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Grégor Rasputín, entre santo y diablo

#EditadoParaLaHistoria

“Presiento que dejaré la vida antes del 1ro de enero. Quiero hacer saber al pueblo ruso, a Papá (el Zar), a la Madre rusa (la Zarina) y a los niños, a la tierra rusa lo que deben emprender. Si me matan vulgares asesinos, sobre todo mis hermanos, los campesinos rusos, tú, Zar de Rusia, no tendrás nada que temer por tus hijos. Pero si me matan los boyardos, los nobles, y derraman mi sangre, sus manos quedarán manchadas por mi sangre durante veinticinco años. Deberán abandonar Rusia. Los hermanos se levantarán contra los hermanos, se matarán entre ellos y se odiarán, y, durante veinticinco años no habrá más nobleza en el país. Zar de la tierra rusa, si oyes el sonido de la campana que te anuncie que Grégor ha sido muerto sabe que, si es uno de los tuyos el que ha provocado mi muerte, ninguno de los tuyos, ninguno de tus hijos vivirá más de dos años. Serán muertos por el pueblo ruso. Yo seré muerto. No estoy más entre los vivos. ¡Reza! ¡Reza! ¡Sé fuerte! Piensa en tu bendita familia”.

Grégor Rasputín es uno de los personajes más controvertidos de comienzos del siglo XX. Se cree que nació en 1869 en la aldea Povróskoye de Siberia Occidental. Hijo de una madre extremadamente religiosa y de un padre relativamente acomodado no tuvo más educación que la del cuidado de los animales y el uso y abuso del vodka. Desde niño tuvo fama de sanador de animales. De adulto aprendió los rudimentos de la lectura y la escritura durante sus múltiples viajes.

Pasó buena parte de su juventud entre trabajos de campesino y prolongadas visitas a monasterios para escuchar los consejos de los starets (padres espirituales) de dichos monasterios. Es en esta época que se sumerge en el estudio de la Biblia, se convierte en asceta y se casa (entre los ortodoxos rusos es posible el matrimonio de los religiosos). De este matrimonio nacieron 5 hijos.

En 1894 dijo tener una visión mariana, por lo que decidió dejar su vida de campesino y dedicarse más a la vida de religioso. Visitó el Monte Athos en Grecia. El trayecto de 6 000 km de ida y vuelta le tomó 3 años deteniéndose en numerosos monasterios y obteniendo una reputación de sabio y sanador. También visitó Kazán y Kiev. La gente venía de tierras lejanas para escuchar sus prédicas. A pesar de que aumentaba su reputación no por ello dejó una vida de lujuria, bebidas, pendencia, sexo, seducción y robo.

Durante su visita a Kiev conoció a la Gran Duquesa Militza de Montenegro, tía por alianza del Zar Nicolás II, quien lo invitó a San Petersburgo. En San Petersburgo es recibido por el obispo de la ciudad e inspector de la Academia de Teología, quien lo presentó a su vez al confesor de la Zarina, el arzobispo Teofán de Poltava.

Es necesario decir que el tan esperado Alexis, único hijo varón de los Zares y heredero al trono, después del nacimiento de cuatro hijas mujeres, no fue la completa alegría que todos esperaban. El niño padecía la horrible enfermedad de la hemofilia, transmitida directamente por su bisabuela, la Reina Victoria del Reino Unido. De los 9 hijos de Victoria un hijo varón, Leopoldo, sufría la horrenda enfermedad, pero también las hijas mujeres Beatriz y Alejandra (la abuela del Zarévich Alexis) eran transmisoras negativas.

Llega Rasputín al palacio de Mijaílovskoye, en Pushkin, a las afueras de la capital, donde residían Alejandra con Nicolás y sus hijos, en plena crisis de la enfermedad por un golpe que el pequeño Alexis se había dado en una rodilla y que no dejaba de sangrar. Lo primero que hace Rasputín es rechazar todas las medicinas que le daban al niño (entre ellas la aspirina de la que se desconocía sus poderes anticoagulantes) y con sus grandes e hipnotizantes ojos le cuenta a la criatura viejos cuentos siberianos en medio de caricias. A los pocos días Alexis estaba restablecido de su hemorragia.

