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Receta para perder la democracia

La Picota

Puede sonar exagerado, pero los guatemaltecos hemos pasado antes por rompimientos dramáticos del orden constitucional. Parece no importarnos mucho si lo que opinamos tiene consecuencias funestas para el país. A diario, alimentamos el caos con opiniones tergiversadas, muchas veces con la intención de provocar acciones que satisfagan la aspiración de los grupos de presión. Es notoria la falta de escrúpulos de algunos actores para lograr sus objetivos.

La situación política, derivada del enfrentamiento mediático, está fuera de control. Hoy, podemos afirmar que nuestros temores son una realidad. Estamos a punto de perder la democracia por pura negligencia y terquedad.

¿Cómo llegamos allí? Muy fácil. Nos dejamos llevar por los malos consejos, la sinrazón y la precipitación, lo que muy pronto quedará en evidencia. Sumado a esos ingredientes, mezclamos las ideologías, los temores y la hipocresía política; los batimos vigorosamente en las redes sociales, le añadimos una cucharada de noticias falsas y aderezamos con una pizca de malas intenciones. Luego, espolvoreamos corrupción de manera homogénea y dejamos a la masa reposar por un tiempo hasta que se infle. Cuando esté en su punto, sacudimos la masa y la aplastamos uniformemente.

Preparar el platillo de la democracia es sumamente delicado. Separarnos por largo tiempo de la lumbre incrementa el riesgo de echarlo a perder. En caso de sobre cocción, tire la preparación y empiece de nuevo. Si, ya sé. Perderá el dinero y el tiempo invertido. Lamentará no haber puesto más atención al tema.

Los guatemaltecos nos hemos dividido en agua y aceite, una mezcla rotundamente inestable. Para poder entendernos necesitamos un catalizador potente, capaz de ayudarnos a cimentar bases sólidas sobre las cuales edificar una democracia nueva, libre de corrupción.

Por ahora, estamos más interesados en el inicio del ciclo escolar, los nuevos proyectos, el futuro. Pero, ¿Tendremos mañana sin democracia? Tal vez.

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