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En busca del ¿por qué?

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#Catarsis

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Cuando el presidente Trump ganó las elecciones presidenciales en los Estados Unidos en noviembre del 2016, los demócratas criticaron a sus votantes por ello. Sin embargo, poco les ha importado hasta ahora el por qué. Es más fácil culpar al votante en vez pensar que más allá de un voto hay un por qué.

El mismo fenómeno se está repitiendo en las elecciones del pasado 28 de octubre en Brasil, en donde el candidato de ultraderecha, Jair Bolsonaro resultó electo con un 55 % de los votos. Hoy escuchamos gritos de rechazo y terror en muchos sectores, especialmente en la comunidad internacional, inclusive celebridades de Hollywood que, con anterioridad a estas elecciones, nunca les había importado mucho la situación de Brasil, a menos que se estuviese hablando del Carnaval de Río o de fútbol. ¿Por qué? Porque Bolsonaro representa mucho de lo que ellos rechazan del presidente Trump. Sin embargo, a casi dos años de gobierno, el presidente Trump no solo ha cumplido la mayoría de sus promesas de campaña, sino que la economía estadounidense está pasando por uno de sus mejores momentos.

Es muy pronto para predecir cómo será el gobierno de Bolsonaro, pero él se caracteriza por su radicalismo, sus posturas racistas, homofóbicas y machistas. Aun así, las minorías votaron por él. ¿Por qué? En un artículo publicado el 1 de noviembre en el medio digital, Disidentia, Dante Augusto Palma escribe: «…muchos se preguntaron con indignación cómo un negro puede votar a un racista, cómo un gay puede votar a un homofóbico y cómo una mujer puede votar a un misógino. La respuesta no es simple, pero está a la vista, aunque les incomode a los que dicen ser referentes de la reivindicación de los derechos de las minorías. Es que la identidad de un negro no se reduce a su condición de negro, ni la de gay a ser gay ni la de una mujer a ser mujer. Pensar que es así supone subestimarlos. Porque los individuos pertenecientes a determinados grupos minoritarios, al igual que los individuos que pertenecen a grupos denominados “mayoritarios”, tienen un sinfín de dimensiones que van más allá del color de piel, el objeto de deseo o el género.

Entonces, en vez de decirle a un gay que es un idiota porque votó a un homofóbico habría que pensar que un gay puede votar por otras razones además de la de ser gay…»

Dentro de esta búsqueda del por qué, también encontré un valioso análisis sobre la victoria del Bolsonaro en el Editorial del 29 de octubre del Instituto de Estudios para una Sociedad Abierta de Panamá, que nos dice: «Acá hay una crítica a la izquierda social y a muchos liberales. Pensamos en nuestro mundo burgués, donde cosas como una relajación de las costumbres sociales, el romper la relación del Estado con la Iglesia Católica, o atacar las causas sociales de la delincuencia son cosas deseables, pero en las clases populares una relajación de las costumbres sociales lleva a embarazos juveniles y a familias rotas. La ausencia de Estado e Iglesia ha motivado que el vacío sea llenado por las iglesias pentecostales. Y mientras las clases dirigentes buscan o, mejor dicho, aparentan, buscar las maneras de atacar las causas de la delincuencia; las pandillas y maras se toman el poder en las calles y cobran peajes en los barrios populares en forma de dinero y de vidas.»

Por lo tanto, el discurso de Bolsonaro apela a estas personas que viven día a día la ausencia de autoridad, el aumento de la criminalidad, el abandono y la desesperación. Con esto no estoy diciendo que un discurso como el suyo sea justificable, pero es en gran parte la razón por la cual ha llegado al poder con posturas radicales.

La izquierda descalifica constantemente el papel de la religión y sí, la religión ha sido un arma de manipulación muy grande cuyos ejemplos abundan a lo largo de la historia, pero eso no los justifica para descalificar las creencias los demás. Para muchas de estas personas la religión es más que un consuelo espiritual, les representa una estructura, un pilar y una esperanza en sus vidas. ¿Por qué más de una década de gobiernos de izquierda en Brasil no solucionó estos problemas? Difícilmente Bolsoraro será la solución, pero nos explica en parte el porqué de su victoria.

La clase política guatemalteca debe prestar atención a estos ejemplos y más que criticarlos, debe analizarlos, buscar respuestas y sobre todo preguntarse el ¿por qué?

TEXTO PARA COLUMNISTA
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