC y su incorporación a la vida política.

Ha sido un largo y tortuoso camino. Con mucha sangre y mucha injusticia. La importancia del acuerdo entre el gobierno de Santos y las guerrillas de las FARC resulta capital para Colombia y para todo el continente latinoamericano. Se pone fin al último y más largo conflicto armado y se descoloca definitivamente a las formas violentas. De ahora en adelante los guerreristas no tienen lugar en la vida política. De esta manera este acuerdo de paz debe ser visto como indudable triunfo de la democracia.

Notorio es también la participación positiva de Washington. El gobierno de Obama ha sido efectivo facilitador del proceso y abre las puertas a una nueva era en el tipo de relaciones continentales. Muy lejano se siente la época de apoyo a militares corruptos y violadores de los derechos humanos como el general Augusto Pinochet en Chile.

Los grandes perdedores son los guerreristas y el fascismo. Resulta notable que desde la salida del intransigente y conservador presidente Álvaro Uribe, el proceso de paz tomó cuerpo y también alma. El alma de Colombia cansada de la guerra y sus abusos. También cansada de la pobreza y las injusticias sociales, sobre todo la asimétrica tenencia de la tierra, que dio origen al conflicto armado y a sus terrible secuelas de muertes y violaciones de los derechos humanos. Hay que agregar los iniciados procesos judiciales contra individuos allegados a Uribe, incluso el ganadero Santiago Uribe hermano suyo, acusado de concierto para delinquir y de crimen agravado. La historia le pasa factura a los violentos que desde las estructuras del Estado y/o las posiciones de poder económico han violado la ley y la vida.

En Colombia se acuñó esta palabra ”parapolítica”, para designar las relaciones de los políticos con las fuerzas paramilitares y el poder político y económico que tienen los paramilitares, tanto a nivel local como nacional. Una práctica nefasta que se había enquistado en instancias claves del Estado. Además, los paramilitares financiaron con dinero del narcotráfico las campañas electorales de sus aliados políticos. Hace unos años fueron cuestionados y acusados senadores y una buena cantidad de alcaldes y gobernadores departamentales. Se le debe en gran parte al magistrado Iván Velázquez la lucha frontal contra el paramilitarismo y la
parapolítica.

Desde luego debe reconocerse al presidente Santos su gestión favorable y activa al proceso. Dijo el presidente Santos hace un par de años en su discurso invitando a los colombianos a marchar por la paz: “El mejor homenaje que podemos hacer a las millones de víctimas de la violencia es asegurarnos de que, en el futuro, no haya más víctimas, que no haya sangre ni más lágrimas: que conquistemos la paz”.

Se le debe en gran parte al magistrado Iván Velázquez la lucha frontal contra el paramilitarismo y la parapolítica.


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