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¿Son las elecciones más que simples emociones?

Divi Filius

Las elecciones generales o locales en cualquier parte del mundo no son un proceso que simplemente suceda.  Detrás de ellas hay procesos que pueden parecer profundamente mecánicos pero son fundamentales para que ´las elecciones´ se realicen de forma satisfactoria.  Buena parte de estos procesos son desconocidos para el ciudadano común y corriente, a decir: ´La modernización tecnológica de un Tribunal Supremo Electoral, la adquisición de papel y tintas que reduzcan la posibilidad de fraude, el entrenamiento que reciben los observadores electorales locales etc (entre otros).  Estos procesos casi parecen invisibles pero son determinantes para el buen funcionamiento de una elección.

De igual manera sucede con el desarrollo del mercadeo electoral.  La ciudadanía (el mercado de votantes) toma parte solamente en el acto mecánico de la elección pero ignora, la cantidad de horas y horas puestas para conformar el producto final.  ¿Cuál es el producto final?  Un candidato a cargo público (con o sin experiencia en la gestión pública) transformado en una opción electoral clara, conocible, y además, apetecible.  Todo lo anterior no es un proceso que suceda en un abrir y cerrar de ojos.  Es posible discutir y criticar el hecho que el mercadeo electoral conceptualice hoy en día que un candidato político es lo mismo que una marca de pasta de dientes pero dejando de lado dicha discusión,  el mercadeo electoral juega un rol fundamental: Traducir propuestas políticas específicas en códigos de información accesibles al nivel del consumidos político.  Mientras la democracia de masas y de partidos políticos encuentre otra forma de potenciar la información sobre los que optan a cargos públicos,  el mercadeo político tiene bastante cabida en las sociedades actuales.

La calidad de los códigos comunicacionales, información,  señales es instrumentos que el mercadeo político utiliza son proporcionales a la cultura política del contexto donde se desarrollan.  Si el mercadeo político quieres desprenderse de las prácticas más arcaicas cómo pintar piedras o árboles, o canciones de radio sin ningún sentido,   todo ello dependerá siempre del tipo de cultura política presente.  Si el mercadeo electoral va a utilizar frases inteligentes, necesitará entonces una ciudadanía que pueda comprenderlas.  Pero de una u otra forma, el mercadeo electoral termina siendo fundamental para que el ciudadano común y corriente pueda comenzar a comprender las razones que lo guiarán a la urna.

Y aquí está precisamente el punto de discusión.  ¿De qué trata el mercadeo electoral?  ¿De comunicar emociones o ideas?  Si el mercadeo político se dedica exclusivamente a transferir emociones, la toma de decisiones electorales no será más que una reacción irracional que terminará por afectar el debate político.   Basar las estructura de las campañas sólo en emociones (irracionales) tiene consecuencias muy graves al final.   Ejemplos de los anterior,  Donald Trump y Bolsonaro.  Más allá de campañas que no inspiren,  fueron campañas que produjeron resultados basados en la irracionalidad que se atrevieron a transgredir los límites del discurso ético. Ganar elecciones a cualquier costo no debería ser la regla.  Ganar elecciones respetando las reglas debe de ser la constante y si es posible, al mismo tiempo,  inspirar a la ciudadanía.

Los últimos congresos regionales del mercadeo político plantean precisamente lo anterior, Hacer campañas políticas debe de ahora en adelante,  considerar el  trasfondo del candidato, los aspectos éticos de su plan de gobierno, y  la viabilidad  de las propuestas.    No es posible seguir suponiendo que hacer campañas sea o mismo que vender jabones.  Se trata de inspirar y no,  de producir sociedades divididas, fragmentadas o polarizadas.

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