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¿Jaque mate al capital local?

Humberto Preti publicó recientemente en el diario Prensa Libre una columna de opinión titulada ¿Por qué no cerramos la tienda? Apunta al inicio de la misma y en forma directa: “Mientras nuestros socios comerciales fomentan el empleo y la inversión, en Guatemala se desestimula, se ataca y se destruye”. Humberto Preti hace un repaso de los principales motivos que, a su juicio, están desestimulando invertir en el país. Por ejemplo, cita las invasiones a las fincas en cuyo caso existe orden de desalojo y las autoridades no actúan. Hace referencia a la complejidad burocrática municipal que impide la ejecución de construcciones. Cita, también, los cada vez más complicados trámites para exportar e importar productos diversos. Es de anotar que el columnista citado representa una voz autorizada del empresariado local para externar opiniones. Aun cuando para otros, su vínculo con el sector agrícola -el más conservador de todos- lo perfila como un “defensor oficioso de la oligarquía”. He conversado algunas veces con él, y en lo personal, no comparto esta última anotación. En todo caso lo que el autor referido cita es importante y merece una posterior consideración.

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Pero existen otros espacios empresariales en donde hay aspectos que les están generando un exacerbado escozor. Aspectos mucho más sensibles que los planteados por el columnista citado. A estos sectores, por ejemplo, les genera mucha preocupación la transparencia bancaria o financiera; por tanto, se oponen a la desaparición del llamado secreto bancario. Aducen que eso implica inminentes riesgos en su seguridad personal y familiar. Su secular oposición al pago de impuestos y la avanzada de la SAT en hacer que estos se paguen correctamente, tampoco les parece aceptable. Y para colmo, la modificación de la Ley Electoral en donde se regulará minuciosamente el financiamiento político, les cierra las puertas para tener una “mejor representación” parlamentaria, menor derecho a los picaportes ministeriales y menor incidencia en las decisiones presidenciales.

Sumados los argumentos de Humberto Preti y los herméticos criterios que se expanden al interior de los grandes inversionistas locales, la expresión ¿Por qué no cerramos la tienda? está tomando auge. Obviamente esto no implica abandonar de golpe las empresas; implica reducir más inversiones ya planificadas, reducir operaciones y, en caso extremo, vender estas empresas a capitales foráneos. Después de todo, las diez familias más poderosas de Guatemala ya internacionalizaron sus inversiones; nuestro país es para ellos una plaza más dentro de su mercado operativo.

Después del tsunami de la globalización, asoma ahora el tsunami del “sometimiento a nuevas reglas de juego”. Si el gran capital local desiste ahora y se marcha, se habrá ejecutado el jaque mate que muchos esperaban. En lo social quizá esto implique más ventajas que desventajas, porque el capital foráneo estará condicionado a ajustarse a esas nuevas normas. Para eso están la OMC, la OIT y la temible Cicig, entre otros. La picardía del liberalismo económico local terminó, la norma devenida de la agenda global la despidió.

El el capital foráneo estará condicionado a ajustarse a esas nuevas normas. Para eso están la OMC, la OIT y la temible Cicig, entre otros. 

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