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Columnista

Estas líneas son escritas en memoria de las víctimas de la tragedia suscitada el día miércoles en el Hogar Seguro, Virgen de la Asunción, en San José Pinula. Hoy podemos y debemos sentirnos, consternados, molestos y tristes por lo sucedido, hoy estamos de luto.

La responsabilidad directa recae en el Estado que es quien se suponía debía cuidar de las niñas y niños, que no eran delincuentes, sino víctimas, se debe exigir el esclarecimiento del hecho, las víctimas, sus familiares y el pueblo guatemalteco lo merecen, no debe quedar en la impunidad.  La tragedia es muy grave pero es la consecuencia de actos de corrupción incrustados en el sistema.

La problemática es mucho más grave, cabe mencionar que el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, ya contaba con señalamientos por actos de corrupción y aberraciones contra las niñas y niños (abuso y explotación sexual, hacinamiento, etcétera), no es algo que no se supiera. Hoy empiezan los murmullos, las especulaciones, las hipótesis y el morbo a inundar las conversaciones, las redes sociales, sobre lo que provocó y cómo sucedió el hecho. Lo sucedido es de verdad una tragedia, pero como muchas otras tragedias pudo ser prevenida. Si no fuera una sociedad indiferente y deshumanizada, esto pudo evitarse, pues que la corrupción esté incrustada en el sistema, no es más que responsabilidad de los ciudadanos.

Lo sucedido es de verdad una tragedia, pero como muchas otras tragedias pudo ser prevenida.

Es muy común escuchar en conversaciones informales, “yo, ya no veo noticias vos“, “solo de muertos y violencia hablan”, “solo de políticos corruptos y nada hacen”.   Como ciudadanos se ha sucumbido a la violencia y a la corrupción, que están a la orden del día, la violencia ha deshumanizado a la sociedad y la poca, lenta y en ocasiones ausencia de la justicia nos ha hecho indiferentes. Hoy en día es muy común y frecuente, escuchar las sirenas de las ambulancias y cuerpos de socorro, tan común y tan frecuente, que ya pasan desapercibidas.

Al igual que los problemas sociales, que si bien podemos aportar como individuos, no podemos hacer frente solos, se necesitan una sociedad consiente, organizada y fuerte para hacerles frente.  Los problemas siguen siendo de los demás y no “míos”, mientras no afecten la actividad diaria, muchos siguen en sus burbujas, ignorando la realidad, o por lo menos tratando de ignorarla.

Como sociedad, se debe proteger a todos los integrantes de la misma, especialmente a los más vulnerables y necesitados. Y como ciudadanos se deben asumir  los deberes que ser ciudadano implica y que están muy bien establecidos en nuestra Constitución.  A las niñas del Hogar Seguro, Virgen de la Asunción, no las mató el fuego, las mató la indiferencia.


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