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Educar para el bien común

Las personas que se integran de manera consciente y voluntaria en comunidad, en una organización o como parte de una institución, tienen claridad de que el esfuerzo de estar unidos debe alcanzar objetivos que trae bienestar para todos.  El individualismo, la riqueza concentrada en pocas personas, la injusticia y la exclusión no pueden ser parte de las prácticas que logren el bien común porque limitan la convivencia, la paz y la justicia.

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El Estado es una de las organizaciones que debe velar por el bien común. En el caso de Guatemala, la Constitución Política en su artículo 1º. establece que el “Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y a la familia; su fin supremo es la realización del bien común”. De esta manera, el poder Ejecutivo debe dedicarse a la consecución del bien común para todos los habitantes del país sin discriminación alguna. Este esfuerzo por el bien común debe ser, entre otros, a través de los servicios públicos como salud, educación y justicia, por mencionar algunos ejemplos. Así mismo, las y los habitantes del país deben gozar de la protección del Estado para vivir en condiciones libres de violencia, inseguridad y todo tipo de conflictos. Necesitamos ver a niñas y niños, adolescentes, jóvenes, adultos y a los de la tercera edad viviendo los efectos de las estrategias y acciones responsables del esfuerzo de las autoridades y trabajadores del Estado de Guatemala. Esta tranquilidad es consecuencia de la seguridad en el ámbito nacional cuyos efectos son la paz para todos y todas. En tanto el Congreso de la República debe conocer muy bien las características socioculturales, económicas y políticas de la población en general para emitir leyes que sirvan para concretar respuestas a las necesidades y aspiraciones de los guatemaltecos. El Estado donde alguno de los poderes inclina su protección y sus políticas hacia un sector dejando a un gran porcentaje de la población en el olvido, simplemente está dando lugar a la generación de problemas de todo tipo.

La administración de la justicia tiene que ser para todos y todas. No tiene efectos en el bien común la justicia que favorece a algunos y castiga a quienes carecen de vínculos con sectores poderosos. Muchos ejemplos de dolor y violencia suceden cuando se atiende mejor a intereses particulares contra la vida de toda una comunidad.

Para alcanzar el bien común se necesita un gran esfuerzo para disminuir la pobreza y la extrema pobreza a través de servicios sociales que con programas y proyectos posibiliten el desarrollo económico que favorece a todos los habitantes. El bien común también necesita de los aportes de toda la ciudadanía que de manera responsable y solidaria debe cumplir con las obligaciones cuyos efectos alcanzan a todos los habitantes.

Para comprender, aportar y alcanzar el bien común es necesario educar a toda la población. Es urgente que la población guatemalteca revise los principios y el enfoque que están presentes en la práctica educativa porque sus efectos e impacto iluminan durante mucho tiempo la demanda por los derechos y deberes ciudadanos.  Una educación centrada en la competencia, en el tener, en el individualismo y en la corrupción muy poco ayuda a alcanzar el anunciado bien común. Por otra parte, la educación debe argumentar y analizar todos los medios que están al alcance de la participación que genere análisis y propuesta para la solución de los problemas con que cuentan los pueblos. Necesitamos de una educación que estudie muy bien al Estado y cuáles son sus responsabilidades para alcanzar el bien público.

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