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Cuando los movimientos populares y subversivos se movían por el Caribe, buena parte de la élite local debió abandonar sus países y buscar refugio en Estados Unidos debido a la violencia y la inestabilidad. El exilio cubano logró eventualmente el apoyo político pero, además, al ser mayoritariamente un grupo compuesto por personas blancas, tuvo menos problemas para moldearse en el nuevo país. Hasta el momento del famoso Exilio de Mariel en 1980 -que trajo a Estados Unidos 125 mil cubanos de clase trabajadora y un tanto más morenos-, el exilio cubano en Miami construyó una comunidad de blancos que se sentía muy cómoda y bien recibida por la población local anglo. No fue así en el caso de las olas migratorias dominicanas. Buena parte de ese primer exilio de élites eran mulatos, pero frente a una gran mayoría de dominicanos de raza negra mantenían un estatus superior. Cuál habrá sido su sorpresa que al llegar a Estados Unidos  fueron clasificados, tratados y considerados como miembros de la comunidad negra.  Y entonces, esas élites entendieron por primera vez lo que es la discriminación y el racismo.

El proceso de emancipación de los grupos no blancos en Estados Unidos ha sido muy largo y complicado. No solamente para los ciudadanos afroamericanos durante la gesta por los derechos civiles.  Es un constante de la historia de EE. UU. Cuando la provincia de Louisiana se anexó a Estados Unidos los diarios de la época eran caja de resonancia de un temor popular hacia los ´nuevos ciudadanos´ católicos de ascendencia francesa que para la mayoría del país eran menos proclives al trabajo y más dados al vicio. Los irlandeses, aunque blancos, debieron sufrir la discriminación sistemática por su práctica religiosa católica. Los italianos no la tuvieron tampoco nada fácil. Las olas migratorias italianas de inicios de siglo XX se toparon un Estados Unidos que públicamente aconsejaba no contratar italianos para determinadas profesiones, ya que eran considerados borrachos, mujeriegos, violentos y ladrones.  ¿Suena a Donald Trump, no? La emigración judía europea en Estados Unidos –que hoy es un lobby importante- fue en su inicio,  testigo de manifestaciones del KKK que prohibían el ingreso en los restaurantes de negros, perros y judíos.

UU. pudo de a poco, asimilar y equiparar a estos nuevos grupos gracias a las políticas progresivas del Partido Demócrata. Los primeros políticos ítalo-americanos, de ascendencia irlandesa o judía no fueron republicanos precisamente, sino demócratas. Lo mismo podríamos decir de políticos tanto locales como estatales afro-americanos o mexicoamericanos. De no haber sido por la legislación federal que abolió la segregación entre blancos y negros, incluso la segregación de los mexicoamericanos en el sistema educativo de California se hubiera mantenido intacta. Y la legislación del matrimonio igualitario es, por cierto, legado de la presidencia de Obama. Precisamente toda esa historia de procesos para hacer de Estados Unidos un país diverso, tolerante y abierto a lo diferente es lo que Donald Trump ha pisoteado permanentemente. Trump ha insultado a personas con discapacidades, se ha burlado de las mujeres y ha despertado el racismo latente del ´ugly American´.

 

Vale la pena decir que si usted es latinoamericano pero tiene parientes en EE. UU. que puedan votar, motívelos a hacerlo por el Partido Demócrata. Para alguien como Trump, los hispanos jamás serán parte importante – ni integral-  del proyecto ´americano´.  Y para sus seguidores radicales,  no importa si usted tiene visa, o habla bien inglés, o se cree blanco, para las masas que siguen fanáticamente a Trump todos los hispanos son sin consideración alguna: ´wetbacks´.

 

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