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editorial

Nuestro país está viviendo una tiranía: la tiranía del rumor. La mayoría de los ámbitos que componen la realidad nacional, se ven dañados por este fenómeno que afecta directamente a un elemento invisible pero de vital importancia: la verdad, es este tesoro que no pertenece a nadie, pero por el que todos estamos obligados a luchar.

El festival de rumores se establece en todos los círculos de la vida nacional: rumores de atentados, rumores de amenazas de pandilleros. Rumores de que las decisiones jurídicas se toman bajo criterios políticos. Puros rumores: Guatemala necesita eliminar de su dinámica cotidiana al rumor, pues las verdades a medias o mentiras completas, especialmente en la esfera de la gestión pública son cada vez más crecientes y destructivas.

El tema por demás serio, no deja de recordar a las alegres comadres de barrio que al bajar el canasto de ropa en el lavadero y tras los cordiales saludos vespertinos, inician la conversación con la temible pregunta: ¿Ya se enteró, Doña Chonita? El lenguaje corporal de ambas cambia radicalmente, permitiendo entrever una de las características más propias de nuestra idiosincrasia: la curiosidad manifiesta del guatemalteco y la efectiva acción del rumor, para asesinar a sangre fría la verdad, incluyendo honras y prestigios, sin el menor recato.

Con las recientes declaraciones públicas del Procurador de los DDHH, Jorge De León Duque, en relación con la llamada que hiciera el expresidente del Organismo Legislativo Mario Taracena al presidente de la República, para preguntarle a este si era cierto que era víctima de presiones mientras se encontraba fuera del país y tras las declaraciones de Taracena de que los rumores de la eventual gesta golpista, provenían de la vicepresidencia, se evidencian varios aspectos: la irresponsable vocación de esparcir el rumor alcanza a funcionarios y con cada ciudadano que aporta en el proceso de fragmentación de la verdad, su propia versión del rumor alcanza visos verdaderamente novelísticos y característicos del infantil juego del “teléfono descompuesto”.

Los medios de comunicación, los cuales deberían ser la vía para derrocar al tiránico fenómeno del rumor, son sus más efectivos colaboradores cuando la información que vierten no es confirmada con el rigor periodístico necesario, cuando, en lugar de investigar se especula; En la era de los medios masivos de comunicación resulta de vital importancia en la construcción de la democracia resaltar el papel de la verdad.

Colaborar en la difusión de un rumor, enemigo número uno de la verdad, no es propio de ciudadanos conscientes y comprometidos a la construcción de un mejor país. En tal sentido, cabe citar textualmente a Joseph Pulitzer, gran periodista del siglo pasado, quien en marcó en una certera frase el rango de influencia del gremio periodístico: “Una prensa cínica, mercenaria y demagógica producirá un pueblo cínico, mercenario y demagógico”.

En tal sentido, es preciso que cada ciudadano esté consciente de su papel en la construcción de la verdad. Y ese rol comienza renunciando a divulgar verdades a medias o mentiras completas. Ese papel representa ser críticos de la información que recibimos y más aún de la que divulgamos.


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