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#EditadoParaLaHistoria

Cuando en 1513 Nicolás Maquiavelo escribe El Príncipe en la Florencia renacentista, les entrega un Manual del usuario a los dirigentes políticos, elegidos o no, de cómo gobernar, presentándoles la dicotomía de “ser amados” o “ser temidos”. Este Manual del usuario utilizado por todos desde entonces, desde reyes, presidentes, dueños de empresas o simples jefes de departamento dentro de un organismo, les da los elementos filosóficos para conservar el poder, a toda costa, incluso cuando es necesario actuando “contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad y contra la religión”.

Maquiavelo nos explica que un dirigente puede ser amado por su pueblo con el fin de perpetuar su poder, pero también puede ser temido, con una máscara de amado.

Este tipo de filosofía fue la que tuvieron que utilizar también los dirigentes de los países de la Europa Oriental después de la Segunda Guerra Mundial, cuando cayó ante ellos lo que el mismo Winston Churchill calificó de “cortina de hierro”.

En la Conferencia de Yalta de febrero de 1945 Stalin exigió un área de influencia que abarcara todas sus fronteras occidentales con Europa. Así fue sellado el destino de los pueblos de Letonia, Estonia, Lituania, Prusia Oriental, Polonia, Alemania Oriental, Checoeslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Albania y Yugoslavia. Finlandia se salvó por poco gracias a la resistencia que supo dar su ejército a las tropas del Ejército Rojo, 5 veces superior en grupo (claro, también con la ayuda de Hitler).

Ya nadie quería recordar los acuerdos de no agresión y de cooperación entre Stalin y Hitler, el llamado Pacto Ribbentrop-Mólotov y de cómo Stalin se robó la mitad oriental de Polonia.

En todos estos países se truquearon resultados electorales, se dieron golpes de estado, asesinaron a dirigentes políticos y decenas de miles de intelectuales, artistas, médicos y militares de esos países vinieron a parar a los Gulag soviéticos del norte de Laponia y de Siberia.

Este fue también el caso para el pueblo de la Alemania Oriental. Ya hemos hablado en el pasado que a la caída del régimen nazi (que debería durar 1,000 años y sólo duró 12), el territorio alemán fue dividido en 4 zonas de ocupación: las zonas inglesa, norteamericana, francesa y soviética. Mismo destino tuvo Berlín. La zona de influencia soviética se convirtió en la RDA (República Democrática de Alemania, país independiente) y la parte soviética de Berlín en su capital.

Ya había dado sus pruebas en la Unión Soviética una organización fundada por Félix Dzerzhinski en 1920 cuya finalidad era la seguridad de la nueva nación soviética. Fundó la Cheká, antecesora de la por todos conocida KGB. Pues bien, el régimen prosoviético de la RDA fue un aventajado alumno de las enseñanzas de Dzerzhinski y del credo de esta organización (también responsable cuando llevaba el nombre de NKVD del asesinato de Trotsky en Ciudad de México por el mercenario Ramón Mercader).

Para la defensa de la segundad de la RDA se fundó en febrero de 1950 el Ministerium für Staatssicherheit (Ministerio de la Seguridad del Estado), reconocido por sus siglas STASI. Como estos gobiernos de Europa Oriental fueron impopulares para la inmensa mayoría de estos pueblos, porque fueron impuestos sin el consentimiento de nadie, los diferentes organismos de seguridad de los diferentes países de la zona de influencia rusa y sus gobiernos tuvieron que recurrir a la filosofía de Maquiavelo. Ser amado o ser temido. Ellos optaron por la segunda posibilidad.

Cada habitante de la RDA (y visitantes extranjeros) tenían un expediente en las oficinas de la STASI, sabiendo el gobierno qué pensaba cada uno de ellos y cuáles podían ser posibles enemigos en caso de un levantamiento (como los que hubo en Berlín en 1953 y 1958 contra la presencia soviética). No se podía hablar abiertamente, no se sabía quién te estaba escuchando y quién informaba a la Stasi sobre lo que pensabas y decías.

El 9 de noviembre de 1989 por la noche, sin que nadie pudiera preverlo y de la forma más estrepitosa, cayó el Muro de Berlín y pocos meses después la RDA entró a formar parte de la RFA como un solo y único país. En ese momento se supo que la Stasi contaba con 91 000 empleados y 180 000 informantes, es decir, el 1% de la población de la RDA trabajaba directa o indirectamente para la Seguridad del Estado. Se supo que esposas espiaban a esposos, que hijos espiaban a padres, que hermanos espiaban a sus otros hermanos.

Fue en 1992 que finalmente el gobierno alemán puso públicamente a disposición de cada interesado los archivos que sobre él había creado la Stasi. Amigos personales míos han podido venir a ver su expediente en la Stasi y han quedado sorprendidos ante el lujo de detalles de sus vidas que estaban reflejados en los mismos. El nombre y el número de teléfono de un servidor también estaban allí consignados.

Como último detalle significativo quiero comentarles que el último de los presidentes de la RDA, Erick Hönecker, en el poder desde 1975 después de la caída del Muro permaneció algunos meses refugiado en un hospital militar del Ejército Rojo de Berlín Oriental comunista por su delicado estado de salud. De allí parte a la Unión Soviética con la idea de no ser procesado por sus múltiples injusticias y responsable personal de las muertas de quienes querían atravesar el Muro de Berlín. Una vez en Moscú pidió refugio en la Embajada chilena ante la propia caída de la Unión Soviética. Finalmente estuvo preso de 1992 a 1993 año en el que se le permitió radicarse en Chile hasta su muerte en 1994.

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