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La conducta mentirosa de los políticos

#Poptun

La mentira es una conducta moralmente reprochable porque quebranta el principio de confianza en una relación social.  Desafortunamente la mentira está presente en nuestra vida diaria.  Sin embargo, una mentira de un individuo en el ámbito privado, se gana el reproche de las personas cercanas, pero una mentira por parte de burócratas trasciende y provoca afectación a miles de terceros.

Muchos políticos y funcionarios públicos de la actualidad aún se encuentran lejos de vivir con ética, hacen uso premeditado de mentiras construidas, lo que denota la falta de respeto, compromiso e importancia hacia el pueblo que los eligió. El discurso que los llevó al poder fue la promesa de combatir la corrupción, no obstante, el actuar de los integrantes de las distintas agrupaciones políticas en este momento desplegando el poder, sólo expone sus falsedades.

Considero que la crisis institucional actual provino de la falta de legitimidad de políticos, que sin mayores escrúpulos mintieron con ofrecimientos que al final constituyeron burdas tretas para obtener nuestro voto.

Un político mentiroso buscará la manera para evadir las normas y los mecanismos de control.  Vemos  ahora, muchos de ellos son señalados de acciones ilícitas, no obstante siguen aferrándose al cargo y haciendo cualquier artimaña para no rendir cuentas ante la justicia, lo que exterioriza la incoherencia entre lo manifestado al momento de campaña y las acciones demostradas en el ejercicio de su función.

El comportamiento mentiroso descarado está alojado en la clase política como un patrón de conducta generalizado.  Nosotros sabemos que mienten, pero seguimos votando por los mismos candidatos, en muchos casos por falta de opciones, otras porque somos tolerantes.  Lamentablemente en muchas oportunidades no reprochamos su conducta mentirosa, en cambio los adulamos, felicitamos, e incluso, hasta requerimos una fotografía a su lado.  Es decir, finalmente celebramos sus grandes mentiras.

Con el tratamiento de héroes o heroínas que proporcionamos a los políticos embusteros, no permitimos que se autoevalúen, replanteen y procedan éticamente para construir su honorabilidad.  Así no comprenden que para rescatar esa credibilidad ciudadana es necesario que efectúen un cambio en su forma de actuar.  Tampoco nosotros tenemos claro que el político mentiroso que no modifica sus acciones, constituye una amenaza a una gestión transparente y accede a perpetuar la podredumbre del sistema.

El político que no proporciona sus fuentes de financiamiento o el detalle de sus bienes o deudas, que no tiene identidad ideológica ni política y por eso es tránsfuga, o se rodea de personajes oscuros;  es un político mentiroso, y, sin lugar a dudas, su única intención para ascender al poder fue buscar su propio beneficio y el de los suyos. Si el político no cambia su forma de conducirse, no debe ser digno de nuestra confianza.

Como ciudadanos no continuemos homenajeando el comportamiento mentiroso de los políticos. Tenemos la tarea compleja de exigirle a la clase política que actúe éticamente y sometida al imperio de la ley, ejerciendo de forma transparente y rindiendo cuentas de su gestión, para que se ganen nuevamente nuestra confianza.

No permitamos que los políticos que desarrollan una función pública practiquen actitudes indebidas porque el origen de la corrupción sobreviene de la conducta deshonesta del actor público y la mentira es el ingrediente adicional para consolidarla. La ética pública aunque no es la panacea que resolverá todos los problemas que enfrenta la administración pública, si constituye una importante herramienta que sirve de contrapeso para combatir  la corrupción.  ¡Dile no a la mentira de los políticos!

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