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Burocratizados

#LaPicota

El típico burócrata es aquel que se acomoda y solo hace lo necesario para sobrevivir en el puesto. No trata de salirse del rebaño, actúa para su beneficio y no para el bien común, no busca hacer la diferencia y se rehúsa al cambio para no incomodar al jefe y a sus compañeros.

En las oficinas públicas es molesto que un empleado llegue más temprano que los demás pues opaca a los que llegan tarde. Si hace más de lo que le piden es tachado de culebra o arrastrado. Si tiene ideas innovadoras y las trata de poner en práctica, sus jefes se sienten amenazados pues temen que el empleado los supere y les quite el puesto.

Es “normal” que un empleado eficiente no tarde mucho en ser despedido. Los sindicalistas empezarán a quejarse con las autoridades mandando oficios para desacreditarlo. Lo acusarán de delitos infundados para sacarlo del ruedo y tratarán de colocar a en su lugar a uno que sea tan ineficiente como ellos.

Una persona, a quién conozco por su capacidad y trabajo arduo, fue despedida sin miramientos solo porque llegaba muy temprano, pues tenía que llevar a sus hijos al colegio y de allí se iba a trabajar. Le impedían marcar el reloj antes de la hora establecida para el ingreso y no podía quedarse luego de la hora de salida, aunque tuviera trabajo pendiente. Algún compañero se encargó de enviar información falsa al Peladero con el objetivo de desprestigiarla, lo cual consiguieron; finalmente, fue despedida y sustituida por el informante.

Con cada cambio de gobierno o de autoridad en un ministerio, se cambia a las personas con experiencia por otras que no saben la dinámica de la institución. Remueven empleados a discreción, para dar cabida a los allegados del nuevo funcionario. Se pierden varios meses de gestión pública porque es necesario registrar firmas en los bancos, en la SAT y dar avisos para cambiar las claves de ingreso a los portales oficiales. En el proceso, se estanca la ejecución del gasto y se paralizan las actividades.

De ajuste, en este año electoral, muchos empleados están siendo despedidos para dar cabida a los correligionarios de los múltiples partidos cuyos candidatos saldrán de las filas del oficialismo. Personas con vasta experiencia en sus áreas están siendo sustituidas por inexpertos burócratas, acomodados y listos para saquear el presupuesto en función de la campaña electoral.

Escucho a mis amigos decir que debemos cambiar el rumbo del país, pero también son los mismos que -en privado- afirman que no se puede hacer nada con los sindicatos, ni mucho menos llegar con ímpetu a un puesto público, por el riesgo de caer víctima del sistema corrupto que impera. Es triste llegar a una conclusión cierta: si no cambiamos nuestra percepción y actitud, nunca nadie logrará que el país supere el subdesarrollo.


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