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Conquistando los temores

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Los temores pueden paralizarnos e impedir que muchas veces alcancemos nuestros objetivos. Generalmente generan sentimientos de alarma, miedo e intranquilidad. En su uso más frecuente, el temor es un sentimiento de inquietud o angustia provocado por un peligro real o imaginario, acompañado por un vivo deseo de escapar o evitar aquello que puede dañarnos o provocarnos dolor.

El temor puede ser saludable hasta cierto punto, ya que muchas veces funciona como un estímulo en el cumplimiento del deber. Por ejemplo, la Biblia menciona que “el principio de la sabiduría es el temor a Jehová”. Aunque Dios es amor y nos ama con amor eterno también aborrece el pecado y por lo tanto Él aclara que los sabios son aquellos que se apartan del mal camino y transitan sus sendas de justicia y amor.

El temor a Dios no implica tenerle miedo; sino significa que Dios nos ama y anhela lo mejor para nosotros; y su única intención es brindarnos una vida en abundancia llena de su paz, gozo, amor, y bendición. Por ejemplo, como padres terrenales disciplinamos a nuestros hijos cuando se portan mal; y es precisamente el temor a esa disciplina, lo que hace que nuestros hijos se alejen de las malas acciones. De forma similar es “el temor a Jehová”, debemos temer a su disciplina, no porque sea malo, sino porque Él conoce las consecuencias del pecado, y quiere evitarnos vivir una vida nefasta.

Proverbios 8:13 dice que “el temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa”. Debido a que Adán y Eva ignoraron el “temor a Jehová” es que la humanidad ahora se encuentra viviendo en un mundo donde hay enfermedades, muerte, maldad e injusticia. Esa rebeldía o desobediencia de los primeros habitantes de la tierra es lo que generó una tierra imperfecta sin el gobierno de Dios, ni todos sus beneficios.

La Biblia menciona dos tipos de temores: el primero, mencionado anteriormente, que es provechoso y debe ser fomentado porque conlleva a muchas bendiciones y beneficios; y asimismo se le da reconocimiento a Dios como nuestro padre y a su palabra como la única verdad que realmente nos proporciona una vida con propósito aquí en la tierra y nos otorga una vida eterna en su reino. El segundo es un temor que nos limita y roba nuestras bendiciones y debe ser confrontado y conquistado.

Después de la muerte de Moisés, Dios le encomendó a Josué la tarea de guiar a su pueblo hacia la tierra prometida. Aunque Josué había sido entrenado por Moisés, y contaba con el apoyo de Dios, él se llenó de temor. La rebeldía del pueblo de Israel, los desafíos de guiar a millones de personas en el desierto, la decena de enemigos que confrontarían, y la tarea de batallar con muchos obstáculos lo hicieron llenarse de temor.

Más sin embargo, Dios le recordó sus promesas y le mando a que se esforzara y que fuera valiente; a que no temiera ni desmayase, porque Él estaría con él a dondequiera que el fuera. Por eso Josué logro realizar todo aquello que parecía imposible. Sus grandes proezas y la conquista de la tierra prometida fue posible porque conquistó sus temores a través de la Palabra de Dios. Aunque nuestra situación es diferente a la de Josué, las promesas y los principios que él aplicó siguen vigente hasta el día de hoy.

La clave para vencer el temor y ser valientes ante los obstáculos y las tareas difíciles radica en reflexionar diariamente en la Palabra de Dios, en creer en su promesa para aplicarlas confiadamente en nuestro diario vivir. Cuando creemos en el Señor y confiamos en su Palabra en lugar de en nuestros sentimientos, Él nos dará la capacidad y el valor que necesitamos para enfrentar nuestros temores y conquistarlos.

La Biblia nos alienta diciendo: “Porque Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.” Es decir, que la voluntad de Dios no es que estemos angustiados y afligidos por los temores, sino que nos enseña que conquistarlos es una hazaña posible para todos los que ponen su confianza en Él y sus promesas.

El temor es un sentimiento incómodo de miedo, una alarma interna que se activa en nosotros cuando enfrentamos un peligro inminente, nos sentimos amenazados, o impotentes de cambiar o evitar una situación adversa. Mientras que la valentía es la calidad mental o espiritual que nos permite enfrentar el peligro, la oposición o los desafíos de la vida con audacia, calma y firmeza.

Acudir a Dios en los tiempos más oscuros, sabiendo que su amor perfecto echará fuera todo temor, y que Él nos defenderá y guardará en todo tiempo producirá la confianza de no temerle a las cosas que vengan contra nosotros. Dios es un padre bueno, que ama a sus hijos y anhela darles a sus hijos cosas buenas. Por eso el salmista David elevó este cántico de agradecimiento “…alégrense todos los que en Ti confían. Den voces de júbilo para siempre, porque Tú los defiendes. En Ti se regocijen los que aman Tu nombre.”

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