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¿A quién le importan las deportaciones?

 

El anuncio del muro de Trump recuerda la execración de un falso profeta. Más que un muro necesitamos una profunda zanja para depositar las injusticias y las asimetrías en el continente entre sectores más reducidos de ricos, pero cada vez más ricos, y poblaciones empobrecidas y desesperadas.

Las deportaciones continúan. Se da la enorme cifra de 77,911 vidas humanas esperando la deportación o en proceso de la misma. Se trata de personas guatemaltecas, entre ellas una cantidad de niños. Miles de compatriotas migrantes tuvieron el proyecto de mejorar su vida y la de sus familiares. Considerables veces lo arriesgaron todo y no pocas terminaron perdiéndolo todo.

Los migrantes provienen de una sociedad devastada por la injusticia. Resulta una decisión tomada por la fuerza de la necesidad. Para miles el “sueño americano resulta la única salida y  desgraciadamente en muchos casos una utopía casi imposible. Un sueño que para muchos termina en pesadilla: maltratados, secuestros o extorsiones en México y, en el peor de los casos, la muerte. Y desde Estados Unidos: la deportación.

Continúan las circunstancias y causas estructurales que dan motivo a la migración: la pobreza, la falta de oportunidades, de salud. Existe, sin duda, una relación de causalidad entre la migración y la falta de desarrollo, pero también entre el superdesarrollo y el empobrecimiento de los países del Sur.

Los migrantes que logran llegar a los Estados Unidos vienen siendo sometidos a toda clase de atropellos. Los “sin papeles” han sido criminalizados. Sabemos de las violentas  redadas de la terrible “Migra” contra los “ilegales”. De las detenciones de menores y de madres embarazadas. Y desde luego, de las temidas deportaciones que terminan en el humillante viaje de regreso al país natal en donde los espera la incertidumbre. La emigración masiva desangra socialmente a cualquier país. La esfera familiar y la cultural se diluyen. Los ilegales pierden las tradiciones y su identidad; se vuelven ciudadanos de tercera o cuarta categoría en Estados Unidos.

Se viene insistiendo en que las remesas son vitales para Guatemala. Que superan a muchos otros rubros. Pero poco se dice de que las remesas significan para incontables chapines, el trabajar en condiciones subhumanas en Estados Unidos. Es frecuente el hacinamiento en viviendas colectivas (apartamentos pequeños donde viven veinte o más personas tiradas en el suelo). Y ha ocurrido que hasta son denunciados por los mismos patrones a la «Migra» norteamericana, para de esta manera evitar pagarles los salarios. Las remesas equivalen también a no consumir, a sacrificarse por la familia en Guatemala. Y en términos sociales la emigración ilegal lleva a la desintegración familiar, a los padres ausentes y a generaciones que no tienen una referencia paterna o materna porque esta se encuentra en el extranjero.

Urge ampliar, profundizar y extender los esfuerzos para que las deportaciones cesen. Apoyar a los migrantes e impulsar una diplomacia activa y eficiente.

 

 

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