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Por: Sebastiá Barrufet Rialp

El Kremlin podría tener información comprometedora sobre la vida privada y financiera del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, al que según un informe no verificado se le relaciona con prostitutas y una perversión sexual durante uno de sus viajes a Moscú. Dicho informe, no contrastado y publicado por varios medios de comunicación, estaría en manos de las agencias estadounidenses de inteligencia, que habrían alertado al presidente electo. Sin embargo, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha negado estar en posesión de este informe, que varias fuentes ya han calificado de falso.

Trump vive su semana, pero su política puede resumirse en una palabra: No. No ha tenido relación con Rusia, no va a publicar su declaración del IRPF y no va a renunciar a construir el muro en México. En lo único en lo que Trump cedió, pero solo un poco, fue en admitir que Rusia entró en los servidores del Comité Nacional Demócrata para sustraer información dañina para la candidata demócrata a la Presidencia, Hillary Clinton. «En lo que respecta al hackeo, pienso que fue Rusia», dijo. Pero, a continuación, matizó sus palabras. «A EE. UU, lo hackea todo el mundo. Eso incluye a China y Rusia y a todo el mundo», dijo Trump, en un nuevo ejemplo de su tendencia a hablar de China -un país que, al igual que México y Japón nos estafa- cuando se le pregunta por Rusia.

En China ya advierten que si el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, continúa con su política desafiante basada en bloquear el acceso de Beijing a las islas del mar de China Meridional requeriría que los Estados Unidos tengan que librar una guerra. El diario estatal chino Global Times, publicó un duro editorial donde consideran que «deberían pensar en prepararse para un enfrentamiento militar» si Estados Unidos implementa el bloqueo tal como lo anticipó el secretario de Estado Rex Tillerson.

«Tillerson debería ilustrarse sobre las estrategias de potencias nucleares si quiere forzar a una gran potencia nuclear para retirarse de sus propios territorios», expresa la editorial, en respuesta los dichos del funcionario estadounidense durante su comparecencia ante el Senado, donde aseguró que Washington no le permitirá a China acceder a las islas del Mar de China Meridional. El diario, considera que «a menos que Washington planee lanzar una guerra a gran escala en el Mar de China Meridional, cualquier otro método para evitar el acceso chino a esas islas será estúpido».  «Justo en el momento en que Filipinas y Vietnam intentan entibiar sus relaciones con China, las palabras de Tillerson no podrían ser más irritantes», opina Global Times.

Theresa May celebró el impulso al Brexit de Donald Trump. En declaraciones a The Times, el presidente electo vaticinó que la salida de la UE «tendrá al final un efecto muy positivo» para el Reino Unido y se ofreció para llegar a un acuerdo comercial» por la vía rápida en cuanto se consume la ruptura. Damos la bienvenida al compromiso del presidente electo para trabajar junto al Reino Unido y llegar rápidamente a un acuerdo», declaró una portavoz de la premier británica el lunes. «Sus palabras destacan la oportunidad que se abre para el Reino Unido dejando la Unión Europea. Cuando la primera ministra visite Estados Unidos (el próximo mes de febrero), habrá obviamente ocasión para debatir este asunto». Las declaraciones de Trump, servidas en bandeja en The Times por el brexitero mayor y exministro de Justicia Michael Gove, ensancharon por horas los 33 kilómetros del Canal de la Mancha y alimentaron la hipótesis de un eje Londres-Washington, como contrapunto al eje Berlín-Bruselas.

No hay día que pase en el que no se añadan señales de que el mandato de Donald Trump va a someter las relaciones transatlánticas a una dura prueba. A las andanadas contra México y China, países a los que ha señalado como enemigos comerciales y amenazado con aranceles punitivos, el próximo presidente ha sumado ahora un duro ataque contra la Unión Europea y la OTAN. En ambos casos muestra un preocupante y peligroso desconocimiento tanto de la realidad europea como sobre los beneficios que para ambas partes ha tenido y tiene el compartir un espacio transatlántico abierto, seguro, libre y próspero.

Obama supo entender que una Europa unida servía mejor al interés de EE. UU. que una Europa dividida. Por eso pidió a los británicos que se quedaran en la UE y lucharan para perfeccionarla. Ahora tendremos en Washington un presidente que simpatiza con los eurófobos, alienta la división europea y alimenta la tensión transatlántica. Europa no puede seguir ignorando la evidencia, ni esperando que todo quede en nada. Debe expresar en voz alta su preocupación por la concepción del continente y el rumbo de las relaciones transatlánticas que dibuja Trump y hacer llegar a su Administración un mensaje nítido y rotundo sobre su determinación de actuar unida en defensa de los intereses de los europeos.


 

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