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¿Te has olvidado de mí?

Emunah

Es difícil, cuando el luto te visita, los problemas se multiplican, los planes no se realizan, las oportunidades se esfuman y el futuro se vuelve incierto. ¿Alguna vez has pensado: “Dios, hoy me siento fatal, todo me ha salido mal últimamente, ¿he tenido muchos problemas y pienso que ya te has olvidado de mí?”

Hay ocasiones muy difíciles en la vida por las cuales todos pasamos, momentos de pruebas y dificultades, en la que acudimos a Dios por ayuda; pero a veces sentimos que no hay respuesta. Las adversidades pueden venir de muchas formas y tan frecuentes que podrían crear una nueva realidad posible de desvanecer aquello que por años hemos atesorado y hemos creído.

En momentos críticos -cuando no vemos salida- la pasión por la vida, por la justicia, y por muchas otras cosas, aún por Dios se empieza a extinguir. Pensamos que Dios no está con nosotros; nos sentimos solos, abandonados y nos volvemos independientes planeando construir un nuevo mundo por sí mismos, o simplemente perdemos las esperanzas y nuestra llama poco a poco se apaga.

No cabe duda de que aquellos que han sufrido mucho en algún momento de sus vidas se han llegado a sentir de esta forma. En los momentos de crisis es cuando realmente afloran nuestros principios y convicciones. En esos momentos es cuando tomamos decisiones basadas en esas convicciones y los compromisos que hemos adquirido.

Si crees que Dios te ha olvidado, no eres la primera persona en sentirlo. La Biblia tiene historias de personas que pensaron lo mismo. Los Israelitas dijeron “¿Por qué te olvidas completamente de nosotros, Y nos abandonas tan largo tiempo?” Que terrible es experimentar esta soledad, y dejar que la misma nos haga olvidar a nuestro creador y sus enseñanzas.

Jesús clavado en la cruz exclamó “¡Padre por qué me has abandonado!” pero a pesar de ello fue fiel a sus convicciones y demostró su amor por toda la humanidad. El enseño que “no vino a la tierra para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Aun sabiendo que moriría, y a pesar de sentirse abandonado, Él decidió sacrificarse por la salvación de la humanidad.

Tres jóvenes en Babilonia, siervos de Dios, se negaron a adorar la estatua del rey Nabucodonosor sabiendo que serían arrojados vivos al horno de fuego. Ellos se mantuvieron firmes a sus convicciones exclamando “el Dios al que servimos puede librarnos del horno y de las manos de su Majestad. Pero, aun si nuestro Dios no lo hace así, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua.”

Job, un hombre que tuvo mucha abundancia, y lo perdió todo, incluyendo familia y salud, en su momento más difícil lo que hizo fue glorificar a Dios. El apóstol Pablo, un hombre que vivió muchas dificultades, arrestado por servir a Dios dijo “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” David exclamó “Aunque ande en valle de sombra de muerte. No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.

En los momentos de crisis es cuando se revela el verdadero corazón, las verdaderas convicciones. Alejarnos de Dios, y edificar un nuevo camino tan sólo nos darán un bienestar fútil y perecedero. El sabio Salomón dijo “Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que al final terminan en muerte.”

Dios no se olvidó, y no se olvidará nunca de nosotros porque somos preciados para Él, y por eso mismo sacrificó a su hijo amado en la cruz del calvario para darnos la salvación eterna. Dios nos ama con amor eterno, y somos como la niña de sus ojos y sus planes son de bienestar y no de calamidad, para darnos un futuro lleno de esperanza.

Que las dificultades de la vida no debiliten nunca nuestra determinación de servir al Dios verdadero. Avivemos nuestra fe, teniendo la plena confianza de que él se interesa por nosotros y es fiel, aunque nosotros seamos desleales. Cualquiera que sea la situación por la que estemos atravesando, Dios prometió nunca abandonarnos. Afirmó estar con nosotros todos los días de nuestra vida, hasta el fin del mundo.

Al permanecer firmes en Él venga lo que venga, podemos triunfar sobre la adversidad. Dios es amor y Jesucristo es el único camino, la única verdad y la única vida. Sólo el camino de Dios realmente da buenos resultados, porque nadie está mejor capacitado para guiarnos que nuestro creador. En vez de pensar que Él nos ha abandonado, preguntémonos ¿sobre qué vamos a edificar nuestra vida: sobre las circunstancias o sobre las enseñanzas de Dios?

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