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Las cumbres climáticas me recuerdan la era de la estupidez

#LugarHermenéutico

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La Era de la Estupidez, es el nombre de un interesante documental dirigido por Fanny Armstrong, basado en una prospección climática al año 2055, según el cual Australia ardera en llamas, las vegas estará cubierto de arena, el ártico será un océano fuera de control, presentando diversos fenómenos extremos en todo el globo.

Este film fue presentado hace casi 10 años previo a la cumbre mundial de cambio climático en Copenhague, sin embargo, el mismo toma vigencia en el marco de la celebración de cada conferencia de las partes, pues se llegan a miles de acuerdos que a razón de tiempo no se cumplen.

En la sesión inaugural de la COP 24 que se celebra en Polonia,  el secretario general de Naciones Unidas, pidió que gobiernos e inversores apuesten por la economía verde no por el gris de la economía carbonizada.  A su vez recordó la necesidad de movilizar cuanto antes los recursos para mitigar el avance del cambio climático y destaco la oportunidad económica que supone la transición a un modelo económico respetuoso con el medio ambiente.

A su vez el secretario de la ONU agrego que deben eliminarse los subsidios de los combustibles fósiles que tanto dañan al medio ambiente, lo cual debe haber dolido bastante a los anfitriones puesto que el 80% del mix energético se basa en el carbón que es fuertemente subvencionado en la economía polaca.

Por dos semanas miles de delegados de  195 países se reúnen para seguir discutiendo sobre políticas, planes y estrategias sobre cómo  reducir la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero causantes del calentamiento global, sin embargo a las grandes potencias mundiales pareciera importarles muy poco el devenir humano, finalmente el cambio climático tiene las mismas características de las grandes crisis económicas globales, las producen unos pocos fuertes y abusivos pero las sufren la mayoría, en especial los más débiles.

Esta contradicción entre la economía gris que impulsa Polonia y la falta de compromiso de las grandes economías por impulsar un nuevo modelo respetuoso con la madre naturaleza, me hizo recordar al gran científico estadounidense Carl Sagan quien anoto en su libro Un Punto Azul Pálido.

“Las moléculas son tontas, los venenos industriales, los gases de invernadero y las sustancias que atacan la capa protectora de ozono, dada su abismal ignorancia, no respetan fronteras, se olvidan de la noción de la soberanía nacional. Y así, a causa de los casi míticos poderes de nuestra tecnología y de la prevalencia del pensamiento a corto plazo, estamos empezando —a escala continental y planetaria— a representar un peligro para nosotros mismos. Evidentemente, si se pretende resolver esos problemas, ello requerirá que muchas naciones actúen coordinadas durante muchos años.”,  ojala que esa actuación sea tan contundente como los discursos del secretario general de Naciones Unidas.

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