Home > Columnas > De fábulas y fabuladores

De fábulas y fabuladores

///
Comments are Off

Antropos

La literatura universal tiene grandes escritores de fábulas, desde la Grecia antigua, Francia, España, Alemania, Rusia, y  nuestra Guatemala. De acuerdo a Francisco Albizúrez Palma “la fábula es la narración breve de una acción alegórica para deducir alguna enseñanza moral o filosófica y que sus personajes, por lo general, son seres irracionales, aunque pueden ser hombre y aun objetos inanimados”. Por ejemplo, “el perro representará la lealtad; el león el valor y la fuerza; el cordero la mansedumbre y la debilidad; la paloma la candidez; el tigre la ferocidad; la abeja y la hormiga la laboriosidad; o bien si se trata de flores, la violeta será representativa de la modestia; árboles como el roble, símbolo de la fuerza; el ciprés de la tristeza, etc.”.

O sea, cada autor utiliza animales y cosas para dar a conocer sus ideas y fantasías. Hay una moraleja basada en la reflexión. En Grecia se destacan dos grandes fabulistas: Esopo considerado el mejor de la historia y quien legó entre otras obras: La liebre y la tortuga, La cigarra y el ratón, El lobo y el cordero (fábula en la que muestra que para los que tienen el propósito de hacer daño, no vale ningún argumento justo: similar de lo que sucede hasta hoy en la vida cotidiana: pública y privada); La zorra y el cuervo. Fedro es el otro  que escribió 101 fábulas. Fue esclavo y simuló con esta forma de escribir con sátiras simuladas, las ideas de los esclavos para evitar ser violentados por ellos.

Tomás de Iriarte sobresale en España con El burro flautista, El caballo y la Ardilla, Jean de la Fontaine en Francia: El cura y el muerto, el molinero, el cuervo y la zorra; En Alemania los hermanos Grimm, y sus obras: Blanca Nieves, Siete enanos, Hansel y Gretel, La bella durmiente.

En Guatemala sus creadores  destacados son, Rafael García Goyena quien escribió más de treinta fábulas. Se considera que la fábula “más densa y mejor lograda es: Nuestro sistema de gobierno en el reino animal. Su imaginario consiste en la organización de un reino ideal constituido por animales que se liberan del “déspota del hombre”, liderado por una zorra. Es una analogía con el pensamiento liberal que ansiaba independizarse de España.

El otro es Fray Matías de Córdoba que lega La tentativa del león y el éxito de su empresa, “en esta obra se exalta la inteligencia del hombre y su bondad, la piedad y la nobleza capaz de perdonar ante la desgracia”. Pero tiene también sus imperfecciones como un ser “explotador e ingrato”. Lo dibuja “con sus bondades y sus maldades”.

Augusto Monterroso con el libro: La oveja negra y demás fábulas, que suman cuarenta escritos, de las que destacamos: El conejo y el león, Espejo que no dormía bien, Monólogo del mal, Monólogo el Bien, La cucaracha soñadora, Los cuervos bien creados. Así como otro de sus textos clásicos: Viaje al centro de la fábula.

Los escritores de fábulas tienen un propósito, que es  educar a través de un lenguaje florido y sencillo capaz de ser comprendido por todas las edades. Llevan un mensaje de bien orientado a formar  virtudes humanas. Son escritos pedagógicos, que nos acercan al reino animal y al entorno natural para hacerlos nuestros y cultivar un afecto especial hacia ellos. Son textos virtuosos que desde un imaginario, sensibilizan nuestras vidas.

Contrariamente los fabuladores son “personas que se inventan historias”. De acuerdo al RAE, son aquellos que tienden a inventar cosas y a presentarlas como si fueran reales, de ahí la máxima “nadie les creía porque tenían fama de fabuladores”.

Las fábulas de los fabuladores son mentiras inventadas para dañar a otras personas a diferencia de los fabulistas que ensalzan las virtudes del ser humano a través de lecciones de moralidad. Los fabuladores utilizan un lenguaje mordaz, de escarnio, vilipendioso, de ficciones mentirosas basadas en intereses creados. Sobredimensionan el escándalo sobre la base del “chisme”, “diretes” y buscan dañar el prestigio de la persona con juicios de antivalores llenos de ingratitud.

Los fabuladores dictan las reglas de lo que es lícito e ilícito, lo que es socialmente aceptable o reprobable, determinan lo que es el bien y el mal.  Y se utiliza el poder de la palabra para amedrentar estigmatizando negativamente a las personas.

El secreto de los fabuladores se centra en hacer creíble sus palabras modelando, según ellos, un mundo posible basados en el engaño y el autoengaño. En fin, dice Luis Arroyo, para aclarar las cosas es necesario no sólo enjuiciar “la licitud de la conducta de los personajes de la fábula, sino también  los intereses de los fabuladores”.

TEXTO PARA COLUMNISTA
.
.