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DEL TRANSFUGUISMO Y OTROS MALES

#Evolución

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El transfuguismo, entendido como el abandono que hace un diputado del partido por el cual fue electo para incorporarse a otro partido, generalmente por razones de conveniencia personal, es una práctica que recoge el desprecio generalizado de la población. A partir de las reformas a la ley electoral, decreto 26-2016 del Congreso de la República, se implementaron una serie de medidas que castigan y tienden a evitar esta práctica. En resumen, son la prohibición para que un diputado tránsfuga pueda optar a algún cargo dentro de los órganos del congreso y la prohibición a las organizaciones políticas y bloques legislativos de recibir o incorporar en sus filas a diputados tránsfugas.  Se ha cuestionado la constitucionalidad de éste último punto particularmente, en el sentido que atenta contra el derecho de libre asociación. Hoy en día, los diputados que ven reducidas sus posibilidades de migrar a otros partidos de cara al próximo proceso electoral, pretenden reformar o derogar las prohibiciones que ellos mismos se recetaron hace dos años, lo cual ha sido severamente criticado por la opinión pública como un intento de permitir de nuevo el transfuguismo.

El transfuguismo ha sido visto como una enfermedad despreciable y el debate se ha centrado en mantener o derogar prohibiciones de dudosa constitucionalidad; cuando en realidad el transfuguismo es más bien uno de los síntomas de un problema subyacente mayor y su cura definitiva radica en reformas de vital importancia a otros aspectos de la ley electoral. La verdadera causa del transfuguismo, y de otros tantos males, es el sistema de elección de los diputados mediante el mecanismo de representación proporcional de minorías o sistema d’Hondt establecido en el artículo 203 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos. La verdadera cura para el transfuguismo radica en eliminar ese sistema nefasto e implementar un sistema de elección uninominal.

La supervivencia de la especie política en Guatemala depende más bien de su capacidad de agenciarse de algún puesto o cargo público y seguir parasitando del sistema, que de llevar a cabo una labor fructífera que fuere reconocida y premiada por los electores. El único vehículo con el que el parásito político puede aferrase al sistema es el partido político. En ese sentido, la lealtad y subordinación del aspirante político es hacia el partido y su dueño; y nunca hacia sus “representados”. El mecanismo de representación proporcional de minorías potencializa las posibilidades de los partidos políticos, y más aún de los minoritarios, de obtener al menos una de las diputaciones posibles, sobre todo en distritos de magnitud alta como el Listado Nacional (32) y los distritos de Guatemala (19), central (11), Huehuetenango (10), San Marcos (9), Alta Verapaz (9), por ejemplo.  Lógicamente, para tener posibilidades reales el candidato debe encabezar el listado distrital o ubicarse en los primeros lugares del listado nacional. Los partidos políticos sufren el desgaste común y desprecio a la clase política, sobre todo si han hecho gobierno; y la oferta de partidos se reduce aún más con la reciente ola de cancelaciones de partidos por motivos de financiamiento ilícito.

La combinación de estos factores provoca que los diputados sean los primeros en saltar del barco con dos propósitos concretos en busca de su reelección. Uno, migrar hacia un partido con mejor perspectiva para la próxima elección; y dos, posicionarse en la casilla más alta asequible. Esto le da un enorme poder al dueño del partido político, quien decide el orden del listado; y, por consiguiente, el diputado se somete al partido y, como ya dije, nunca se debe a sus electores. Irónicamente, castigar las prácticas tránsfugas en la forma que se ha hecho solo acrecienta aún más el poder del dueño y la sumisión del diputado al partido. Puede, incluso, el diputado indeseable esconderse en un listado junto a otros candidatos con mayores preferencias entre los electores.

En un sistema de elección uninominal todos estos problemas se resuelven. Solo en un sistema de elección uninominal, cuando el ciudadano elige al único diputado de su distrito nominalmente, puede premiar al deseable quien representa sus ideales y castigar al indeseable, traidor a su ideología o partido, tránsfuga, inescrupuloso, carente de ideales o como se le quiera llamar. El transfuguismo y otros males son las consecuencias del sistema actual que solo se eliminarán implementando un sistema de subdistritos con votación uninominal.

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