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El culto a la mentira

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#Catarsis

Seamos honestos, por más que hablamos de la verdad y la justicia como fines últimos de una sociedad, la gran mayoría de personas prefiere vivir en una sociedad basada en la mentira y la injusticia, me explico. La verdad es dura, es difícil y de bonita no tiene nada, pero los seres humanos tenemos una tendencia a idealizar a las personas y al mundo en el que vivimos, por lo tanto, es mejor engañarnos que aceptar la verdad, la vida se vuelve más tolerable, más fácil, más llevadera, más bonita.

Pongamos un ejemplo bastante ordinario, la persona que es engañada por su pareja en un alto porcentaje, prefiere hacerse el tonto que aceptar la verdad, ¿por qué? Porque al aceptarlo se le viene el mundo abajo, la mentira en la que vive se le desmorona, por lo tanto, es mejor continuar en negación e ignorar la verdad. Lo mismo nos pasa con los políticos, estamos acostumbrados a vivir en la mentira. Durante las campañas sabemos que nos mienten descaradamente, ¡nadie puede erradicar la corrupción! Puede minimizarla y puede enviar a los responsables a la cárcel, pero ¿erradicarla? A menos que sea un psicópata y tenga pensado acabar con la raza humana, es imposible que lo logre. Sin embargo, cuando una persona honesta dice que trabajará arduamente por minimizar la corrupción, no saca un solo voto, queremos creer que existe un superhombre capaz de eliminar la corrupción de nuestras vidas. Por lo tanto, el político más mentiroso y demagogo lleva de entrada la delantera y de esta forma el resto de los candidatos cae en la trampa y se dedican a engañar y a mentir. Hacen promesas de campaña que no podrán cumplir, pero que todos deseamos creer, porque sus promesas exaltan el corazón de los votantes, ¿quién no quiere vivir en un mundo mejor?

El problema es que cada vez son más las personas que se dedican a propagar mentiras, muchos medios de comunicación se han vuelto expertos en manipular la verdad, dándole prioridad a la mentira. Sólo tienen que mentir, aunque luego se pruebe que era falso, a la gente eso ya no le interesa, la mentira los hizo sentir mejor.

La justicia, que debe juzgar en base a hechos y no a circunstancias e ideales, está cayendo en esa vil trampa. Hoy día sólo falta decir una mentira y convertirla en noticia para que el resto la repita sin dedicar un minuto a analizarla. Es la verdad la que hay que probar y lo más seguro es que, aunque salga a la luz la verdad, la mayoría preferirá la mentira.

Hace poco hablaba con un amigo y él no ve mal que los jueces condenen sin evidencia, —¡Son culpables y todos lo sabemos! — me decía. Sí, lo sabemos, pero no podemos probarlo y sin pruebas no hay evidencia y sin evidencia no hay delito, ¿Es tan difícil de comprender? ¿Estamos dispuestos a sacrificar la justicia para validar nuestras creencias? Nos estamos convirtiendo en instrumentos de quienes ostentan o desean el poder. Quien acusa debe de probar la culpabilidad del acusado, pero la presunción de inocencia está muerta y ahora le toca al acusado probar su inocencia y desde el momento en el que se le acusa, es considerado culpable. Lo vemos en nuestro país y lo vemos en países del primer mundo, un chisme, una acusación falsa y tu vida ser acabó.

¿Cómo llegamos a esto? No quiero sonar moralista, pero sucedió en el momento que los valores se perdieron, en el momento en que comenzamos a rendirle culto a la persona y olvidamos los principios que han regido el mundo desde el inicio de los tiempos, repitiéndose en todas las sociedades y culturas. Dejamos de temer, temer el castigo y las consecuencias. Para alguno el castigo era moral, para otro religioso y para otro legal. Pero eso se acabó cuando al criminal lo convertimos en víctima y justificamos las acciones del delincuente. La verdad siempre nos va a incomodar, pero es preferible a rendirle culto a la mentira y vivir en el engaño.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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