La Zarina Alejandra cree en el milagro operado sobre su hijo y considera a Rasputín como mensajero de Dios, representante de la unión entre el Zar, la Iglesia y el pueblo y cree que tiene la capacidad de ayudar a su hijo por sus dones de sanador con el poder de la plegaria.

Es necesario decir que la Zarina había nacido en el seno de la iglesia luterana como alemana, Princesa de Hesse y del Rin que era, y se convirtió a la ortodoxia rusa para poderse casar con el futuro Nicolás II y consideraba que su deber era ser extremadamente creyente dentro del rito ortodoxo ruso, al que se entregó en cuerpo y alma.

Es de esta forma que Rasputín entra de manera pujante dentro del más estrecho círculo de la familia imperial sabiéndose hacer indispensable dentro del clima de horror que se vivía por la enfermedad de Alexis.

Es en estos momentos que comienza su vida de desenfreno y lujuria entre las damas de la alta sociedad rusa bajo pretendidas escenas de plegarias y exorcismo. La reputación de Rasputín disminuía entre la nobleza y el pueblo de San Petersburgo en la medida en que crecía dentro de la familia imperial.

En 1907 el Zarévich, como resultado de contusiones, es víctima de grandes hemorragias internas incontrolables por los médicos. Llega Rasputín, bendice a la familia imperial, comienza sus plegarias y al cabo de diez minutos, extenuado, se levanta y dice: -Hijo mío abre los ojos”. Como por milagro Alexis se despierta sonriendo y a partir de ese momento mejora rápidamente.

Desde ese momento es un familiar de palacio. Se le considera “un ángel malo”. El descontento aumenta, se le ama, detesta y teme. Siguió su vida de bebidas, de orgías, de desenfreno, sin lavarse, con la cabellera grasa y su barba despeinada. En su apartamento privado se organizaban fiestas donde se le contaron hasta diez relaciones íntimas al día. Sin embargo, no se enriqueció; sus únicos lujos eran una blusa de seda confeccionada por la propia Zarina y un gran crucifijo de oro y piedras preciosas regalo de ella.

No contento con todos los malos comentarios Rasputín también comenzó a meterse en asuntos de Estado, influyendo sobre el Zar y la Zarina no siempre a favor de los intereses del país, lo que le granjeó más enemistades entre los hombres políticos del gobierno. También es famoso el acontecimiento de que de viaje a Polonia (a la sazón buena parte de Polonia pertenecía al Imperio Ruso), el Zarévich Alexis tuvo un accidente con una gran hemorragia interna. Se le avisó a Rasputín quien tomó un icono de la Virgen de Kazán ante la que quedó en éxtasis, al terminar, extenuado, mandó un telegrama a la Zarina. –No tema. Dios ha visto sus lágrimas y escuchado sus plegarias, Madrecita. No se preocupe más. El niño no morirá. No permita que los doctores lo molesten mucho”. A partir del momento en que se recibió el mensaje el estado de salud del Zarévich se estabilizó y al día siguiente fue declarado fuera de peligro.

El mundo entraba en momentos aciagos. Acaba de terminarse la guerra ruso-japonesa de 1905 con un sonado desastre para la armada rusa, se había terminado también la Segunda Guerra de los Balcanes y se consolidaba el desmembramiento del Imperio Otomano. Las condiciones para una gran contienda europea (a la larga mundial) se bosquejaban en el horizonte político. Rasputín se sitúa entre los pacifistas que no querían la guerra y para ello (según investigaciones de los Servicios Secretos ingleses) trabaja a favor de Alemania, como si ésa fuera la solución.

