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#ZonaGamer: Assassin’s Creed Odyssey

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Desde el principio en la saga Assassin’s Creed nos hemos acostumbrado a, como jugadores, ser un pasmarote que observa las conversaciones sin poder participar en ellas. Sí, nuestro personaje ha hablado siempre, no era precisamente Gordon Freeman, pero nuestra opción de escoger qué decir nunca había existido. A Odyssey, de hecho, se le ha acusado de ser un juego demasiado continuista respecto a Origins, su predecesor del 2017, sin embargo presenta el mayor salto narrativo que la franquicia de Ubisoft ha vivido hasta ahora. Hablo, por supuesto, de la posibilidad de escoger qué es lo que dice nuestro héroe o heroína en cada situación, algo que después comprobaremos cómo cambia y a qué obliga al jugador.

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Pero la semilla de la duda ya está sembrada, ¿ha salido demasiado apresuradamente este Assassin’s Creed: Odyssey respecto al lanzamiento el año pasado de Assassin’s Creed: Origins? A esa pregunta es una de las que tengo pensado contestar en este análisis, ya que soy consciente de que es la cuestión que asalta la mente de muchos aficionados que asistieron con alivio al hecho de que la serie descansara en 2016 antes del lanzamiento del estupendo videojuego protagonizado por Bayek. Un año de “parada” que sentó muy bien a la saga de cara a incorporar novedades, y a iniciar el acercamiento de ésta a los toques RPG que estamos viendo en estas últimas entregas y que van un paso más allá en esta ocasión.

La Antigua Grecia le sienta muy bien a Odyssey a nivel visual, y es que el retrato de las ciudades del pasado sigue siendo un pilar de desproporcionado éxito para la IP de Ubisoft. Pero, ¿y el resto? Te lo cuento a continuación en el análisis.

 

Juego de Decisiones Assassin’s Creed Odyssey quiere que sepas que estás al mando desde el principio y, tras el clásico prólogo (muy peliculero, por cierto, pero perfecto para meternos en su mundo), lo primero que nos obliga es a escoger qué personaje queremos llevar. Alexios o Kassandra, las dos caras de una misma moneda, una historia familiar que sólo cambia en algunos aspectos concretos en función si elegimos uno u otro personaje y que, en esencia y salvo esos matices, es virtualmente idéntica sin importar a quién seleccionemos.

Así que puede ser interesante pasarse una segunda vez el título con el otro protagonista para comprobar cómo son esas modificaciones. Como siempre en estos casos disculparéis que prefiera no entrar en detalles para evitar spoilers pero, insisto, tanto en habilidades y estilo de combate como en la mayor parte de la faceta argumental la experiencia es la misma.

Porque al fin y al cabo lo que le interesa al videojuego es que dibujemos nuestro camino a través de todos los nodos relevantes de decisiones que hay a lo largo de la aventura. Cada conversación del juego nos obliga a escoger en al menos una ocasión qué dirá nuestro personaje, a menudo bastantes más, y eso puede suponer desde tomar decisiones como aceptar o no una misión o ir más allá y escoger una vía que acabe afectando al hilo argumental. Para esto último hay cerca de 30 puntos a lo largo de la aventura donde lo que decidamos va a suponer cambios drásticos sobre lo que acabe sucediendo, y eso puede desembocar en hasta nueve finales distintos.

Eso es lo que provoca el juego en un aspecto mas numérico y tangible, pero el efecto implícito es que por fin hay que prestar atención a las conversaciones. Conozco a más de uno que me cuenta que es muy aficionado a la saga Assassin’s Creed pero que disfruta de sus entregas móvil en mano para que, cuando lleguen las cinemáticas, estar con un ojo en la pantalla y con el otro en WhatsApp o en Twitter. Eso es inviable en ACO, un videojuego donde hay que prestar atención a cada charla si queremos tener una experiencia coherente y en la que realmente suceda lo que deseamos. ¿Por qué? Te lo cuento.

