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Ante la confusión y la duda

Emunha

Hay adversidades y crisis que ocurren sin anuncio previo en la vida, las cuales pueden dejarnos frustrados, llenos de dolor y muy confundidos. No es fácil mantenerse firmes en los períodos de confusión, ya que nos llenamos de desconfianza, duda e incertidumbre. Sin embargo, conviene recordar que después de la tormenta siempre llega la calma.

Todos los seres humanos hemos experimentado un lapso de desconcierto. A veces nos hemos sentido confundidos en el amor, en la carrera que debemos estudiar, en nuestras creencias, en nuestra identidad y en el rumbo que le debemos dar a nuestra vida. Por muy planificada que creamos tener nuestra vida, en algún momento aquello que antes teníamos tan claro y seguro puede tambalearse.

Cuando somos confrontados con conflictos inesperados, perder el norte es tan fácil. Los eventos trágicos pueden cambiarnos la vida, y socavar la seguridad y confianza que antes teníamos, y aún hacernos dudar de la existencia de Dios y la veracidad de su Palabra.

Le pasó a Juan el Bautista, quien anunció, bautizó y testificó del Mesías. Su vida giraba alrededor de Dios; sin embargo, al ser encarcelado injustamente visualizó un triste fin que lo lleno de dudas y temores. Su admirable estilo de vida y su poderoso mensaje que traspasaba el corazón de los más indiferentes, entró en conflicto ante la adversidad.

¿Acaso Jesucristo no traería justicia, buenas nuevas a los afligidos, libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros? Pero aún en su incertidumbre recurrió a quien podía darle la respuesta que necesitaba, a Jesús; cuya respuesta le levantó el ánimo, lo llenó de esperanza y lo hizo permanecer firme.

Las crisis pueden producirnos confusión; y para superarlas necesitamos mantener la calma para no perder el enfoque. Si bien es cierto que no podemos controlar los infortunios que ocurren en la vida, no debemos permitir que los mismos nos paralicen, nos lleven a tomar decisiones imprudentes, y afecten nuestra fe en Dios.

Nuestras decisiones pueden verse afectadas ante las adversidades o las múltiples opciones que el mundo nos brinda. Muchas veces nos sabremos que decisión tomar, que camino seguir; pero si escudriñamos la Palabra de Dios, hallaremos consejos sabios sobre cómo sobrellevar situaciones inciertas.

Desde la perspectiva humana, muchas situaciones parecen injustas y el no tener todas las respuestas puede confundirnos. Muchas veces las decepciones, la ingratitud, nuestros errores, los conflictos familiares y otras crisis pueden minar nuestra confianza en Dios. La Biblia promete una vida dichosa para aquellos que confían en Dios.

La fe en Jesucristo es la base esencial para la vida del ser humano. Nos sostiene en los tiempos de crisis, y nos da identidad. Sus promesas nos dan guía y fortaleza, y su Palabra como un barco nos llevan a puerto seguro. Ante los días confusos, no te rindas, no bajes los brazos, porque el Señor, no te abandonará, ni te hará naufragar.

Los héroes de la fe edificaron sus vidas en las promesas de Dios. Por ello mismo, Noé construyó un arca cuando no llovía, Abraham abrazó la esperanza de tener el hijo de la promesa a pesar de su avanzada edad y de que su esposa era estéril, los israelitas cruzaron el mar Rojo en tierra seca, y Gedeón con 300 hombres derrotó un ejército de 135,000 guerreros.

Todos de una manera u otra hemos experimentado confusiones y dudas. Todos somos seres emocionales y la vida no es estática ni estable. La fortaleza, esperanza, vitalidad, y entusiasmo pueden mermar y la única de no desfallecer es confiar en Dios, ya que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.

Pablo dijo: “…estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados, perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos…está leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria…pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:8-18).

Tanto la crisis, como la adversidad puede confundirnos y hacernos dudar, pero si ponemos los ojos en Jesús tendremos una visión más allá de lo que podamos ver. Él abrirá camino donde no lo hay, y calmará las tormentas para que lleguemos a puerto seguro. No importa cuánto cambie la vida, podemos tener esperanza, ya que estamos anclados a un fundamento firme que nunca será removido.

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