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Erradicar la pobreza

Esta semana se conmemoró el día internacional para la erradicación de la pobreza. Un recordatorio para que, como país, trabajemos en un problema de fondo que tiene a Guatemala en condiciones extremas de vida.

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Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el mundo existen más de 800 millones de personas que viven en pobreza y pobreza extrema, bajo el estándar que significa vivir con menos de 1.25 dólares diarios. Pese que en la historia de la humanidad el mundo no se ha encontrado tan desarrollado de forma económica y tecnológica, como hoy lo vemos, la pobreza es una realidad latente. Lo vivimos de primera mano en Guatemala.

Es por ello que se necesitan estrategias gubernamentales encaminadas a reducir y erradicar la pobreza y la pobreza extrema, como una política de Estado. Sin embargo, no podemos ver este fenómeno como derivado de una situación económica. “La pobreza no es solo una cuestión económica. Por ese motivo, debemos dejar de observarla exclusivamente como una falta de ingresos. Se trata de un fenómeno multidimensional que comprende, además, la falta de las capacidades básicas para vivir con dignidad. La pobreza es en sí misma un problema de derechos humanos urgente y es a la vez causa y consecuencia de violaciones de los derechos humanos, pues se caracteriza por vulneraciones múltiples e interconexas de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y las personas que viven en ella se ven expuestas regularmente a la denegación de su dignidad e igualdad. Reducir la pobreza y erradicarla es por tanto una obligación de todas las sociedades.” (Naciones Unidas).

La incapacidad de los Estados de poder respetar y garantizar los derechos humanos es la causa medular por la que la pobreza se enraíza en una sociedad. Sistemas que no están diseñados para satisfacer necesidades del interés generalizados, si no que perpetúan un modelo del establishment.

Un claro ejemplo de cómo los sistemas están fallando lo vemos con la caravana de los migrantes hondureños, quienes han decidido afrontar una escapada de su realidad, que presumo no podrán encontrar más desalentadora de cara a su futuro, en búsqueda de esperanza. La gran mayoría de estas personas, con seguridad me atrevo a afirmar, carecen acceso a alimento, agua potable, servicios de saneamiento y su condición de vida dista mucho de una vida digna.

El problema de fondo está en que muchos países no han tomado en serio que la erradicación de la pobreza es la bujía para la implementación de estrategias que fomenten el desarrollo. Mientras las sociedades se polaricen por existir formas de vida desproporcionados en términos de igualdad, y no hablo solo del factor económico, sino de acceso a servicios básicos de vida, entonces se seguirá condenando a miles y millones de personas a que cuya concepción de vida pase por la simple supervivencia.

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