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Editado Para La Historia

No existe mejor título para la triste y macabra historia que les quiero contar.

Las historias de Portugal y España están muy mezcladas y la que nos ocupa hoy se desarrolla en la primera mitad del siglo XIV. A la sazón era rey portugués Alfonso IV y su hijo y heredero era el Infante Pedro a quien se le impuso como prometida Constanza Manuel, hija del Duque de Peñafiel y Marqués de Villena de la aún no unificada España.

Amiga y prima hermana de Constanza era Inés de Castro, gallega de nacimiento e hija natural del Señor de Monforte de Lemos y nieto del rey de Castilla Sancho IV el Bravo.

Inés acompañó a Cohimbra, antigua capital de Portugal, en calidad de dama de compañía a su prima y futura reina Constanza, pero Pedro sólo tenía ojos para la hermosa Inés, elegante, hermosa, rubia, de tez de perla. El amor de Pedro era correspondido por Inés.

Constanza, que se daba cuenta, como toda la corte, pidió que Inés fuera la madrina del primer hijo del matrimonio principesco con la esperanza de que este vínculo apaciguaría la pasión entre su prima y su esposo, pero el pequeño Luis murió a los pocos días de nacido, como tanto ocurría en aquella época. Ante el escándalo Alfonso IV destierra a Inés a Castilla, pero sin resultado, porque la relación epistolar seguía entre los dos enamorados.

A la muerte de Constanza años después como consecuencias de parto y viéndose Pedro libre de su matrimonio de circunstancia trae nuevamente a Inés a Portugal. Ya tenían Pedro e Inés 4 hijos y si había boda el hijo legítimo de Pedro, fruto del matrimonio con Constanza, Fernando, se vería alejado del trono y éste no era el plan de su abuelo Alfonso IV que tampoco toleraba la relación extramatrimonial de su hijo.

El amor entre Pedro e Inés era tan intenso que el enamorado se fue a vivir con su familia de la mano izquierda a la Quinta de las Lágrimas en detrimento de las obligaciones propias de su rango. Algunos nobles de la corte veían también con malos ojos el poder creciente de la familia de los Castro, gallegos, y le pidieron al rey resolver el problema de raíz. Tres nobles vinieron a la Quinta de las Lágrimas en momentos en que Pedro andaba de caza el 7 de enero de 1355 siendo asesinada la hermosa Inés de la forma más cruel delante de sus 4 hijos.

Al regresar Pedro de su caza y ver a su amada muerta se declara en guerra contra su padre, la lucha invadió todo el país, con su carga de sangre y fuego, hasta agosto de ese año en que padre e hijo firman una paz que duraría hasta 1357 año en que muere Alfonso IV.

Al ser coronado Pedro como Pedro I de Portugal busca a los confabulados que se habían refugiado en Castilla. Paralelamente anunció que se había casado en secretas nupcias con su amada aún en vida y que legalmente era ella la reina de Portugal. Los conjugados en el asesinato de Inés eran tres: Gonçalves, Cohelo y Pacheco y Pedro I de Portugal se los pide al entonces rey de Castilla, también Pedro I (ambos pasaron a la historia como Pedro I el Cruel). Pacheco logra huir a Aviñón, donde en estos momentos se encontraba el Papado, y el Pedro castellano le entrega al Pedro portugués a Gonçalves y a Cohelo.

Los reos ya en Portugal fueron atrozmente torturados en presencia de Pedro I y al final éste le pidió al verdugo que le sacara los corazones, a uno por el pecho y al otro por la espalda. Pedro I se comió ambos corazones a modo de venganza final.

Acto seguido Inés fue exhumada y sentada en el trono. Esto después de 5 años de muerta. Se le vistió con las ropas ceremoniales para la coronación, se le adornó con las mejores alhajas del Reino, besó su boca ante los ojos atónitos de los cortesanos y por último hizo que TODOS besaran la mano del esqueleto de su reina, como obligaba la tradición portuguesa a la coronación de una nueva reina.

Después la llevaron al monasterio de Alcobaça donde fue depositada en una hermosa tumba de mármol, joya del arte gótico portugués. A la muerte del propio Pedro I diez años más tarde éste fue enterrado en una tumba similar, pero con los pies de él frente a los de ella, con el objetivo de que el día de la resurrección lo primero que pudiera contemplar fuera el rostro de su hermosa esposa Inés.

Esta historia ha sido retomada posteriormente en múltiples obras artísticas: novelas, poesía, música películas.

Mucho ha dado que hablar esta hermosa y triste historia de amor en los pueblos de España y Portugal, la historia de amor de la hermosa gallega Inés de Castro y su amado Pedro I de Portugal.

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