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Sobre presidentes legítimos y oficiales

Divi Filius

Un país con dos presidentes.   Esto no sucede en África sino en América Latina.  Concretamente Venezuela pero no ha sido este país el caso más reciente con esta crisis política.  La elección presidencial mexicana del año 2006 llevó al país a una crisis política dado que los resultados fueron impugnados por el candidato perdedor (hoy presidente de los Estados Unidos Mexicanos).   Varios meses, México tuvo un presidente oficial, avalado por las urnas y los datos electorales (Felipe Calderón) y un presidente no oficial, pero qué se autodenominaba el presidente legítimo (Andrés Manuel López Obrador.).

Supongamos el siguiente escenario fantástico (es decir, de fantasía) sobre una serie de hechos ya acontecidos.   Comunidad internacional se pronunció sobre la elección mexicana del 2006 aduciendo anormalidades y debilidades en el proceso electoral. Se señala una enorme falta de confianza en el proceso electoral lo que en realidad no está lejos de la realidad dado que en México las instituciones no son autónomas frente al ejecutivo.   AMLO se declara presidente legítimo, conforma un gabinete paralelo y es reconocido por un número determinado de países.  Felipe Calderón asume como el presidente oficial y le respaldan otro número de países.

¿Cuál hubiera sido la salida a esta crisis política?  La misma salida que se sugiere con respecto al caso venezolano:  Convocar a elecciones lo más pronto posible.

El tema de la legitimidad en relación a las magistraturas públicas es muy importante de comprender.  Una cosa es la credibilidad que un presidente o un parlamento puedan tener y lo anterior se refiere a un asunto de percepción ciudadana.   La legitimidad, está dada en relación con el uso de los mecanismos electorales utilizados para ganar la elección y acceder al ´poder´.  Si las elecciones son libres, transparentes, si hay certeza en la autonomía del árbitro electoral y si además existe acompañamiento por parte de comunidad internacional, entonces la certeza en la legitimidad del proceso electoral puede existir. En términos de lo anterior, el proceso electoral que ratificó el mandato de Nicolás Maduro adolece de enormes deficiencias que cuestionan su legitimidad. Primero, al igual que el presidente Jimmy Morales, envió por un cuerno a la comunidad internacional aduciendo interferencia.  Razón por la cual, no hubo observadores internacionales.  Segundo, las modificaciones en los distritos electorales realizadas desde el inicio del chavismo le otorgan ventajas para obtener automáticamente el número de curules disponibles en distritos clave.   Lo último hace, casi imposible hablar que exista la condición de democracia ´competitiva´.  Existe en efecto democracia, hay una expresión popular pero no hay certeza que se compite en igualdad de condiciones.

Ahora bien, todo lo expuesto anteriormente no justifica que alguien se autoproclame presidente interino, por mucho que el descontento y la legitimidad electoral del mandato de Maduro no está en tela de juicio.   Estados Unidos parece que se ´come´ esta salida, pero ¿Aceptaría la clase política estadounidense que el líder de la oposición demócrata desconociera al presidente Trump y se autonombrara ´presidenta interina´?  Razones de sobra hay para rogar que Donald Trump renuncie o sea conducido al impeachment pero acceder a la magistratura presidencial requiere cumplir con las formas establecidas.

Lo de Venezuela no tiene una salida fácil, aunque si clara.  La comunidad Internacional debe impulsar el diálogo, por difícil que este sea.  La propuesta de México y Uruguay es muy útil en dicho sentido.  En la misma línea cómo lo ha expresado la UE,  se necesita convocar a elecciones anticipadas que conlleven la presencia de observadores internacionales.   No se trata de sustituir un presidente sin credibilidad por un presiente auto-nombrado.  Se trata que funcione la democracia y que el chavismo se atreva  a jugar bajo condiciones de democracia competitiva.