En la historia de la campaña somos un mercenario espartano que viaja por toda Grecia en busca de aventuras, sí, pero también tras la verdad que oculta su convulsa familia. De hecho, es la parte más interesante de una narrativa que no pierde oportunidad de abordar otros temas como el de una Grecia en constante tambaleo por los enfrentamientos entre facciones, los rigores de una democracia que comienza, la llegada de enfermedades como la peste o las habituales traiciones e intrigas palaciegas que han venido caracterizando a la serie. Todos ellos algo más confusos que el hilo argumental más intimista y, al mismo tiempo, el más centrado. Uno que es fantástico y que nos mantendrá intrigados queriendo saber qué pasará a continuación. La mayoría de decisiones importantes acaban repercutiendo sobre ese arco narrativo, pero además hay otras muchas por el camino sobre otros temas para decidir en momentos determinados quién vive y quién muere, o de qué lado nos posicionamos. ¿En resumen? Hay que estar atentos.

También hay que estar pendientes de las conversaciones si optamos por el Modo Exploración, una alternativa que nos presenta el videojuego si deseamos optar por hacer que nos de menos pistas de cara a completar las misiones. ¿Harto de que te digan dónde ir o qué hacer de forma directa? Aquí los marcadores del mapa y los direccionales no están tan presentes, directamente desaparecen, así que hay que prestar más atención a lo que nos dicen e interrogar a nuestros interlocutores sobre hacia dónde hay que dirigirse. “Está cerca de X estatua”, “está al sur de X posición”, “busca X objeto para orientarte”… Pistas interesantes que suman al juego esa capa de exploración tan fantástica que, junto a la belleza de los entornos, redondea una faceta de descubrimientomuy agradable. Una alternativa muy buena que podemos complementar con el estilo más clásico siempre que lo deseemos, puesto que alternaremos entre uno y otro con sólo activarlos o desactivarlos en el menú de opciones.

En definitiva, este es el gran avance. El gran salto de Assassin’s Creed Odyssey es el de apostar por una narrativa en la que tenemos opción de decidir qué es lo que va a pasar. Espero que esta sea una línea que siga gozando de más y más profundidad en entregas venideras de cara a definir más a nuestro personaje con nuestras elecciones, y todavía hay algunos elementos que mejorar como, por ejemplo, lo tocante a nuestra labor como mercenarios y a un salto de un bando a otro que puede resultar más bien poco claro en algunos elementos. Sin embargo, como primer paso para este tipo de experiencia en la franquicia me parece un comienzo de lo más ilusionante.

¿Qué Hacer en Grecia?Y ese comienzo es uno que nos garantiza más de 40 horas de entretenimiento si nos centramos únicamente en hacer avanzar la historia, una cifra que es fácil duplicar o triplicar si nos dedicamos a todo lo que rodea al hilo principal. No mentía Ubisoft cuando aseguraba que Assassin’s Creed Odyssey es el juego más grande de la saga hasta ahora, y es que la cantidad de cosas que hacer que podemos encontrar en él es realmente descomunal. El que compre este lanzamiento sabe que tiene entre manos un divertimento con el que estar entretenido mucho, mucho tiempo aunque, como suele suceder en estos casos, eso provoca enormes desigualdades en el contenido que oferta.

Es habitual en estas circunstancias que lo mejor sean las misiones principales, no en vano es la parte más relevante y en la que los estudios se suelen volcar. Por supuesto, es lo que sucede con un Odyssey que ofrece ahí sus más potentes réditos. No esperes, no obstante, que el juego ponga patas arriba el estilo de la serie, más bien todo lo contrario. Es muy conservador en este ámbito y se apoya en asesinatos, algo de investigación y bastantes objetivos de recadero que nos llevarán de acá para allá. No obstante, y junto a ese anteriormente mencionado estilo de exploración y al hecho de que hagan avanzar la narrativa en la dirección que deseemos, sí que son elementos que pueden conseguir cierta frescura en la experiencia del jugador.