Como resultado del asesinato del archiduque Francisco Ferdinando (heredero del Imperio Austro-Húngaro) y su esposa en Sarajevo por el joven anarquista serbio Gabrílov, Alemania declara la guerra a Rusia el 1ro de agosto de 1914. Ante los fracasos de los ejércitos rusos el propio Nicolas II se instala en el frente dejando a su amada esposa Alexandra (de origen alemán) como regente y ésta a su vez en manos de Rasputín.

La nobleza rusa ya no aguanta más. Celosa de los favores que beneficiaba Rasputín ante la familia imperial, molesta por su reputación escandalosa, sus desenfrenos en los que estaban mezcladas algunas de las más altas damas de la sociedad y el rumor de que espiaba para Alemania decide entrar a la acción.

En el Palacio del 94 Malecón del Moika propiedad de los Yusúpov se prepara el complot. Los complotados son el propio Príncipe Félix Yusúpov, el Gran Duque Dimitri Pávlovich, primo hermano del Zar, el diputado de extrema derecha Vladímir Purichkévich, el oficial Sujotín y el Doctor Sanislas Lazovert.

Como el Palacio estaba en reparaciones en ese momento, el Príncipe lo hizo pasar a un saloncito del sótano diciéndole que le iba a presentar a su hermosa esposa Irina. Argumentó que ella estaba ocupada con otros invitados, con el fin de hacerlo esperar le obsequió a Rasputín pastelitos con cianuro y su apreciado vino de Madeira, también envenenado con cianuro. El veneno no hacía efecto sobre este fornido hombre. Yusúpov dispara entonces tres tiros contra su víctima y tampoco así muere. Con Rasputín en el piso comienza una buena paliza. Incluso existe la teoría de que dos agentes secretos ingleses también estaban en el palacio del Malecón Moika y que también ellos participaron en el asesinato porque Gran Bretaña no quería que Rusia se saliera de la guerra como recomendaba Rasputín incansablemente al Zar.

El cadáver de Rasputín fue encontrado el 19 de diciembre de 1916 a prima hora en el río Neva. Congelado y cubierto por una gruesa capa de hielo que cubría su abrigo de castor. El cadáver tenía golpes en la cabeza y el rostro, tres tiros a bocajarro y, a pesar de ello, la autopsia realizada la mañana misma mostró que tenía los pulmones llenos de agua, lo que demostraba que aún vivía cuando fue tirado al río. Al anuncio de su muerte el pueblo de Petrogrado (la ciudad había cambiado de nombre para no tener un nombre con sonoridad alemana por estar en guerra con Alemania) se lanzó a la avenida principal, Nevsky Prospekt, a festejar la buena nueva. Fue enterrado el 3 de enero de 1917 cerca de Palacio. El 22 de marzo, por orden del nuevo Gobierno revolucionario, su cuerpo fue incinerado y sus restos dispersados en el bosque pero dice la leyenda que sólo se quemó el sarcófago y que su cuerpo quedó intacto ante las llamas.

Como hubiera predicho, su asesinato por manos de nobles trajo nefastas consecuencias para la familia imperial y para toda Rusia. Tan sólo tres meses después de la muerte de Rasputín el Zar tuvo que abdicar. La familia imperial fue masacrada por los bolcheviques la noche del 16 al 17 de julio de 1918 en la famosa Casa Ipátiev de la ciudad de Ekaterinenburgo, Rusia entró en una dolorosa guerra civil que duró más de tres años y después de ella se estableció el sangriento poder de los soviets.

Le imagen de Rasputín ha sido diabolizada en el transcurso de los años y durante el periodo soviético sirvió para simbolizar el deterioro del régimen zarista.

Grégor Rasputín rodeado de damas de la alta sociedad rusa. Tercera a la derecha, de pie, con blusa blanca Anna Virúbova, amiga, confidente y dama de compañía de la Zarina.

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