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“GUERRUPCIÓN”

#LaPicota

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La lucha contra la corrupción está plagada de incongruencias y, ciertamente, de tácticas no muy ortodoxas. Escuchas ilegales, delincuentes que se convierten en colaboradores “ineficaces”, rebaja de penas negociadas a cambio de información, mentiras piadosas, verdades inconclusas y una serie de daños colaterales sobre la conciencia ciudadana.

La humanidad entera se encuentra enredada en el círculo de la apariencia. No hay que hacer justicia, basta aparentar que se hace. No hay que gobernar, basta hacer creer que se gobierna. No hay que acabar con la corrupción, solo hacerle creer a la población que algún día se puede lograr. Hay que prometer ganar la batalla, pero nunca ofrecer terminar la guerra. Hay que decir lo que el pueblo quiere oír, es la forma más segura de hacerse elegir.

Bajo esas premisas, tenemos un Estado cooptado por las mafias de siempre. Diputados de la peor calaña, presionando por plazas en todos los ministerios; un gabinete conformado por los amigotes que se avienen a solapar lo que sea para seguir gozando de las mieles del poder; las Cortes cinceladas al antojo del mejor postor; funcionarios lambiscones, prepotentes y descerebrados que a diario demuestran su ineptitud para los cargos; empresarios con harta capacidad de comprar voluntades para imponer a un sucesor que les asegure impunidad y buenos negocios; y, para colmo, una CICIG politizada, ideologizada y amañada, al estilo de los cuerpos paralelos de seguridad que dicen combatir.

Otra batalla entre sapos y culebras está por comenzar. Las bufotoxinas, que envenenan al sistema de justicia y lo coartan, no parecen ser eficaces para desafiar a las víboras enroscadas en la vara del poder. El enfrentamiento podría durar años, antes de ver los resultados de la contienda.

Mientras los ciudadanos damos palos de ciego a la piñata de la corrupción, ella sigue intacta. Ciertamente, la población no recogerá los dulces, ni siquiera los envoltorios. Seguiremos mordiendo el polvo por décadas, engullidos por el agujero negro de la “Guerrupción”, un término que podríamos definir como una guerra anticorrupción cimentada en tácticas que sobrepasan los límites de la legalidad, como es el derecho penal del enemigo.

Los organismos internacionales y los gobiernos han invertido millones de dólares en el combate contra el crimen organizado, sin resultados positivos para la población. Las mafias se reinventan y, con su dinero, corrompen todo a su paso. Es tiempo de ponerle alto a la “Guerrupción” y plantearnos estrategias de desarrollo sustentable. Para lograrlo, necesitamos un liderazgo idóneo que se haga acompañar de los mejores estrategas políticos, de profesionales capaces y de ciudadanos honestos que asuman los cargos con el fin de servir al país; aquellos que se comprometan a realizar las reformas necesarias para hacer funcionar al Estado.

En el espectro político actual, no vislumbramos a un estadista que se desdibuje de los intereses sectarios. Los partidos políticos tienen en sus manos la responsabilidad de ofrecernos mejores opciones para elegir. Para bien o para mal, nuestro futuro y el de nuestros descendientes está en sus manos. Les pedimos que, por favor, no traicionen de nuevo a la patria.

TEXTO PARA COLUMNISTA
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