Pero también hay un montón de contenido secundario muy cuidado. Hay muchas cosas que hacer que nos dan los personajes que vamos conociendo y que pueden tener repercusiones de muy distinta índole, incluso algunas que pueden desembocar en historias de amor, y que alguna que otra vez llegan a traer consigo algunos puzles de dificultad escasa pero efectivos para mantener nuestro interés.

Así mismo, me gustan otras alternativas curiosas que oculta el videojuego como, por ejemplo, el asesinato de los mercenarios. Están vinculados a nuestro nivel y al grado de “ruido” que estemos haciendo. Es la forma que tiene Assassin’s Creed Odyssey de castigarnos si no somos sigilosos y discretos a la hora de llevar a cabo nuestras acciones, y nuestras misiones empiezan a terminar con incontables regueros de muerte. Veremos cómo empieza a llenarse un marcador de llamativo color rojo en la parte inferior derecha de la pantalla y, conforme más alto esté más desafiante será el reto de mercenarios al que nos enfrentemos. ¿Cómo reducirlo? O pagando una multa, más o menos severa en función de nuestro grado de amenaza, o plantando cara a esos mercenarios que cuentan con su propia pestaña en el menú de personaje y que son una fenomenal selección de rivales que aparecerán siempre en el momento menos deseado para hacernos más difíciles las escenas de acción. Son 41 titanes del enfrentamiento que casi siempre aparecen en un nivel superior al nuestro, y que están divididos en nueve rangos en función de su fiereza.

Hay una segunda vía para dar rienda suelta a nuestras dotes asesinas: Los miembros del culto Aquí quiero contarte lo menos posible para no desvelarte nada importante del argumento, sin embargo sí te puedo adelantar que son una serie de figuras de carácter anónimo que tenemos que desenmascarar para poder acabar con ellas. Son 39 personajes que se ocultan en la Grecia Antigua y que iremos descubriendo en base a pistas que descubriremos durante nuestras aventuras. No es especialmente desafiante acabar con ellos, unos están mejor protegidos que otros, pero lo más divertido es el proceso de descubrimiento e investigación que hay tras cada uno de ellos. ¿El tercer canal de distracciones importante? Prefiero ocultarlo por completo para no caer en spoilers, aunque si has ojeado los contenidos del pase de temporada de Assassin’s Creed Odyssey ya tendrás una pista de por dónde van los tiros. Aún queda uno más, las conquistas, seguramente la más irregular en cuanto a interés, no sólo por resultar algo confusas sino por haber quedado las grandes batallas reducidas a una forma de combate en la que peleamos contra un puñado de enemigos y el resto está a nuestro alrededor haciendo poco más o menos que de atrezzo.

Todo eso acaba consolidando muchas cosas que hacer en el universo de Odyssey, sin embargo también hay muchas más, aunque las restantes son menos trabajadas. Por ejemplo, mucho menos estimulantes tanto desde el punto de vista propiamente jugable como desde el de los premios que ofrecen son las denominadas Recompensas y Contratos. Se suele abusar del término del “contenido de relleno”; de hecho, es una acusación que se le ha echado en cara a casi cualquier videojuego de mundo abierto imaginable y no siempre es justo hacerlo. Sin embargo, pocas veces había sentido tanto esa sensación como con algunas partes bastante descuidadas de Odyssey.

Por ejemplo, todos estos encargos accesorios que, además, no tenían ninguna necesidad de estar ahí puesto que el juego ya ofrece muchas cosas estupendas que hacer y con las que se podría haber rozado ya el centenar de horas de duración sin necesidad de recurrir a esto. ¿De qué hablo? Recompensas por matar a un soldado en una determinada región, sin muchas explicaciones, un tipo despechado que nos pide que asesinemos a un civil en plena calle. O un médico que nos pide que llevemos hierbas a alguien que lo necesita a 200 metros… Misiones que se pueden solventar en dos o tres minutos y que sólo sirven para dar un plus de puntos de experiencia. Ni son divertidas, ni eran necesarias. El inconveniente de querer contentar a todo el mundo y desear ofrecer cientos de horas de duración a cualquier precio.

