Home > Columnas > El legado de Hans

El pasado martes 12 de julio nuestro hijo Hans partió al Cielo abatido por un acto de violencia que, aparte de haber dejado viuda a su esposa Isa, huérfanos a sus hijos Javier, Marcos y Andrés, un gran vacío en sus hermanos Hellen y Karl, Christian y Werner e Irene y en sus sobrinos Sebastián, Tomás y Pablo, también ha comenzado a crear una interminable cadena de solidaridad, no solo entre familiares y amigos, sino entre personas que ni siquiera conocemos. Nuestro hijo Hans está ahora gozando de la presencia de la Sagrada Familia en el Cielo y acompañando a quienes le precedieron en el viaje a la eternidad: sus abuelos Elena y Oliverio, y Hans y Amalia, la querida tía Julia, y su propia hijita Mariita y cuatro hermanos a los que nunca conoció por no haber podido llegar a nacer.

¿Quién era Hans? Aparte de ser un hijo ejemplar fue siempre un estudiante destacado, un deportista consumado y un profesional justo, dedicado, responsable y perseverante; fue un esposo fiel y un padre amoroso y fue “el hermano” de sus hermanos.

Habiendo escrito lo anterior, quiero ahora no hablar a través de mis sentimientos, sino expresar lo que los testimonios de lo que sus amigos y colaboradores nos han escrito o expresado verbalmente, y es por ello que el título de este artículo es El legado de Hans:

• Su constante alegría, aun en momentos difíciles, lo cual siempre, siempre, siempre estaba reflejada en la autenticidad de su sonrisa.

• Su generosidad, ese actuar a favor de otras personas de manera desinteresada a pesar de que le costara hacer esfuerzos adicionales.

• Su humildad en reconocer sus propias insuficiencias, sus cualidades y capacidades, y aprovecharlas para obrar el bien sin llamar la atención ni requerir el aplauso ajeno.

• Su capacidad de perdonar de manera inmediata independientemente de la gravedad de la falta.

Los amigos que Hans hizo durante su paso por este mundo y, por supuesto, nosotros sus familiares, queremos que la inmolación de Hans sea aprovechada para que la violencia en Guatemala termine “de una vez por todas” y es por ello que los invitamos a que todos, “en lo personal”, nos comprometamos a perdonar “de verdad” a todas aquellas personas que creamos que nos han hecho algún tipo de daño… en nuestro caso, desde ya, estamos pidiendo a Dios que nos ayude a aceptar y no a tratar de explicarnos la muerte de Hans, y también estamos pidiendo para que las personas que hayan cometido este horrendo crimen se arrepientan para poder tener acceso a la Misericordia de Dios. Los sacerdotes que nos han acompañado durante los últimos días han elevado sus oraciones, tanto por el eterno descanso de Hans como por quienes cometieron el crimen.

La esquela que uno de sus grupos de amigos publicó el día siguiente a su muerte reza: “Muchas gracias por tu ejemplo de integridad, perseverancia y nobleza de vida. Nos consuelan los recuerdos de una amistad profunda y la certeza de tu presencia ante Dios”… ese era Hans: “un tipazo íntegro”.

Estamos pidiendo para que las personas que hayan cometido este horrendo crimen se arrepientan para poder tener acceso a la Misericordia de Dios.

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