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La extraña lucha entre el reloj y el tiempo


MIRILLA INDISCRETA

¡Las horas del reloj no se detienen!

Roberto Cantoral el célebre autor de la emblemática canción: El Reloj… No lo pudo hacer por más que lo suplicó en la romántica composición.

Y con su tic tac, en los más antiguos o de corrido en los modernos, sólo se detienen, si agotan las baterías o se termina la cuerda.

¡Pero si no funciona! ¡El tiempo continúa sin darse por enterado!

¡El Reloj y el tiempo son socios pero no se entienden…! ¡El tiempo es eterno…! ¡El reloj su inútil carcelero!

En Guatemala el reloj y el tiempo están peleados.

Algunos se atienen al reloj y otros al parecer más taimados, al tiempo.

Los ingenuos pero responsables, atenidos al reloj para terminar la jornada cumplidamente. Los otros…  oportunistas y logreros se abandonan, al tiempo.

¡Siempre hay más tiempo que horas!

En el escenario actual, pareciera que frente al reto del tiempo, quienes tienen la obligación de custodiar los valores de la República tienen como patrón, el Reloj Constitucional.

Y quienes animados, porque el tiempo les permitió perder la guerra y ganar en la paz un poder ilegítimo, esperan, sin perder aliento, que el tiempo les posibilite asaltar el poder total.

Su objetivo, frustrar el modelo democrático y republicano y abrir un proceso de sucesiva e interminable transición hacia la dictadura, la anarquía y la intervención.

El Reloj Constitucional, rector de los guardianes transitorios del gobierno, bajo la conducción del Presidente, confían en las horas que marca la ley.

El aventurerismo de quienes le dejaron al tiempo sus ambiciones, confían que la confrontación entre Estados Unidos y Naciones Unidas y sus visiones encontradas, les permita que la atención sobre otros focos de conflictos en el mundo, pueda ocultar los crímenes que sus aliados internacionales han consentido en nuestro país, de una manera impune y sin parangón en la historia de nuestra vida independiente.

El Presidente apegado al tiempo que le marca el Reloj Constitucional.

Los interventores y sus increíbles aliados nacionales, apuestan que el peso de los sobornos y terror, minen las resistencias nacionales, y se rindan finalmente al vasallaje impuesto por las políticas intervencionistas.

La presión mediática sostenida y vergonzosa, que hizo de los medios comprometidos y contaminados por el contagioso y repugnante síndrome de la traición a la patria, objeto del rechazo colectivo creciente, en su momento les hará sufrir por su conducta sediciosa a favor de intereses extranjeros, el desprecio de la población.

Jamás pagarán el crimen cometido con la palabra escrita, hablada y televisada, que de ser instrumento histórico de liberación, lo transformaron en espurio y abominable vehículo para entregar nuestra soberanía y libertad.

Cada uno de esos medios, con su coro particular de serviles y vende-patrias, se ha ganado la censura popular que los señale como traidores a la patria.

Seguramente el Presidente, custodio del Reloj Constitucional, como la mayoría de nosotros, tuvo que renunciar a las cortísimas vacaciones navideñas, preocupados por la estabilidad institucional que nunca dejó de ser agredida por los enemigos de la paz.

La vigilia que mantuvimos quienes sufrimos por la agresión extranjera y sus aliados, nos privamos de las festividades navideñas, a las cuales se abandonó el pueblo, tratando de olvidar una año lleno de incertidumbre en el futuro, privaciones, violencia, e inseguridad.

Un trago en lugar de un acto litúrgico quizá llevó a más de un ciudadano a la inconsciencia, mientras otros frente a la falta de opciones terrenas, saturaron de plegarias la mansión de Dios, sabiendo que la oración, como lo afirmaba San Agustín constituye la gran fuerza de los seres humanos, por ser irresistible a Dios, como me lo recuerda frecuentemente, el ilustre jurista Juan José Rodil Peralta.

Y entre el Reloj Constitucional y el aventurerismo que se asocia al tiempo, ha sido el reloj el escogido por el Mandatario.

Fortalecer y confiar la disposición del Presidente de presentar batalla es fundamental, porque desafortunadamente, con poquísimas excepciones, no tiene los mejores compañeros de viaje en estos momentos tan peligrosos y difíciles.

Es preocupante observar, que no obstante compartir el poder con el mandatario, ofrecen la impresión de no sentir ni entender la responsabilidad de ejercerlo.

Un Presidente solitario acompañado de muchos observadores apostando a su triunfo o fracaso, como si no fuera su responsabilidad y se sitúan lejos.

Cercanos para disfrutar, distantes para acompañar.

Me preocupa especialmente la decisión de la corte suprema, en el trámite de los antejuicios, aunque si desestiman la acción del Ejecutivo, en coincidencia con la toma de posesión de los congresistas estadunidenses, proveerían una situación más delicada, ya que lo obligaría a promover antejuicios contra los magistrados de la Suprema, con una recusación para que no sigan conociendo.

Tengo fe, que el nuevo Presidente de la suprema, será más sensato en la conducción de esa crisis… ¡Primero Dios!

Puedo entender, que la decisión de relaciones exteriores ofreciendo una opción para dar las visas, no tiene el propósito de hacerlo, si no evitar una acusación por desobediencia antes de que la suprema conozca los antejuicios.

Una legítima acción dilatoria dentro de los formalismos de la ley.

¡Eso creo!

¡Lo malo es que dada nuestra idiosincrasia! ¡El temor y falta de definición de nuestra población aún aterrorizada!

¡Le impide entender de movimientos estratégicos! ¡Les da miedo! ¡Piensan que se está perdiendo! ¡Y se corren para el otro lado!

Especialmente algunos jueces pendientes de una depuración profunda.

Esperaría, Dios mediante, Que el Congreso recobre su dignidad a plenitud y convoque la próxima semana a sesiones extraordinarias y procure derogar el decreto que aprobó el oprobioso y denigrante convenio internacional.

Si tienen el valor de hacerlo, le comentaba en un mensaje, a la imprescindible licenciada Karina de Rottmann, seguramente alcanzarían el número de votos.

¡Se debiera estimular esa decisión en lo posible!

Así las cosas acompañar al Presidente constituye la más alta responsabilidad republicana en esta etapa.

Esto debido a las inconsistencias del gobierno y falta de identidad y definición de gran parte de su equipo.

Estoy esperando el momento, cuando además de los obligados por razón del cargo, podamos ver a otros de sus colaboradores respaldar abiertamente a su líder.

Especialmente aquellos, que sin ninguna vergüenza, empezaron a fugarse.

Por esa razón sólo se puede apelar la defensa de la institucionalidad para acompañarlo.

Nuestro quetzal, reclama un descanso de tanta fatiga frente a la intención de apresarlo.

La rama de la Institucionalidad Democrática es el único sitio que le ofrece reposo.

Es vital que pueda continuar su vuelo en libertad.

El Reloj Constitucional vencerá finalmente al Tiempo de los vende-patrias.


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