Todo eso acaba consolidando muchas cosas que hacer en el universo de Odyssey, sin embargo también hay muchas más, aunque las restantes son menos trabajadas. Por ejemplo, mucho menos estimulantes tanto desde el punto de vista propiamente jugable como desde el de los premios que ofrecen son las denominadas Recompensas y Contratos. Se suele abusar del término del “contenido de relleno”; de hecho, es una acusación que se le ha echado en cara a casi cualquier videojuego de mundo abierto imaginable y no siempre es justo hacerlo. Sin embargo, pocas veces había sentido tanto esa sensación como con algunas partes bastante descuidadas de Odyssey.

Por ejemplo, todos estos encargos accesorios que, además, no tenían ninguna necesidad de estar ahí puesto que el juego ya ofrece muchas cosas estupendas que hacer y con las que se podría haber rozado ya el centenar de horas de duración sin necesidad de recurrir a esto. ¿De qué hablo? Recompensas por matar a un soldado en una determinada región, sin muchas explicaciones, un tipo despechado que nos pide que asesinemos a un civil en plena calle. O un médico que nos pide que llevemos hierbas a alguien que lo necesita a 200 metros… Misiones que se pueden solventar en dos o tres minutos y que sólo sirven para dar un plus de puntos de experiencia. Ni son divertidas, ni eran necesarias. El inconveniente de querer contentar a todo el mundo y desear ofrecer cientos de horas de duración a cualquier precio.

La mecánica es agradable y funciona, con unos controles que responden adecuadamente y que encuentran en las siempre necesarias combinaciones de botones la mejor forma de acomodar la enorme cantidad de cosas que podemos hacer y de estilos que simultanear. Tenemos hasta dos tipos de armas cuerpo a cuerpo que tendremos equipadas al mismo tiempo y entre las que alternar con sólo pulsar un botón de la cruceta algo que, como en su antecesor, nos permite enorme versatilidad para el rango cercano. ¿Nos interesa la distancia? El algo desproporcionado poderío del tiro con arco nos permite guardar cierta distancia contra los enemigos más poderosos, y alternar también entre varios tipos diferentes de flechas en base a lo que queramos hacer

Al final los problemas con la inteligencia artificial que vienen acusándose en la saga prácticamente desde sus orígenes han venido mostrando algunas pequeñas correcciones y mejoras con el tiempo, pero seguramente no las suficientes como para hablar de que en el año 2018 el comportamiento de los enemigos es el adecuado. Son bastante torpes y siguen atacando por turnos en demasiadas ocasiones, contando además con algunos problemas de visión y escucha en las secciones de sigilo. Es grave pero no es demoledor para la diversión, siempre podemos subir el nivel de dificultad entre los cuatro disponibles si queremos más reto o sencillamente enfrentarnos a objetivos de niveles muy superiores si deseamos pasar un mal rato, sin embargo da rabia que escenas de acción muy bonitas estéticamente y muy espectaculares jugablemente se vean afeadas por actitudes erráticas por parte de nuestros enemigos.

De todas formas, Ubisoft Quebec se ha dado cuenta de que algunas cosas de su predecesor no funcionaban como, por ejemplo, los combates a caballo y los ha minimizado hasta hacerlos prácticamente desaparecer. Podemos combatir a lomos de nuestra montura, sí, pero siempre es más interesante y cómodo hacerlo con los pies en el suelo. ¿Otro ejemplo de mejora? Había un componente importante de batallas navales en Origins; y se ha recogido, se ha condimentado con las nociones generales de libertad marina de Assassin’s Creed IV: Black Flag y se ha conseguido una receta espectacular que es de las que mejor funcionan de todo el videojuego.

