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Hacia un Gobierno promoviendo el Desarrollo Humano -parte II-

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#CrisolLiterario

“La verdadera riqueza de una nación, está en su gente”
Después de varios siglos de coloniaje y de esfuerzos por construir una sociedad democrática, con facilidad se puede reconocer que en Guatemala, el camino hacia el desarrollo ha sido desigual, discontinuo e incompleto. En la segunda mitad del Siglo XX, la incapacidad de consolidar mecanismos democráticos dio origen a una desestabilización social agravada en los años ochenta, en la llamada década perdida por la recesión económica internacional y la crisis del petróleo. No obstante la incertidumbre social que vivía Guatemala en esos años, en 1985 se promulgó una nueva constitución  y se realizaron las primeras elecciones democráticas dando inicio a un período de apuesta por una cohesión social y consolidación democrática principios retomados en los acuerdos de Paz, a los que no se les dio seguimiento. Perdiendo una vez más, la oportunidad de enderezar el vector de dirección hacia el desarrollo inspirado en la revolución del cuarenta y cuatro, del siglo pasado.
Reconociendo, como en el encabezado se cita, que la verdadera riqueza de una nación, está en su gente. En esa virtud, el enfoque de desarrollo humano significa poner en el centro de las acciones del Estado a las personas y que el progreso de las sociedades se traduzca en mejores opciones y bien-estar para todos y todas. En 1990, coincidentemente a la entrada de la democracia en Guatemala, el enfoque de desarrollo humano ha acrecentado su incidencia en las agendas políticas, tanto locales como regionales y globales. El concepto ha evolucionado desde entonces y ha propiciado un amplio debate en relación con temas como igualdad y justicia, instituciones y mercados, nutrición, cultura y desarrollo económico y políticas públicas. En el marco de las políticas públicas, para el desarrollo humano, se parte del reconocimiento de la validez de diversas visiones acerca de lo que es y significa el bien-estar y de cómo alcanzarlo sobre la base que ésta, está condicionada por factores personales, culturales, ambientales y sociales por lo que las políticas públicas deberán buscar un balance entre el bien-estar común y la subsidiariedad del gobierno, para ganar en eficiencia en la colocación de los recursos del Estado.
En el marco de la economía y bajo el enfoque de desarrollo humano opino que el camino justo y seguro para alcanzar el desarrollo socioeconómico de Guatemala es bajo el enfoque de ‘Economía Social de Mercado’ que el sociólogo y economista francés, Thomas Píketty declara en su best-seller: “El capital en el siglo XXI”, negligentemente incomprendido por proclamar la forma justa de mejorar las economías de los pueblos. Es bien conocido que la modernización económica de un país descansa en dos pilares fundamentales: la modernización fiscal y la modernización financiera. En tal virtud, se puede afirmar que sin ambas modernizaciones (fiscal y financiera) los anhelos por un mejor país, en términos de prestación de servicios y entrega de bienes de calidad a la sociedad, no se podrán concretar y quedarían en meras ilusiones. La Economía Social de Mercado ha demostrado facilitar estas condiciones hacia las sociedades democráticas que la practican.
Ahora, en alusión al título: los guatemaltecos no debemos permitir que el concepto de democracia se quede sin sustento o vacío de contenido. Y para ello, debemos procurar iniciar con un presupuesto 2019 responsable para darle contenido a nuestra democracia intercultural ya que si somos capaces de construir una sociedad más igualitaria, tendremos viabilidad como nación en el manejo de nuestra interculturalidad democrática e insertarnos en un mundo globalizado con oportunidades competitivas. En este sentido, la discusión en torno al Estado tiene que ser profunda y seria, alejada de dogmas, mitos y simplificaciones, no podemos reducir el Estado a una ecuación matemática ya que la compleja realidad del país requiere de una matriz multifactorial que no admite para su análisis dicotomías obsoletas o encajonamientos teóricos. Por ejemplo, el enfoque “economicista” del Estado aparece como una superficialidad. La gran debilidad del neoliberalismo en relación al Estado es que solo tiene una respuesta económica y soslaya el aspecto político y social. Mientras que la economía social de mercado, en este sentido, es más ecuánime y equilibrada.

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