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Peor que aquí no será nunca

#Sueños…

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Como si fuera el fin del mundo, apareció en diarios alemanes la siguiente noticia: “Emigrar desde Guatemala:” (https://www.dw.com/es/emigrar-desde-guatemala-peor-que-aquí-no-va-a-ser/a-46218081). La queremos comentar por el dolor que nos provoca y por los retos que nos impone el porvenir. La mayoría de países centroamericanos estamos igual que en 1821, sin rumbo, con la necesidad de construir primero una nación y segundo un Estado. La nación se necesita para tener identidad como pueblo y el Estado para tener unidad para enfrentar los retos del presente y del futuro.

Nos cuenta la noticia de marras que “En plena crisis migratoria, una delegación del Parlamento Europeo visitó Guatemala. De sus encuentros con autoridades y sociedad civil, de sus visitas a cárceles y albergues, ¿qué impresión les quedó?”. Veamos lo que cuentan los parlamentarios europeos.

“En la frontera entre Guatemala y México, kilómetros antes de llegar a la ciudad de Tecún Umán, por la ribera del río Suchiate, tuvimos la oportunidad de comprender por qué se está produciendo esa migración masiva”, Xabier Benito, eurodiputado, miembro de la Delegación para las relaciones con América Central.

Que aprendieron estos diputados europeos:

Primero, que miles de personas son expulsadas de las tierras para generar un mayor aumento de la propiedad de grandes terratenientes dedicados al monocultivo que les genera inmensas ganancias a costa de salarios baratos, el hambre, la desnutrición y el analfabetismo de las muchedumbres famélicas de todo un pueblo. (En América central hablar del pueblo de Guatemala es enumerar la misma historia de Nicaragua, Honduras o El Salvador).

Conclusión, en Guatemala sigue vigente la reforma agraria (que es un cambio capitalista democrático para ampliar la capacidad empresarial en pequeñas y medianas empresas de producción agrícola). Que sea la base de un aumento de la productividad, el intercambio y salarios más altos que permitan el crecimiento económico.

Segundo, la eurodiputada Tilly Metz, quedó asombrada que en pleno siglo XXI, existan naciones como Guatemala que viven en el siglo XIX, con un “46% de los niños no va a la escuela, donde la tasa de violencia contra la mujer es altísima, donde el acceso a estructuras sanitarias es escasa”, en donde la discriminación en contra de las inmensas mayorías no permite la división del trabajo y la competencia, por la concentración del poder político y económico. Base esencial de la visión de los gobiernos medievales de esta región y de sus grandes aliados, los países desarrollados.

Conclusión, es indispensable la construcción de sistemas de educación, salud y justicia que permitan invertir un mínimo del 10% de presupuesto nacional en educación, que se genere un sistema de seguridad social generalizado al 100% de la población y que las instituciones se construyan para alcanzar los objetivos de bienestar de la mayoría.

Tercero, hay que combatir la corrupción de los funcionarios de gobierno, hay que eliminar las estructuras de poder en manos de minorías, hay que generar un cambio empresarial que permita que miles de personas puedan generar sus propios recursos.

La noticia que comentamos nos muestra por qué las visitas de estos funcionarios europeos o gringos son puro maquillaje y no sirven para nada. Según ellos “La visita de la delegación cayó en un momento candente en Centroamérica. Las autoridades de Guatemala, Honduras y El Salvador decidían justo esos días medidas coordinadas para hacer frente al crimen transnacional, la trata de personas, la narcoactividad y el fenómeno de las maras.”

Los diputados visitantes ven los problemas pero cierran los ojos. Son las autoridades de estos países, sus empresarios concentradores de la tierra, sus profesionales funcionales al sistema y las estructuras basadas en privilegios las que tienen que cambiar. Por el momento son parte del problema no de la solución, igual que el grupo de demagogos europeos. Las autoridades de izquierda y derecha de estos países son aliados del crimen transnacional, la trata de personas, la narcoactividad y el fenómeno de las maras.

No se trata también de atajar a quienes organicen esta migración, apoyen las caravanas, instiguen las marchas. La construcción de nuevas infraestructuras carcelarias que está en marcha, así como el uso del dinero de la cooperación para mejorar los métodos represivos no resuelven el problema. El problema no es de represión, sino de inversión en educación, salud y mejores salarios.

No basta con llorar, “…Mi impresión es que, a la mayoría de la población, en un 60% por ciento indígena, la separa un abismo de las élites”, como dice Metz.

¿Qué debe hacer la UE? Pues muy sencillo: presionar para que los gobiernos de estos países gasten el 30% del presupuesto nacional en educación primaria, secundaria y salud. Que el dinero de la cooperación externa se gaste en un 100% en educación y salud. Que se financie una reforma agraria de mercado para que se desmembre el flagelo de la concentración de la tierra en manos de una minoría y se generen miles de pequeños y medianos productores agrícolas que diversifiquen la producción.

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