No sólo porque explorar el mar (además de lo que se esconde bajo sus aguas en cualquier momento) y las islas que lo salpican aportan un componente de descubrimiento maravilloso. Algo que entronca perfectamente con ese espíritu de Odisea que no sólo va explícito en el nombre del juego, sino que también se transmite a una sensación de aventura constante que nos hace vernos como una versión virtual de Homero o Jasón, y que nos depara las mejores sensaciones del programa. Además, todo lo que podrías esperar de las batallas navales está presente. Enfrentamientos con arqueros y lanzadores de jabalinas desde la cubierta, envestidas monumentales capaces de partir por la mitad a un buque enemigo, abordajes algo toscos en lo jugable pero muy efectivos… Hay mucho y muy bueno que hacer en altamar, y todo lo que sea enriquecer la tradición de tierra firme de la IP me parece muy positivo y muy adecuado para insuflar versatilidad.

El barco se puede mejorar si invertimos suficientes materiales y recursos en las nueve disciplinas en las que podemos hacerlo progresar, pero me ha resultado particularmente curioso el hecho de que podamos contratar hasta a cuatro lugartenientes para incrementar sus prestaciones en mayor medida. Gente que son bonus de determinadas misiones, por ejemplo, pero que también puede ser cualquier enemigo que, tras estudiarlo con nuestra ya inseparable águila, nos parezca lo suficientemente poderoso como para poder contribuir de alguna manera a nuestra tripulación. Una vez sometido, que no asesinado, podremos sumarlo a nuestro equipo.

Claro que donde más tiempo vamos a pasar haciendo evolucionar algo es con nuestro propio personaje, con un árbol de habilidades compuesto por más de 30 elementos que desbloquear manualmente, y potenciar en hasta tres estadios en su mayoría, y otros nueve más que se van liberando conforme avanzamos en la aventura. La serie Assassin’s Creed siempre se ha basado en plantearnos problemas, como un asesinato público o la limpieza de un fuerte enemigo, y ofrecernos una serie de herramientas para solventarlos a nuestro gusto. En ese sentido, Odyssey no decepciona y ofrece muchas alternativas que podemos dividir entre las pasivas y, además, las activas que equiparemos hasta en ocho (cuatro de carácter cuerpo a cuerpo y otras tantas a distancia).

Llamar a Assassin’s Creed Odyssey Action-RPG sería muy arriesgado, desde luego, pero tiene ese gen tan adictivo de ese género que es el de provocar que estemos deseando subir de nivel para poder acceder a tal arma que tenemos guardada en el inventario hasta tener el nivel adecuado o un determinado blindaje que nos hará enormemente resistentes. Eso lo borda, y tiene un ritmo muy cuidado para que estemos siempre pendiente del panel de inventario para ver qué podemos ir utilizando de todo lo que hayamos recolectado en nuestros viajes. El esquema es muy parecido al de Origins, con nueve disciplinas de equipo para el personaje (desde yelmos a petos, pasando por las mencionadas armas, botas o cinturones) y, además, una Lanza de Leónidas que también iremos haciendo progresar y que es el gran catalizador a la hora de desbloquear nuevas secciones del propio árbol de habilidades. Todo esto, como digo, funciona como un reloj suizo, y hará que se nos pase en un suspiro los algo menos de 40 niveles que debemos alcanzar con ciertas garantías para terminar la campaña, y llegar hasta el tope de 50 niveles que serán necesarios para afrontar los mayores y más increíbles desafíos que se ocultan en islas de otro modo prohibitivas como Lesbos o Quíos.

Viaje al PasadoCuando tienes a juegos tan espectaculares visualmente como Assassin’s Creed 2 o el propio Assassin’s Creed Origins es una afirmación aventurada el decir que tu título es el más bonito de la saga Assassin’s Creed. Sin embargo, la frase de Ubisoft Quebec es cierta al 100%, y es que amparados por una dirección artística preciosa han conseguido labrar un videojuego realmente impactante en lo visual. Lo es, principalmente, gracias a un buen gusto formidable a la hora de escoger los colores, elegir la luz que se va a usar y, como siempre, de plasmar las construcciones clásicas de la época y el lugar abordados y convertirlos en un fenomenal tour de force estético que nos traslada directamente a la Antigua Grecia.

