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Pierre Carl Fabergé, la perfección en la ejecución de la belleza

#EditadoParaLaHistoria

Cincuenta, ni uno más ni uno menos. Cincuenta son los famosos huevos de Pascua que Pierre Carl Fabergé creó en sus talleres. Todos repertoriados, documentados, fotografiados y localizados. Algunos se los tragó la historia después de los tristes acontecimientos de 1917 en Rusia, pero de ellos quedan fotografías, facturas, bosquejos y, sobre todo, el dolor de haberlos perdido.

Durante las guerras de religión en Francia en el siglo XVII mucho protestante francés huyó a Alemania al rebocarse el Edicto de Nantes que daba la libertad de credos en territorio francés. De allí partieron a otras tierras. Los antepasados de Pierre Carl huyeron de la región francesa de Picardía, al noreste de París, para instalarse en Livonia, región báltica a la sazón posesión rusa.

La madre de Pierre Carl era danesa y su padre ya era un afamado joyero instalado en San Petersburgo descendiente de aquellos protestantes franceses. Su educación fue minuciosamente planificada por sus padres. Estudió en el Liceo alemán de la capital rusa, en la Escuela de Artes y Oficios de Dresde, en los talleres de un gran joyero en Francfort para teminar su recorrido europeo por viajes de estudio por Inglaterra, Francia e Italia. También trabajó como aprendiz en los talleres de su padre. Es necesario decir que Pierre Carl trabajó también en catalogar, reparar y restaurar los objetos del Ermitage en cuyo Salón de los Tesores podemos apreciar muchas de sus obras (aunque ningún huevo de Pascua) y donde se encuentran las joyas de Elena de Troya de las que ya hemos hablado.

En 1872 se pasa a nuevos locales en la muy elegante Calle Bolshaya Marskaya de San Petersburgo. En la espaciosa planta baja se encuentra la boutique, en trastienda y primera planta los talleres y en los 3 últimos pisos sus apartamentos personales.  En 1882 durante la Exposición Pan-Rusa, Pierre Carl y Agathon, su hermano, presentan una copia de un brazalete de oro del siglo IV ADC del tesoro de los escitas expuesto en el Ermitage. El Zar Alejandro III no es capaz de distinguir cuál es el original y cuál es la copia y en 1884 recibe el muy alto título de “Proveedor de la Casa Imperial”, título que también recibió de las casas reales del Reino Unido, Tailandia, Suecia y Noruega.

Abrió boutiques en Moscú, Kiev, Odesa y la única en el extranjero fue en Londres porque la Reina Alejandra de Gran Bretaña, hermana danesa de María Fiodórovna, esposa de Alejandro III, estaba enamorada de su trabajo.

Pero Fabergé no sólo creaba huevos de Pascua. Entre sus creaciones hay hermosos ramilletes de flores en oro y piedras preciosas, tabaqueras, portarretratos, samovares (especie de termo ruso para mantener caliente el té) de plata, figuritas de animales de plata, joyas, péndulos y muchas otras maravillas más. La saga de los huevos de Pascua comenzó en el año 1885. Para los ortodoxos rusos, a diferencia de nosotros católicos, lo más importante no es el nacimiento de Cristo sino su resurección, siendo este acontecimiento celebrado con las grandes fiestas que nosotros celebramos en Navidad. La diferencia también está en el hecho de que como se fija la fecha por el antiguo calendario juliano no siempre cae en el mismo día. Alejandro III, padre de Nicolás II, regaló a su eposa María Fiedórovna un hermoso huevo de esmalte blanco y oro que reproduce un huevo original de gallina y que se abre por la mitad. Al abrirlo hay una yema de huevo en oro que, al abrirla, presenta una gallinita de oro. Todo en el tamaño original de un huevo: 6,3 cm.

El regocijo de la emperatriz fue tal que cada año por Pascuas el Zar le regalaba a su esposa un huevo. A la muerte de Alejandro III su hijo, Nicolas II, siguió la tradición regalándole un huevo a su madre y otro a su esposa. El último, de 1916, fue el Huevo Militar de Acero de un total de 16,7 cm si contamos su base. Este huevo tiene un premonitorio estilo art-decó y, como el país estaba en guerra en el momento en que se fabricó, es de una gran sobriedad. Su propietario actual es el magnate ruso Víctor Vekselberg y se encuentra actualmente en el Museo Fabergé de San Petersburgo. Dentro había un retrato en esmalte del Zar entre un grupo de militares dirigiendo la guerra.

Entre los coleccionistas más famosos de los 50 huevos de Fabergé está Forbes, el magnate ruso anteriormente citado, Lillian Pratt, esposa de un alto ejecutivo de General Motors, la familia real inglesa y ello desde tiempos de la reina Alejandra, el Príncipe Alberto II de Mónaco, el Rey Faruk de Egipto y otros.

Pierre Carl Fabergé dominaba una técnica para trabajar el esmalte que era su secreto personal. La cubierta de los huevos y de otros objetos es de un metal noble que escogía el comprador: plata, oro o platino. Después, sobre esta placa de metal, realizaba dibujos geométricos, por ejemplo, en forma de olas y después aplicaba la capa de esmalte. Tenía una paleta de 92 colores que escogía el comprador en un muestrario y después de que sus maestros orfebres y aprendices artesanos realizaban las piezas según sus dibujos e instrucciones, él se encerraba en su taller personal a aplicar el esmalte. Lamentablemente este secreto no pasó a ninguno de sus hijos y se fue con él a la tumba.

En 1918 con la caída de la casa imperial cae la casa Fabergé. Pierre Carl tuvo la posibilidad de escapar de los desenfrenos del nuevo régimen huyendo a Suiza en septiembre de 1918 y murió 2 años más tarde a la edad de 74 años. Sus descendientes crearon posteriormente otras empresas bajo el mismo nombre que han querido seguir la obra del gran Pierre Carl sin nunca lograr la fama de su afamado ancestro. Sus objetos evocan el arte de vivir de la dinastía Romanov justo antes de su caída.

Para más información visitar http://www.mieks.com Información en neerlandés e inglés

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