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Los Tres Reyes Magos

Emunah

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Hasta el día de hoy, mucha gente alrededor del mundo conmemora esa visita cuando celebra la Navidad.

Desde Sudamérica hasta Asia, pasando por Europa oriental estos visitantes orientales forman parte del pesebre en el nacimiento navideño. Según la tradición, los Reyes Magos son los encargados de dar regalos a los niños el 6 de enero (día de Reyes), tal como ellos, 20 siglos atrás, ofrecieron presentes al recién nacido niño Jesús.

En Guatemala, a diferencia de España u otros países latinoamericanos, esta celebración no tiene mucho auge, y no se acostumbra a obsequiar regalos. En la actualidad, aún se reúnen familias guatemaltecas, en su mayoría de religión católica, a disfrutar de la tradicional rosca de reyes.

Esta tradición consiste en que al partir la rosca, la persona que reciba la porción que contenga la figura del niño Jesús, le corresponde preparar y convidar una comida de tamales y ponche para el Día de Candelaria, 2 de febrero. Asimismo, se finaliza oficialmente la temporada navideña y se retiran las decoraciones en los hogares.

En la tradición los tres Reyes Magos son conocidos como Melchor, Gaspar y Baltazar. Pero ¿Quiénes eran realmente? Mateo es el único Evangelio que hace referencia a estos personajes, más sin embargo no menciona cuantos eran, ni sus nombres. A partir del siglo VI se asumió que eran tres hombres sabios debido a los tres regalos que se ofrecieron, y fue en el siglo IX cuando se les adjudicaron los respectivos nombres.

¿Eran Reyes? Diversas traducciones bíblicas traducen la palabra griega como “magos”, sabios”, “astrólogos”. En tiempos de Jesús esta palabra tenía dos significados: el primero, individuos que practican la magia negra o blanca. El segundo, hombres religiosos y científicos que desempeñaba funciones sacerdotales y se dedicaban a estudiar la astronomía o la astrología y su repercusión en la vida de la humanidad.

Por la descripción de Mateo, los estudiosos consideran a los magos en este último sentido, sabios que se dedicaban a la ciencia de los astros y a la derivación religiosa de ella. Sin embargo, la Biblia no los llama reyes, y The Catholic Encyclopedia dice que: “Ninguno de los Padres de la Iglesia sostuvo que los magos fueran reyes”.

¿Cuándo visitaron a Jesús? Es un error común pensar que los sabios visitaron a Jesús en el establo la noche de su nacimiento. La Biblia dice que llegaron primero a Jerusalén, no a Belén, preguntado “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?” y cuando por fin llegaron a Belén, relata que “al entrar en la casa, vieron al niño, y se postraron ante él para adorarlo”.

Sabemos que los magos eran hombres sabios de “Oriente”, muy probablemente Persia o el actual Irán. Se estima que viajaron por meses y recorrieron unas 900 millas

para ver al niño Jesús. Tras aquella visita, Herodes el Grande -rey de Judea- dio muerte a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, con el fin de acabar con Jesús, lo que indica que la visita de los magos tuvo lugar bastante tiempo después de su nacimiento.

A la luz de las Escrituras, la historia popular de los tres reyes que honraron a Jesús cuando nació no compagina en su totalidad con la Biblia. Prescindiendo de las costumbres locales que se hayan adoptado, el nacimiento de Jesucristo fue un acontecimiento histórico, y hasta la fecha es probablemente el relato más contado universalmente.

El hecho de que estos sabios viajaran una gran distancia para adorarlo y que una multitud de ángeles del cielo alabaran su nacimiento y lo anunciaran como un presagio de “paz en la tierra para los que gozan de su buena voluntad” da testimonio de su gran importancia. Dos mil años más tarde, un tercio de la humanidad afirma seguir a Jesucristo y es reconocido como el Salvador del mundo.

¿Qué reacción provoca este suceso en ti? ¿Una actitud como la de Herodes? Con la determinación de eliminar todo aquello que haga referencia a Jesucristo. ¿O una actitud como la de los Sabios? Quienes peregrinaron por largos meses para buscar a Jesús, siguieron con gozo la guía de Dios, reconocieron el valor de Jesucristo en la humanidad por lo que le dieron regalos costosos, y se humillaron para adorarlo.

La búsqueda de los Sabios del Oriente nos enseña que el amor de Dios no tiene fronteras, y que todos estamos invitados a experimentarlo y compartirlo con los demás. Su ejemplo nos motiva que a pesar de las múltiples ocupaciones de la vida, siempre es bueno buscar a Dios, caminar con la mirada hacia el cielo, persistir ante los obstáculos, y rendir nuestras vidas en adoración a nuestro Salvador. ¡Realmente hombres sabios!


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