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Sin ilusiones, la problemática del déficit fiscal

#Sueños…

El mundo se estremece ante el avance de centroamericanos, especialmente hondureños, hacia la frontera con Estados Unidos, donde serán recibidos con brazos armados abiertos. Es la conclusión final de Estados fallidos, o repúblicas bananeras, con un sistema capitalista semifeudal. La “caravana de migrantes” clama ante los países intermedios, que padecen los mismos males: «¡Ayúdenos, no nos regresen!, miles ya caminan por México. La caravana está en su noveno día desde que partió de San Pedro Sula, en Honduras. Cruzaron Guatemala y ahora están en México.”

Es impresionante, a 200 años de independencia son la muestra de Estados fracasados en toda Centroamérica. Con una sola excepción, que también está en crisis. “Caminan en masa, en un bloque larguísimo, por la carretera entre Ciudad Hidalgo y Tapachula, en Chiapas, en el sureste de México. (https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-45932801).”

Cuando la vicepresidenta y canciller, Epsy Campbell, de Costa Rica, lanzó en junio la “propuesta para que todos los países centroamericanos celebren en conjunto el bicentenario de la independencia.” No se sabía sí era un discurso populista, una broma o una cruel ironía, no hay nada que celebrar. Aquella kafkiana propuesta se “presentó durante el Consejo del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), que se celebraba en Dominicana. (https://www.nacion.com/el-pais/politica/costa-rica-propone-al-resto-de-centroamerica/YPK5FFDPWFE6LM4NSWRV3A5RQE/story/).

Cómo se manejan los recursos de las naciones, como se diseñan las finanzas públicas, es parte de las dudas para construir una nación.

Estado y mercado, una visión integral de la sociedad

Veamos el ejemplo reciente de Costa Rica. El Estado más consolidado de la región. En febrero de 1982 Costa Rica inició una larga marcha hacia la apertura de su economía. Los analistas consideran que el país atravesó tres grandes etapas en su historia reciente. A partir de la independencia en 1821, hasta mediados del siglo XX, fue una economía agrícola, con un modelo agroexportador de monocultivo, dependiente del café como principal fuente de empleo y producción. A partir de grandes reformas sociales en la década de los años 40 del siglo mencionado, se inició la segunda etapa, la industrialización primaria por la vía de la sustitución de importaciones y un elevado proteccionismo, con un gobierno centralizado basado en la estrategia del llamado Estado empresario o Estado del bienestar. Entre 1978-1982, una profunda crisis financiera y comercial enfrentó al país a una disyuntiva, que en el caso de esta próspera nación es resuelta en forma dinámica. Costa Rica inicia su tercer modelo, la apertura comercial, el crecimiento hacia afuera.

Este nuevo modelo implica un ritmo de crecimiento económico fuerte, casi 20 años de crecimiento al 4.3% anual, prácticamente sin crisis económicas. Un verdadero milagro económico, el tigrillo americano. La apertura a traído innumerables ventajas y problemas. Uno de los retos ha sido el financiamiento del desarrollo por la vía del déficit fiscal y el déficit de balanza de pagos. Desentrañar las características de esta problemática y exponer sus retos y perspectivas es un tema que aparece en la agenda de los investigadores en ciencias sociales de la región. Todos queremos contribuir a esclarecer el problema y orientar soluciones que permitan un financiamiento sano de una estrategia nacional de desarrollo clara y objetiva.

Vamos a partir del criterio de que en la base del desarrollo económico de una nación están sus finanzas públicas. La esencia de las finanzas públicas consiste en la administración del aparato del Estado como eje del desarrollo de los mercados, la cultura, la integración social, la organización política y la interacción con la naturaleza. Sí hay claridad en cuáles son los objetivos y fin último del Estado, las finanzas públicas serán un fuente de buena administración de los recursos de la nación, lo que redundará en alcanzar el desarrollo integral y sostenible de la sociedad estudiada. En la sociedad humana moderna interactúan, siempre, el mercado y el Estado en la conducción de los procesos sociales.

El rol del mercado es emprender en forma, más o menos espontánea, la asignación de recursos escasos a fines alternativos. Por sus principios al medir el desempeño de las empresas en forma clara y exacta, maximizar sus utilidades, se alcanzan resultados eficientes en la asignación de recursos.

El gobierno tiene la tarea de crear las condiciones para el mejor funcionamiento de los mercados y la eficaz labor de las instituciones públicas. Su tarea es fundamental, pero no tiene la misma racionalidad. Su racionalidad es política no económica, siendo así la eficiencia de su funcionamiento no es tan transparente.

En síntesis, para que la sociedad se ponga objetivos elevados, estratégicos, necesita que convivan, que interactúen en forma pacífica y continua el gobierno y el mercado.


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