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Aprender de las mujeres antitrump

carlos-aldana

Por favor, queridas y queridos docentes, usemos las imágenes, Youtube, los reportajes, lo que sea, sobre las distintas manifestaciones de las mujeres en contra de Trump. En esas multitudinarias maneras de elevar la voz y hacer presencia, las mujeres del mundo han enviado de manera poderosa una serie de mensajes que no podemos dejar de aprovechar para la educación y formación de nuestros niños, niñas y jóvenes. Ha sido realmente inspirador y motivo de esperanza sentir que ni Trump ni ningún gobernante puede sentirse dueño de la humanidad, ni creer que el poder político es el único poder para transformar la realidad en el planeta. Y no ha sido emocionante por los discursos de personajes individuales sino por la palabra de las masas con gorros rosados. ¡Las mujeres enseñando al mundo!

En nuestro primer trayecto del ciclo escolar, bien vale la pena recuperar y aprovechar algunos mensajes de las mujeres antitrump. El primero es lo anacrónico, peligroso e indignante que es la violencia, el discurso que divide, las actitudes como la exclusión o el irrespeto a las poblaciones migrantes o a otras culturas y religiones (como los latinos, los musulmanes o los afrodescendientes). Aprender todo esto, gracias al más gigantesco personaje de los medios en la actualidad, es fundamental, necesario y además posible en la medida que tengamos la capacidad y la estrategia política y didáctica para usar estas manifestaciones.

En ninguna parte del mundo se vale que la violencia y el irrespeto sean los mejores recursos para ganar votos y ocupar posiciones políticas. Ni Estados Unidos ni ningún país del mundo puede “hacerse grande” o “volver a ser grande” a partir de la agresividad y el desprecio por cualquier diversidad, porque eso es ignorar que la diversidad es la que hace posible la realidad, no solo la política o social, sino hasta la biológica. Es irse contra la vida y contra el desarrollo. Otro aprendizaje que puede derivarse de estas manifestaciones, y que puede contribuir a una formación integral de nuestras jóvenes generaciones, es el relativo a la fuerza y el poder que puede encontrarse en las movilizaciones y muestras de protesta en cualquier realidad. Aquí ha sido a las 24 horas de toma de posesión del presidente estadounidense. Es una señal de que la movilización social debe ser más poderosa que la retórica e intenciones de individuos. En Guatemala también es crucial que la sociedad esté siempre dispuesta a moverse, a caminar, a gritar, a demostrar que puede más que cualquier cacique, personaje o figura política.

Pero también hay otro contenido implícito en estas manifestaciones en Washington y otras ciudades de Estados Unidos y del mundo (faltó la guatemalteca, por cierto): la insistencia en que las mujeres organizadas no solo luchan por los derechos de las mujeres, sino por el derecho a transformar la realidad misógina, patriarcal y violenta construida por los sistemas políticos y económicos dirigidos por hombres. Sentir que las organizaciones feministas tienen un poder tal, como crear alternativas un día después de la pompa y la parafernalia del cambio de presidente, es la mejor señal de que si hombres y mujeres nos unimos -en plena igualdad de propuestas, decisiones y luchas-, el mundo no sería el mundo deprimente en que vivimos. Mediante las luchas compartidas, podemos pasar del negro escenario a un escenario multicolor (el de las diversidades), con fondo rosa. El color de la vida y la esperanza.


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