En primera instancia un vistazo rápido a la parte técnica nos puede dar la sensación de que es un lanzamiento virtualmente idéntico al de su antecesor, el propio Origins del año pasado, sin embargo echando un vistazo más en profundidad nos damos cuenta de que no sólo el juego saca mayor partido a las versiones potenciadas de las consolas actuales, PS4 Pro y Xbox One X, sino que también mejora algunos elementos como la distancia de dibujado o esa carga poligonal muy superior necesaria para mover con la fluidez que muestra unos entornos mucho más cargados de vegetación que los casi siempre desérticos parajes naturales de su predecesor.

Conscientes como son en Ubisoft del aspecto divulgativo que puede tener su obra se vuelcan cada vez más en el aspecto cultural. Al hilo de esto un elemento curioso, que de hecho cada vez va a más en la serie, es el volcarse en darnos a conocer cosas de la forma de vida de la época y enseñarnos muchos aspectos culturales. Con un telón de fondo tan espectacular como el de la Antigua Grecia hubiera sido un crimen no hacerlo, tanto como con cualquiera de las ambientaciones anteriores. Así que es habitual que Barnabás, nuestro lugarteniente de la Adrastea (nuestro barco), nos de nociones sobre el sitio en el que desembarcamos, o que sutilmente alguna misión aproveche para explicarnos a través de nuestros interlocutores aspectos muy interesantes sobre cómo funcionaba la todavía rudimentaria democracia ateniense o conceptos tan fascinantes como el del exilio. Todo ello, como digo, muy bien integrado y realmente apasionante de descubrir y dar a conocer.

Así que hay muy poco que reprocharle al videojuego en cuanto a los paisajes, que me parecen realmente impresionantes y que más de uno se sorprenderá pasando mucho tiempo con el Modo Foto inmortalizando sus impactantes estampas o, sencillamente, paseando a vuelo de águila por sus alturas. Y tampoco se pueden decir otra cosa que no sean alabanzas sobre el retrato general de Grecia. Sin embargo, la calidad de todo lo relacionado con los decorados y con el mundo que nos rodea hace más dolorosa la comparación con los personajes que moran su universo, bastante más descuidados. Los modelados están bien, son los adecuados para un videojuego de mundo abierto de los tiempos que corren, pero las animaciones siguen dejando esa sensación rara de quién lleva demasiado tiempo usando determinado abanico de movimientos incorporando sólo algunos detalles y algunas mejoras en el encadenado a lo largo del tiempo. En el frenesí de un combate es difícil darse cuenta de que algo falla, todo da una sensación fluida, pero con la navegación del protagonista por los escenarios o con la observación de los civiles que nos rodean el resultado no es tan boyante.

Además, Odyssey es un juego que por su carácter fuertemente narrativo emplea muchos primeros planos para las conversaciones. Nuevamente las conclusiones son las mismas, los modelados están bien para los personajes principales y secundarios, pero va dejando más que desear a medida que nos acercamos a personas que tengan un paso más testimonial por la campaña. Lo que todos ellos tienen en común es una falta de expresividad en sus movimientos y gestos faciales cuando hablan, con algunas acciones notables y otras bastante más robóticas.

Si hablamos del sonido, el juego sigue atesorando las principales virtudes de las que hace gala cualquier superproducción de carácter Triple-A de manos de Ubisoft. La banda sonora es estupenda, con una gran selección de temas para su score propio aunque quizá con menos variedad que las composiciones del juego anterior. Los efectos de sonido están a la altura de lo que esperamos de un juego de estas características, y el juego viene doblado al castellano íntegramente como viene siendo costumbre por parte de la compañía gala. ¿Qué supone esto? Que un juego de estas dimensiones tiene un nivel desigual, lógicamente. Las voces de los personajes principales y secundarios en líneas generales son de sobresaliente, incluso con algunas voces fácilmente reconocibles del cine y guiños fantásticos como el hecho de que el personaje de Leónidas cuente con la voz de su actor de doblaje en España para 300: Jordi Boixaderas, habitual de Gerard Butler. Lamentablemente, los personajes que tienen una presencia mucho menor tienen unas voces mucho más desiguales, algo lógico por otro lado.

Con información de 3djuegos.com

 

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