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Vaya dilema

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¿Cuál era la ventaja que las ofertas políticas ´a la derecha´ siempre ofrecen?  Facilitar la ´tramitología´ (sobre todo en cuestiones fiscales),  reducción de impuestos,  facilidades para la inversión así cómo restaurar ´la ley y el orden´.   Con el ´paquete anterior´ (ideas más ideas menos)   se podría perfectamente resumir la propuesta con la cual Donald Trump ganó las elecciones.  Incluso, la misma campaña de Bolsonaro en Brasil giró en torno a los anteriores conceptos (cuando no se hablaba de hacer limpieza social o reprimir las políticas de género).

Al corto plazo, estas propuestas políticas se estrellan contra un muro en razón de no entender las complejidades de la administración pública.  Bajo el irreal supuesto con relación a que el gobierno puede manejarse igual que cualquier empresa.  Y por eso,  el expertise político que permite negociar para llegar a consensos así cómo la selección  de perfiles técnicos se sustituye por ´el sentido común´.    Precisamente por esta razón la administración Trump ha seleccionado piezas poco preparadas para ocupar los puestos más importantes de la administración pública.  Bolsonaro por su parte  se ha refugiado en el apoyo de los militares para la conducción de la administración de su gobierno;  no debe olvidarse el rol fundamental que los militares tuvieron en Brasil desde la década de los 30 para reformar y modernizar la administración pública.   Habrá que ver si estos militares cercanos a Jair Bolsonaro tienen el criterio técnico.

¿Qué sucede con las izquierdas?  La retórica del ´sentido común individual ´ no es su logo pero si tienen la capacidad para sustituir los principios generales de la administración pública por criterios ideológicos que no se sustentan en la evidencia empírica.  Un ejemplo contemporáneo de esto es la suposición con relación a que las consultas populares en temas técnicos y vitales del Estado pueden ser comprendidas por los ciudadanos comunes y corrientes.   Cual ejemplo,  la administración del actual presidente López Obrador y la práctica de realizar consultas populares

(sin un marco legislativo que las haga vinculantes).  Sin embargo no deja de sorprender el  criterio tan tecnocrático del gabinete que encabeza el Presiden López.   Sólo por ese pequeño detalle quedan claras las diferencias entre AMLO y Chávez, dado que el gabinete del fallecido Hugo Chávez estaba compuesto de amigos personales así cómo, de  pesos pesados del partido.

¿A qué se le debería tener temor? ¿A gobiernos de derecha con ´mucho sentido común´ pero escaso sentido técnico (Trump, Bolsonaro, Morales, ) o a gobiernos abiertamente de izquierda donde el debate técnico en ningún sentido ha sido abolido (López Obrador)? Mientras exista la vocación democrática para competir libremente en elecciones, respetar los derechos de la oposición política así cómo la selección de cuadros técnicos es muy claro que  las inclinaciones ideológicas no debieran asustar a nadie.   Lo que debería asustar (por no decir aterrar) es cuando el ´sentido común y las visiones parroquiales de la realidad se transforman en los ejes de gobierno.  Allí entonces, es cuando todas las alarmas deben sonar.

A esta altura del partido, hay ´mitos´ que perfectamente puede tirarse a la basura.  La ´teoría de la derrama´ económica,  la auto-regulación de los mercados así como la ´natural´ vocación empresarial  por la competencia son ideas que pueden descartarse perfectamente. Sin un mecanismo regulador,  ni el mercado  ni los empresarios que lo conforman mostrarán deseo alguno por seguir las reglas.  Al mismo tiempo,  sin mecanismos de fiscalización e instituciones que fomenten la transparencia,  ningún proyecto estatal – por mucho que apele a la voluntad popular-  tiene futuro al mediano plazo.

Y allí lo complicado:  Qué los de derechas quieran hablar de reglas o transparencia y que los de izquierda quiera hablar de fiscalización.

Vaya dilema.

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