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En medio de este caótico mundo es reconfortante y esperanzador saber que aún existen personas maravillosas, de buen corazón, y que se rigen por máximas como “Haz bien y no mires a quién”, algo que muchos hemos olvidado. Así es Víctor Miguel Díaz Andrade, una persona admirable, un ser humano fenomenal, un guía excelente y un amigo incondicional.

Tuve la fortuna de conocerlo hace más de un año, cuando precisaba de alguien como guía para entrenar y para participar en los eventos que tenía programados; desde el primer momento congeniamos, sin duda porque compartimos la pasión por los deportes que practicamos; con el tiempo nuestra amistad se ha afianzado porque, además de formar un gran equipo, ambos nos complementamos.

Él es muy paciente y yo soy lo contrario; él reconoce cuando llego al límite de mis fuerzas y me ayuda a superar este umbral, mientras que yo lo apoyo en los escasos momentos en los que sus fuerzas flaquean. En el triatlón su fortaleza está en la natación y la bicicleta, y la mía es la carrera, por lo que podemos apoyarnos cuando se requiere. Más allá de lo deportivo está el aspecto humano; su sensibilidad respecto a la discapacidad es un rasgo distintivo de Víctor; siempre está atento a brindar su apoyo y a procurar que uno no se lastime, lo cual contrasta con su propósito de pretender que nos exijamos al máximo para que alcancemos nuestros objetivos.

Hay pocas personas que están dispuestas a posponer sus metas personales en favor de las de otros, por lo que me siento agradecido y afortunado de haber conocido a Víctor. Espero que podamos continuar entrenando y compitiendo por mucho tiempo más; estoy seguro de que él me conoce mucho mejor que yo mismo y sabe lo que somos capaces de alcanzar, qué hacer y cómo hacer para que lo logremos; él es una fuente inagotable de fuerza, energía, inspiración y motivación para que yo ponga todo mi esfuerzo para ser mejor cada día.

Siempre doy  todo lo que puedo dar, pero indudablemente no hubiera logrado nada sin su apoyo; todo lo hecho, lo actuado y lo alcanzado ha sido obra del equipo, de nosotros, mi guía y gran amigo, y yo. Mi eterna gratitud para vos, Víctor, gracias por tu amistad y por todo lo que aportás a mi vida.


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