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La manzana de la discordia de la Ley Electoral

#PensamientoCrítico

En el Congreso de la República se discuten las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Luego de varias semanas en que las sesiones plenarias extraordinarias que fueran programadas para la aprobación por artículos de la propuesta presentada, finalmente se logró tener quórum suficiente para la discusión de los mismos; la cual resultó en una acalorada sesión, pues, aparentemente, no existe consenso para la aprobación de la reforma al artículo 205 Ter de dicha ley, que se ha convertido en la manzana de la discordia.

El artículo 205 Ter restringe que los diputados que renuncian de un partido para que puedan asumir u optar a cargos dentro del Congreso de la República. Asimismo, le restringe a las organizaciones políticas y a los bloques legislativos a recibir o incorporar a los diputados que hayan sido electos por otra organización política.

Esta disposición no permitiría que la mitad de los diputados del Congreso de la República puedan optar a la reelección en los comicios que se llevarán a cabo el año próximo. Lo cual ha levantado pasiones en el seno del parlamento guatemalteco.

El transfuguismo, como se denomina a esta acción regulada por la ley, fue incorporado en las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos aprobada en el año 2016, por los mismos diputados que ahora pretenden modificar dicha disposición. Algunos de los diputados alegan que fueron sorprendidos en su buena fe al aprobar dicha reforma y que la misma restringe el derecho de elegir y ser electo –pese que para su aprobación tuvo que obtener el dictamen de la Corte de Constitucionalidad-.

Este fenómeno, el transfuguismo, no se origina como una reacción espontánea de los políticos, sino responde a la estructura del sistema político. El diseño de las organizaciones políticas en la Ley Electoral y de Partidos Políticos permite que las mismas sean utilizadas como vehículos electorales, no permiten la consolidación de proyectos políticos.

El gran problema resulta que como sociedad no hemos llegado a ponernos de acuerdo sobre cuál es el modelo del sistema político que queremos, menos sobre el que necesitamos. El fortalecimiento de las organizaciones políticas debe ser una prioridad. Sin embargo, hemos caído en la trampa emocional de discutir legislación tras legislación propuestas que están contaminadas por el contexto puntual en que se discuten, sin visión a mediano o largo plazo.

No existe un compromiso político para hacer las modificaciones estructurales al sistema electoral. Mientras hace unos pocos años se discutía que existían demasiados partidos políticos, en unos meses esa discusión se transformó en la representación de minorías, incentivando a crear más partidos pequeños. La incongruencia e inconsistencia es lo que ha marcado la transformación del sistema política y es por ello que al día de hoy el transfuguismo es lo que centra la discusión de las reformas.

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