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Barriletes

#Emunah

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Dicen que recordar es volver a vivir, y con los vientos de noviembre viaje al baúl de mis recuerdos para traer a mi memoria aquella época de mi niñez cuando solía construir mis propios barriletes y volarlos con los vientos propicios que caracterizan esta temporada del año.

Recuerdo el papel de china, papel periódico, hilo, varillas de guano (huano), la aguja, las tijeras, el tape y el Resistol. Mis primeros intentos, como hacedor de barriletes, fueron fallidos, pero poco a poco con mucha insistencia fui perfeccionando la técnica hasta que logré construir uno que pudiera volar. Aprendí a que debían ser suficientemente livianos para ser capaces de flotar en el aire, asimismo a conocer el peso y la longitud de la cola, y la simetría de los frenos, entre otros.

Mis amigos y yo subíamos al famoso “Cerro de las Tres Cruces” de Poptún, en el departamento de Petén; para empezar a elevar nuestros barriletes en el majestuoso cielo. Verlo remontarse en el cielo era impresionante y nos llenaba de alegría. De pronto salía el espíritu competitivo por ver quien era capaz de hacer que su barrilete se elevara más en forma vertical y cuál era el que llegaba más lejos en forma horizontal.

Para volar un barrilete era fundamental su buen diseño y por supuesto conocer ciertas técnicas para superar las dificultades que los fuertes vientos o a veces la falta de ellos ocasionaban. Muchos barriletes volaban tan lejos que prácticamente se perdían en la distancia. Otros ni siquiera alcanzaban a despegar porque coleaban debido a los fuertes y caprichosos vientos o porque quizás su freno (frenillo), o cola no estaban bien construidos haciendo que los mismos perdieran el equilibrio.

A veces había que correr jalando el barrilete para poder darle impulso, otras veces era necesario darle más hilo, o jalar el hilo que sostenían los dedos repetidas veces para lograr levantarlo. En fin cada quien con las experiencias iba conociendo más de ellos e implementaba nuevas técnicas que le permitían un mejor control sobre el barrilete. Bajar un barrilete que estaba a una gran distancia, también requería ciertas habilidades ya que si uno no tenía cuidado el barrilete podía colear, o perder altura y caer.

Cuando el hilo de un barrilete se reventaba era otra odisea; ya que a veces el barrilete se enredaba en los cables de alta tensión que colgaban de los postes de madera que pasaban sobre la carretera. Otras veces eran destrozados por los perros, o caían en el terreno de un vecino que negaba la existencia de dicho barrilete. Lo más seguro es que cuando un barrilete caía de los cielos, se tenía que dar por perdido.

Hay miles de anécdotas en relación a este tema, pero sin lugar a duda la mayor satisfacción que uno podía tener era ver su barrilete suspendido firmemente en los aires casi tocando el cielo azul, sentir la fuerza del hilo en sus dedos, y sentir el viento rosando su cara con una sonrisa de felicidad mientras disfrutaba de ese hermoso espectáculo visual de ver muchos barriletes adornando el imponente cielo.

Hermosos recuerdos, bellos momentos de mi niñez que me hacen agradecer esos años maravillosos en mi bello Petén. Al recordar todas estas experiencias con los barriletes, no pude dejar de relacionarlos con nosotros los seres humanos. Me imagine que nosotros somos como barriletes, los barriletes de Dios. Así como nosotros construimos los barriletes con el propósito de volar por los cielos, nosotros también fuimos creados por Dios con un propósito específico, glorificar a Dios.

De la misma manera como se obtiene mayor experiencia al volar barriletes y se establecen mejores técnicas para lograr que vuelen con mayor éxito; también nosotros cuanto más conocemos a nuestro creador y cuanto más meditamos en su palabra y la ponemos en práctica vamos a vivir una vida más liviana y a volar estables porque comprenderemos mucho mejor quiénes somos y cuál es nuestro propósito.

Así como los barriletes atraviesan por varios obstáculos para lograr que su vuelo sea estable, y tienen que acomodarse a los cambios repentinos del viento. Así mismo los seres humanos pasamos por diferentes temporadas que nos sacuden con violencia y a veces pueden hacernos perder el control. Pero lo importante es mantenernos unidos al hilo, procurar que ese hilo no se rompa para no perdernos o destruirnos.

Ese hilo representa la unión a Dios, nuestra fe, esperanza y confianza en Él, ya que con Dios todo puede hacerse posible pero separados de Él nada podemos hacer, como nos recuerda su Palabra en Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”

Estoy convencido que solo en Dios el ser humano cumple su propósito, ya que a medida que el hombre se acerca a Dios simplifica su vida, se enfoca en lo que realmente tiene sentido y puede gozar de la salvación a través de Jesucristo. La Biblia dice que él nos atrae con lazos de ternura, con cuerdas de amor. Nada puede hacernos volar mejor, gozar de una vida en abundancia, que dejarnos guiar por ese cordel de amor que es jalado por los suaves dedos de Dios, nuestro creador.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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