Home > Columnas > Borges en Harvard

En el curso 1967-1968 de la Universidad de Harvard, Jorge Luis Borges pronunció seis conferencias, las cuales fueron agrupadas años después en el libro Arte poética. Lo primero que llama la atención es el brillo y la precisión de sus páginas a pesar de que las mismas no fueron leídas, sino conversadas frente a estudiantes. Con solvencia verbal irrefutable, Borges demuestra su profunda capacidad para trasladar la esencia de la literatura.

.

La primera conferencia la titula: “El enigma de la poesía”. Ahí afirma que lo más importante de la literatura es el gozo como una revelación y por ello, el verdadero sentido del enigma. Sostiene que “es verdad que, cada vez que me he enfrentado a la página en blanco, he sabido que debía volver a descubrir la literatura por mí mismo”. Lejos de una pose sabionda, Borges se muestra profundo, con una pasión desmesurada por el hecho poético. Dice: “solo puedo ofrecerles dudas”. Frase equívoca, porque después de leer esta hermosa edición, resulta difícil no volverse un confeso creyente no solo de la obra borgiana, sino de la literatura.

En estas conferencias Borges hizo gala de una prodigiosa memoria, citando múltiples autores y libros. Dice: “Y la vida está, estoy seguro, hecha de poesía” y si esa enunciación es cierta, lo es más cuando agrega: “…los libros son sólo ocasiones para la poesía”.

La segunda conferencia se denomina: “La metáfora”. Aludiendo a Shakespeare, sostiene que “estamos hechos de la misma materia que los sueños”. En la misma habla de que “lo sugerido es mucho más efectivo que lo explícito” e ilustra con un bellísimo verso de un poeta persa relacionando con la metáfora, el cual habla de la Luna “llamándola el espejo del tiempo”.

La tercera conferencia se llama “El arte de contar historias”. En la misma da cuenta de que los antiguos, cuando hablaban de un poeta –un hacedor-, “no lo consideraban únicamente como el emisor de esas elevadas notas líricas, sino también como narrador de historias”. Indica que “la más antigua forma de poesía es la épica”. En esta, Borges cree que “en cierta medida, la novela está fracasando” y admite que si “la narración de historias y el canto del verso volvieran a reunirse, sucedería algo importante”.

La cuarta es “La música de las palabras y  la traducción”. En ella abordó la complejidad y el arte de la traducción. Ilustró el reto de ese oficio con la Oda de Brunanburh, compuesta en el siglo X para celebrar la victoria  de los hombres de Wessex sobre los vikingos. La dificultad de traducir un verso que, finalmente, quedó así: “brillante candela de Dios”, refiriéndose a un sol en el curso de la mañana.

La quinta, “Pensamiento y poesía”, simplemente  es un profundo acercamiento al arte de la poesía. Su misterio, su esencia. También es una declaración de principios y de convicciones alrededor del hecho poético. En ese sentido, Borges es más que explícito: “pienso que escritores como Góngora, Donne, Yeats y Joyce están justificados. Sus palabras, sus estrofas, puede que sean improbables; puede que encontremos rarezas en ellas. Pero se nos hace sentir que detrás de esas palabras hay una emoción verdadera. Esto nos bastaría para brindarles nuestra admiración”.

La sexta, “Credo de poeta” es un rechazo, desde el pudor y el decoro intelectual, a hablar del credo. Pero, también, desde la mayor de las sinceridades dijo: “Uno lee lo que quiere, pero no escribe lo que quisiera, sino lo que puede”. En fin, un notabilísimo libro, como solo Borges pudo imaginar.

.
.

Leave a Reply