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Trump:restauración imposible

Donald Trump logró noquear a todos sus oponentes y es ahora el candidato controversial, para muchos alucinante, del Partido Republicano. Se trata del multimillonario que ya lo tuvo todo menos la silla principal de la Casa Blanca.

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Para llegar a la postulación utilizó colosales sumas de dólares, movilizó influencias en el mundo financiero, ocupó redes mediáticas. Construyó una imagen que se buscará vender en el gran evento electoral contra la candidata demócrata Hillary Clinton. Pero  lo marcadamente personal han sido las técnicas agresivas: el difamar al adversario, insultar, vejar.

La seguridad y el orden son sus postulados y promesas de campaña. A nivel general nadie puede estar en contra de que haya tanto seguridad como orden. Pero basta remover un poco el barniz de la demagogia que utiliza para constatar que las causas de falta de seguridad y orden, según la visión de Trump, es la presencia de “extranjeros” en los Estados Unidos. En esto no se diferencia en nada de la ultraderecha europea, de un Le Pen en Francia o de un Jimmy Åkensson en Suecia. Pero Trump va más allá, su mensaje es racista a ultranza y alevoso en el límite del delirio irresponsable: todos los musulmanes son terroristas y hay que impedirles el ingreso de Estados Unidos. Los latinos son criminales. La gente de
color son perezosos.

Después de anunciarse su proclamación como candidato hace saber que llevará a cabo su proyecto de construir un muro impenetrable a lo largo de la frontera con México para que no entren los criminales, los parásitos, los indeseables y de esta manera proteger a los Estados Unidos y restaurar el orden y la seguridad.

Estamos en pleno siglo XXI ante un proyecto aislacionista en la nación todavía más poderosa del mundo. Increíble pero cierto, a pesar de que  en 1989 caía el muro de Berlín y seguiría el colapso del comunismo y una verdadera revolución digital y tecnológica acompañada de amplios procesos de integración y colaboración  internacional, de tratados de comercio, de acuerdos aduaneros.

El aislacionismo de Trump responde a una visión excluyente del resto del mundo y a una pretensión de restauración de un imperio que ya no puede ser el mismo en la era de Internet, de la tecnología digital al servicio de las finanzas, del capital global. Una especie de mezcolanza de conservadurismo, chauvinismo y neoliberalismo que pasados por la batidora llamada Donald Trump ha producido una retórica rimbombante y demagógica, expresada por un histriónico personaje que quiere imponerse a gritos pero también seduciendo a una electorado inseguro, clase media y alta blanca, con el cuento de que es posible restaurar todo si se pone fin a la emigración y se vuelve a valores “americanos” del más duro cuño chauvinista. Pero también hay un populismo de derecha que se dirige a los pobres, a los empobrecidos del sistema, con las promesas de que la restauración del orden conservador y autoritario les favorecerá más que las reformas a lo Obama, como la reforma al sistema de salud.

El aislacionismo de Trump responde a una visión excluyente del resto del mundo.

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